miércoles, 20 de julio de 2011

¿Quién era el pirata?


Vivo en los bajos de la torre de Babel, cuestión que me ha llevado a recelar de aquellos que en nombre de la industria, la que sea, manosean el derecho de los autores, el mío entre ellos, para justificar el derecho al beneficio de los que trabajan la cultura como podrían andar haciendo chorizos o longanizas.

Por todo esto me hizo gracia ver a Caco Senante solicitar en televisión, que se respetase el derecho a la inocencia de uno de los tipos que ha promovido que a los españoles se nos considere, preventivamente, culpables de no sé qué delitos.

Lo de menos es que el ardid se pase por el forro de los aquellos desde la Constitución hasta la propia Ley de Propiedad Intelectual —nos reconocen algunos derechos que son constantemente vulnerados, que no se nos olvide—, lo grave es que en nombre de la cultura, de su supervivencia presente y futura, dicen, se está terminando literalmente con ella.

Sin embargo, no quiero hacer sangre con el trompetista de Los Canarios, el Sr. Bautista, ni con la sociedad que presidía hasta hace nada, ni siquiera con sus modos y maneras, sino señalar con el dedo que algo muy grave está sucediendo con lo que nos rodea, cuando sigue siendo casi imposible conseguir legalmente según que títulos de libros, según qué volúmenes de música, según qué películas, etcétera, porque no resultan rentables a la misma industria que ha jaleado bodrios como la Ley Sinde, por la cual nuestro país se convierte en tierra abonada para la colonización de la Gran Industria, a cambio de unos cuantos Oscar y alguna miseria más, mientras el canon digital ha producido tantos beneficios como para crear una red de negocio paralela a la SGAE.

Si a esto sumamos el enorme patrimonio acumulado de un tiempo a esta parte por la Sociedad General de Autores y Editores, las piezas dejan de encajar salvo que medie una demoledora sobreexplotación de un derecho totalmente respetable, el de los autores, que se ha convertido en una mina de oro a cuenta del desamparo legal en que se mueve actualmente el consumidor, quien ha quedado a merded de los tiburones que ganaban más por lo que supuestamente perdían, que por lo que realmente vendían.

Llegados a este punto, sólo me queda preguntar quién hacía de pirata en esta película... Sí, ya lo sé: es pura retórica.

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