lunes, 22 de agosto de 2011

¡Hasta la vista!


Estoy un poco cansado de desnudarme en público, y sé que se me nota. El caso es que desde el pasado 7 de abril tenía pensado ir cerrando los escaparates que muestran mis miserias, y a pesar de que no tuve agallas para dinamitar Nürburgring cuando me había marcado que tocaba, el séptimo día del mes de julio, 1000 entradas; ni demasiadas ganas cuando me planteé poner al pairo este diario de un fusil de asalto, siento que me he quedado sin mar que alumbrar, que ha llegado la hora, y que posponer lo inevitable no es sino hacer el supino idiota.

Esta mañana, por azares de la vida, uno de mis cuñados ingenieros me pedía el favor de que le pasara a mp3 un disco de Anne Sofie Von Otter & Elvis Costello que se titula For the Stars. Bien, el tema 13 (¡vaya número!) corresponde a la genial versión que hace la pareja, del homónimo que interpretara Paul McCartney en el álbum Revolver de The Beatles, que se titula, ¡cómo no!, For no one.

¡Para nadie...! Voy a ver si encuentro algo sobre Kimi Raikkonen para salir del paso en Nurbu, pero aquí quiero despedirme de vosotros, al menos de momento, que uno nunca sabe, porque tras una semana repleta de regalos gracias a que he cumplido 52 años, no gano para sorpresas y por ello siento que es ahora o nunca. Toca, siento que toca ir cerrando. Toca ir mirando cómo se quema la linterna, cómo pasa el tiempo desde la playa, cómo el océano se repliega, cómo las cosas pierden su sentido, cómo todo se consume de manera inevitable. Cómo se impone mi cochambrosa vida sobre mis anhelos y mis sueños. Cómo es imposible encontrar más márgenes que los que ofrece la degustación del día a día, su destilación y su atesoramiento apresurado...

No me extiendo. Me queda el sabor dulce de lo vivido aquí (he sido infinitamente feliz, lo juro) porque lo viví con una honestidad que no imaginaba siquiera. Me queda el regusto agridulce de los tropiezos, que también los ha habido. Me queda el sabor amargo de la derrota... Pero, ¿para eso vivimos, no?

¿Quién sabe si volveré pronto o tarde? ¿Quién coño es el listo que sabe nada? En todo caso ¡hasta la vista!

¡Nos vemos!, aquí o en otra vida, ¿qué más da?

lunes, 15 de agosto de 2011

Vuelven las curvas


Amparado por las etiquetas Reflexión y Rol (no sé para qué demonios sirven si nadie las hace caso), rellené hace poco uno de los innumerables huecos que había producido en este blog el desfase horario originado por los problemas de mi viejo ordenador. 

La entrada de marras se titulaba ¿Hace una curva?, y en ella charlaba a mi manera sobre ese cáncer que a mi modo de ver sufrimos los mortales en nuestro humilde transitar por los mundos de Dios, el mismo que nos impide disfrutar de casi nada como no se lleve un máster colgado del cuello, reconocible, vamos, y trataba de arrimar la generalidad de mi exposición (se ve que infructuosamente) al minúsculo marco que acota nuestra común afición por los Juegos de Rol (de aquí la etiqueta Rol bajo el texto), pues he comentado demasiadas veces que soy de la opinión de que nuestro mundillo no es tan diferente a los otros, ni tan ajeno a las dinámicas que afectan a la sociedad en su conjunto, como algunos pretenden hacernos creer.

El caso es que por fortuna reparto mi ocio entre actividades menos cerradas que la nuestra (otro día me despacho a gusto al respecto), y una de ellas, como es sabido, es el seguimiento de la F1, ámbito en el que sí es necesario disponer de la mayor cantidad de mimbres técnicos posibles para poder paladearlo como se merece, porque en él, la máquina es un factor determinante.

Huelga decir que aprendo mucho leyendo o escuchando las contribuciones de gente bien formada y preparada que no tiene reparos en remangarse los pantalones para intentar explicar a los que sabemos poco y queremos conocer más, aspectos muy complicados de la F1 que sí son indispensables y nos hacen falta a todos...

Pero ¡alma de Dios!, en los Juegos de Rol, la parte mecánica ni es tan difícil de manejar ni tiene un peso tan grande como se quiere dar, salvo que la intención al remarcar su extrema importancia estribe precisamente en enfatizar una impostura de tamaño colosal, pues los mismos gurúes que esgrimen desde sus refinados paldares las coño curvas o cualquier otra chorrada para tumbar cualquier producto, suelen atiborrarnos la cabeza con saludables pensamientos enfocados a abrir la afición a la mayor cantidad de público posible.

¿Se puede disfrutar de la literatura, el arte, el cine, los cómics, la F1, los JdR, etcétera, sin tener pajolera idea? Pues sinceramente creo que sí, y espero que no me quemen en plaza pública por decirlo. ¿Conviene mejorar el criterio enfocado a ese disfrute? Desde luego, pero sin que ello suponga un límite artificial para cribar a los buenos aficionados, pata negra, de la molesta y modesta turba que parece no tener derecho a nada, y menos aún, si los gurúes de antes, armados con sus artificios pseudo científicos, suponen una muestra irrelevante de la afición por la que dicen hablar, que además no se moja a la hora de mejorar realmente el cotarro.

