miércoles, 4 de enero de 2012

Reediciones y reimpresiones


Ayer nos desayunábamos con la noticia de que Mr. Solomon, a la sazón embajador de los USA en nuestro minúsculo país, se había puesto gallito de pelea con el anterior gobierno por no sacar pa'lante y como fuera, la Ley Sinde esa que ha terminado por acuñar sin cambiar de nombre, el nuevo gobierno que decía que era de mierdecillas hacer lo que otros dictaban, eso sí, cuando estaba en la oposición.

Sabíamos cómo se las gasta el Imperio que va pregonando la democracia allá donde pisan sus soldados e influencias, con tal de vender las toneladas de morralla que produce su industria al día, mientras acierta a dar con la piedra filosofal cada 20 años, más o menos. Conocíamos cómo se muestra de sumiso el estandarte español a la hora de potenciar la creatividad a base de tragar con lo que le echen, y lo que llora, y lo que mama de las ubres estatales y de los paganos de a pie, mientras se rasga las vestiduras públicamente pronosticando infaustos y lóbregos horizontes para la Cultura con mayúsculas.

Estábamos al cabo de la calle de que en su nombre, en nuestra noble España, se están cometiendo las más atroces tropelías con tal de que uno de nuestros grandes acabe pisando la alfombra roja del Teatro Kodak de Holywood y EE.UU. nos llame país amigo. Lo de que nuestros políticos sirven al mismo amo aunque cambien de collar no es nuevo, como tampoco lo es que la cosa cultural hace siempre de hermana pobre en todos los saraos, mientras produce pingües beneficios a los que la enarbolan como justificación de sus negocios, sean estos grandes o pequeños.

Por saber, sabemos de sobra que existen tontos útiles que claman por sus derechos supuestamente avasallados por evitar perder el chiringuito de la playa, señalando con el dedo y como ejemplo, a los muchos que por culpa precisamente de la visión mercantilista de la cultura, yacen en sus arrabales y cunetas...

Estamos asistiendo a cómo el concepto anglosajón de la cultura como valor elitista, se abre paso a machetazos sobre el concepto democrático y universal alumbrado en la Ilustración francesa, el mismo que originó que el Art. 44 de nuestra Constitución sancione el derecho de los ciudadanos españoles a ella. Y está sucediendo porque no contábamos con la presión de los mercados, ni con las servidumbres que originan, ni con que la imposición de tan novedosas perspectivas podían tumbar nuestras aspiraciones de manera tan innoble como sencilla.

Y lo peor de todo es que siguen tratándonos como perfectos idiotas desde las entrañas del asunto, como cuando vas a una librería y te encuentras con un libro de hace años que huele a no haber salido del almacén pero se anuncia como reeditado, o aún a otro que destila el aroma de haber sido devuelto por la distribuidora y la editorial pone de nuevo a la venta como reimpreso, ambos casos sin haber alterado una coma ni haber subsanado una errata ahora que hacer segundas ediciones resulta pan comido y serviría para dignificar la relación del autor con su lector, y desde luego para enaltecer la función del editor más allá de abultar artificialmente las cifras para sacar pecho.

Lo dicho, nos quitan el canon pero nos ponen una tasa democrática que pagaremos todos... para que la cultura no se vaya al carajo. Mientras tanto, los que viven de verdad de la cultura nos seguirán tratando como a críos por aquello de que no espabilemos demasiado y sigamos sirviendo de excusa a su auténtico negocio.

1 comentario:

Deka Black dijo...

Yo diria algo, pero seria una sarta de juramentos tras otra y no quiero faltarte al respeto a ti. A esos que mencionas, se lo perdi hace tiempo.

Por cierto: Si por grande te refeieres a cierto cacho carne, lo diré yo,y es la unica slida de tono que me voy a permitir nunca aqui al comentar: Es un maldito hipócrita cuya carrear espero que se vaya, hablando claro, a la mierda.

Luego me preguntan porque leo pulppues porque es cultura para las masas, para el pueblo, y que pede ser tan evasiva o MUY seria. Ya te pondré un ejemplo cojonudo más adelante ;)