domingo, 13 de enero de 2013

Saqueadores de Tumbas


La duda, esa amiga íntima del veneno, se ha maquillado y puesto de largo para entrar en acción, en cuanto han asomado las primeras muestras de que los sueños del enemigo tenían menos de ensoñación de lo que uno sospechaba y afirmaba en los corrillos, quién sabe si para para sacar un poco de pecho entre los colegas y olvidar así lo minúsculos que somos todos.

Va en la naturaleza humana. Somos pobres de espíritu, tanto como para endosar al contrario nuestras propias miserias, de manera que si éste por fortuna resucita de entre los muertos, de esa estantería donde lo pusimos, con la duda en la mano podremos negar cualquier evidencia de vida hasta que no corra y venza en una maratón o no alcance a posar sus pies sobre la luna, logros a todas luces al alcance de cualquiera.

Hace mucho tiempo hablé de lo pernicioso que resulta para un tejido determinado, el nuestro también, por supuesto, que éste dependa del amiguismo y las camarillas. Otras tantas veces he reflexionado en público sobre la imposibilidad de acceder al profesionalismo que tanto anhela la afición como panacea para sus muchos males, mientras no dejemos de mirarnos al ombligo, todos, aficionados y editores, distribuidores y tiendas. Y hoy, veinte días después de haber sacado del cajón nuestro Cliffhanger número 7, el pequeño Saqueadores de Tumbas, siento que toca de nuevo golpear con la aldaba del sentido común —el más escaso de todos, que decía mi difunto padre— la puerta de este nosotros vulgarote que no levanta cabeza porque no queremos, para reclamar siquiera un poquito de por favor.

No es posible ejercer de profesionales con tanta gente como hay que prefiere cobrar en negro por su trabajo (haciendo dejación peligrosa de sus derechos), con tal de sentir que arrima un hombro mal entendido que resulta más perjudicial para el sector que beneficioso. No es posible ser profesional con autores a los que los contratos les importan un pimiento (sic). No es posible parecer profesional cuando las penurias de las tiendas se cargan a los lomos de las editoriales. No es posible hacer de profesional cuando en ciudades completas, se niega tu existencia al aficionado que pregunta por tus productos, a pesar del enorme esfuerzo que supone para una editorial de pequeño tamaño hacer lo imposible por mantenerse viva en la red de redes... No, por mucho que haya quien prefiera no verlo así, no es sencillo ir por la vida de profesional en nuestro mercadillo (nunca mejor aplicado el diminutivo), salvo que tengas un montón de amigos...

Ante tal estado de cosas, cualquiera con dos dedos de frente afirmaría que un mercado con tanta dependencia de las amistades, peligrosas o no, es más amateur que otra cosa, y que por tanto, en buena lógica, cabría pedirle que se mostrase un poco más generoso ante los numerosos problemas que surgen de la propia actividad, que son muchos, repito, porque muchos son sus protagonistas, en vez de utilizarlos una y otra vez para seguir sembrando perniciosas dudas con las que alimentar los corrillos y justificar las lágrimas de cocodrilo.

En este sentido, quiero aprovechar para afirmar rotundamente que durante los próximos días, puesto que el mundo es para nosotros al menos tan imperfecto como para nuestros colegas, corremos el riesgo de abonar el huerto de las dudas, sin querer, por supuesto, en todo caso, bajo el paraguas de una circunstancia que hemos asumido de buen grado como parte de nuestra soldada, pero también quiero decir hoy domingo, que Saqueadores de Tumbas existe, aunque me temo, lo que no hay son ganas de aceptarlo.