Las etiquetas de hoy son Reflexión y Rol. Lo menciono para que quede claro.

jueves, 11 de agosto de 2011

El perro de Pávlov


No acostumbro a martirizarme preguntándome por qué escribo. Nominalmente soy dibujante (ilustrador) y editor, porque así aparezco reseñado en algún epígrafe de esos papeles oficiales que te dicen lo que eres o no eres por si no lo tienes suficientemente claro, que lo tengo, lo juro. Lo de escritor ha sido como una coletilla relativamente reciente, con la que comencé a convivir hace tiempo, mucho a decir verdad, hasta que se ha ido convirtiendo en el quicio sobre el que bascula la mayor parte de la creatividad que desarrollo, si es que se puede tildar así a mi afanoso pasar a limpio las numerosas dudas con las que comparto vida, miserias y alegrías.

Total, que la parte gráfica de mi ser se ha ido relegando a la vez que crecía esta otra...

Como decía al comienzo, no suelo complicarme la existencia haciéndome preguntas que el fondo sé que no tienen contestación, o que de tenerla, no me gustan un pelo, que es el caso, porque soy plenamente consciente de que el dibujo y la edición me han granjeado unos injustos sinsabores que a la larga me han hecho profundamente receloso, y me gusta la naturalidad, ¡qué carajo!, mostrarme como soy, sin pensar en las graves consecuencias que a veces conlleva enseñarse en público en pelota picada.

De aquí nace todo, lo presiento.

Escribir me relaja, me llena y me permite alcanzar un equilibrio que no logro en las otras facetas de mi vida profesional, porque los juicios ajenos sobre lo que escribo me la traen al pairo, me basta y me sobra con que me ayuden a mí y a aquellos que comparten saludablemente lo que cuento.

Tal vez todo consista en que escribiendo me siento más libre que dibujando o editando, o simplemente que al hacerlo tengo más conciencia de mí mismo que de aquello que me rodea. En todo caso, escribir se ha convertido en un refugio que voy necesitando ampliar, porque siento que ha llegado el tiempo de aplicar al dibujo y la edición todo lo que me ha enseñado tejer palabras y frases mientras aprendía este oficio de oído.

Decididamente, renuncio a seguir siendo el perro de Pávlov.

lunes, 8 de agosto de 2011

Quick Nick


Hacía mucho tiempo que no mencionaba la F1 en éste mi otro blog, y aprovechando que he dado por parcialmente terminadas mis pequeñas vacaciones de este año, no he podido resistirme a encabezar la entrada de regreso con la estampa elocuente de un Nick Heidfeld escapando de su coche en llamas, hecho que ocurrió en el pasado G.P. de Hungría.

La imagen es innegablemente potente. Muestra a un hombre huyendo de un peligro, y sin querer, al ver lo que le estaba sucediendo al piloto alemán en Hungaroring, me vino a la cabeza una de las actitudes más señeras de nuestro pequeño ombligo editorial, lugar muy propicio donde correr demasiado para acabar saliendo por patas del tinglado montado y ayudado a incendiar, sin querer, o incluso queriendo.

Yo mismo he sufrido algún lance parecido por pecar de ingenuo y reconozco que no es plato de gusto, de manera que para evitar verme envuelto en similares atolladeros, hace ya una década que me juré prometer lo justo, así cayeran chuzos de punta por ello, se me diera por excesivamente esquivo o se me llamara críptico. No me gustan las torres de marfil ni los enrocamientos, así que asumiendo que lo beneficioso para nuestro sector, de momento, es que los editores y los autores hablen abiertamente con el aficionado, respondiendo a cuantas preguntas haga, bien a título personal o a través de cualquier medio, a mi modo de ver todo pasa por intentar ser lo más honesto que se pueda, y siempre que se pueda, obviamente, porque si no se puede ser honesto, lo mejor es callar.

Así las cosas, para ver por dónde van mis tiros, acostumbro a hacerme la prueba del algodón de cuando en cuando, leyendo o escuchando lo que dije o dejé escrito en el pasado. Viejos correos, viejas entradas de blog, viejas colaboraciones, viejas entrevistas, etcétera, me sirven para valorar si he sido capaz de ser sincero conmigo mismo y por supuesto con mis interlocutores, independientemente de que se me entendiera del todo o no, o si por el contrario, he tirado por el camino fácil como otros.

En este sentido, me gusta especialmente revisar el material recopilado por Omar (Avatar) en El Opinómetro, a base de entrevistarme y entrevistar a otros colegas, porque además de verme en crudo, veo en crudo también a los demás, lo que en el fondo supone un lujo impagable, ya que lo escrito, escrito está, y además sin traducciones.

No me enrollo, hoy no, no toca. Mencionaba al comienzo a Nick Heidfeld escapando de su coche en llamas haciendo honor a su apodo (Quick Nick), y tengo que decir con cierto orgullo que de momento nada indica que este pobre editor tenga que salir del cockpit de su coche por la vía rápida. Ludotecnia, nuestra editorial, sigue siendo la rarita del mercado, para lo bueno y para lo malo, para qué negarlo a estas alturas, pero todavía tiene aguante para seguir cumpliendo las pocas promesas que hago, durante un buen trecho y con pie firme.