domingo, 8 de enero de 2012

Delaney


Este año había pedido a los Reyes Magos que me permitieran sacar la cabeza para que no me la rompieran, como de costumbre, y los muy jodidos, bajo el árbol de Navidad me dejaron anteayer una foto de Steve McQueen interpretando al americano Delaney en la película Le Mans.

No supe qué pensar, lo admito. De los personajes terminales a los que soy tan aficionado, McQueen es el que más zapatos donde ajustar mis pies me ha dado, y de entre ellos, la figura de Michael Delaney es si duda uno de mis más queridos, por aquello de que en cierto modo retrata a la perfección la tendencia que tengo a fabular con mi vida hasta hacerla migas, para parecer siempre un héroe derrotado por mucho que pille más planos de cámara durante el metraje de la película.

Debe ir en la sangre, si no no me lo explico, como tampoco acierto a entender cómo demonios los tres Magos de Oriente han sido tan canallas de acertar de plano en ofrecerme por regalo una metáfora de mí mismo que cabe en la palma de una mano...

Siendo sincero, habría preferido un poco de carbón incluso del que sirve para hacer fuego, o ya puestos, incluso unos calzoncillos, porque ver a Steve me ha recordado lo breves que somos, y lo peor de todo, que la historia la escriben siempre secundarios de lujo, almas menores a las que las circunstancias impidieron ser grandes, personajes que supieron sobreponerse a su sino para hacer del vagón de cola un mundo acojedor y habitable.

No obstante, he entendido perfectamente el encargo. 

Puede que no gane la carrera más larga del mundo, pero tengo que llevar hasta la meta el 917 que me han entregado. No sé siquiera si seré capaz de conseguirlo, pero a lo mejor, en las últimas vueltas, consigo romper el guión y me pongo primero.

1 comentario:

J-CAR dijo...

Guia de como sobrevivir a un futuro en ruinas.