sábado, 31 de diciembre de 2011

Chewbacca en Los Ángeles


Los mayas eran más listos de lo que creíamos, dieron por terminado su calendario a finales de 2011 porque total pa'qué. Chita, la mona que nos encandiló de pequeños salpimentando de gracias las hazañas bíblicas del rey de los simios, Tarzán, ha fallecido recientemente; Mecano, seña de identidad de la generación a la que pertenezco, amenaza con volver cuando estamos casi todos de vuelta; y el nuevo gobierno se ha puesto hasta las trancas de gomina para parecer más serio que nadie desenfundando sus tijeras de seis tiros como medida excepcional (¡joder con el eufemismo!).

Imagino que en Ferraz se estarán preguntado a estas horas la razón por la cual a nadie se le ocurrió lo de la gomina como panacea ante aquella crisis que no fue tal hasta que nos pasó por encima como una apisonadora cuyos conductores eran, nada más y nada menos, que Merkel y Sarkozy, nuestros tradicionales amigos. De nada servirá, sigo imaginando, que haya quien levantando el dedo insinúe en la sede del PSOE que en esta vida hay que parecer ante todo serio, señalando al otrora yerno de nuestro monarca como ejemplo vivo de lo fácil que resulta hacer cosas feas vistiendo bien y yendo pulcramente peinado...

Me dejo de politiquéos porque lo de Chita era hasta cierto punto comprensible, ya calzaba sus años, pero lo de Mecano me trae a mal andar. Tengo todos los discos del grupo madrileño (alguna debilidad tenía que decorarme, ¿no?), en vinilo, en cassette, en CD, lo que me pone en que he pagado por lo mismo hasta tres veces, como le gusta a la industria que no levanta cabeza por lo que supuestamente robamos los mortales que nacimos en la bien apellidada y nunca suficientemente comprendida sociedad de consumo, vamos, que puedo considerarme incluso un buen ciudadano aunque apenas vaya al cine porque no me gusta pagar el exceso de equipaje y la sobretasa en las palomitas y el botellín de agua mineral, para enfrentarme indefenso a unas películas que la mayoría de veces me aburren.

En fin, hoy se nos acaba el año y se nos abre la puerta de par en par a un mundo desconocido que nos dicen que habremos de disfrutar como si fuese nuevo e inmaculado, aunque huela al mismo moho de siempre y a las mismas trampas en el camino de siempre, así que en previsión de que mi sempiterno optimismo me vuelva a jugar una mala pasada, como tantas y tantas veces me ha ocurrido, este medidodía me pillo un bote de gomina por si las moscas, y me planto bien vestido en Los Ángeles para tomarme las doce uvas con Chewbacca y Deckard mientras resolvemos juntos el peliagudo asunto de si los androides sueñan realmente con ovejas eléctricas.

Os leo dentro de un año, hasta ese momento: sed felices.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Pahá Sápa es mi país, y lo amo


Cinco meses y siete días después, exactamente, me ha dado por jubilar mi viejo A-10 para agenciarme un biplaza y sacar la cabeza tal que un día como hoy, un miserable 28 de diciembre que según cuenta la leyenda cristiana, celebra entre inocentadas la efeméride de los infantes que fueron masacrados por Herodes a falta de una diana adecuada a su furia pagana. 

Me hago viejo y he descubierto hace relativamente poco, unos dos años y medio, que me gusta volar en compañía, mejor dicho, que no sé hacerlo de otra manera; y como ya iba tocando decir a los mayas que se equivocaron cerrando en falso su calendario, ahí que me he puesto la cazadora de cuero y el casco para subirme al Super Hind que me ha traído Olentzero, y elevarme en él para servir de cobertura de chocolate a mi particular Bounded knee, la pequeña editorial por la que a punto he estado de incinerarme en el infierno en más de media docena de ocasiones.

A estas horas, me importa un pimiento lo de desnudarme en público. Borrad lo que escribí en agosto pasado. Nos leemos en dos días.