viernes, 15 de julio de 2011

El pequeño Zazpi


El rumor como de rocas resbalando por una ladera no era otra cosa que el ruido que producían sus escamas del vientre y el lomo al rozar unas con otras. Su color era como el del fuego y no tenía patas.

La tripa abultada era blanquecina y verde. El chiquillo la pudo ver muy bien cuando la serpiente descendió pasando a pocos metros de las velas tostadas del bote, para ascender al poco acariciando broncamente las ramas de los árboles que circundaban el claro que trataban de abandonar Oiarbide y él. Arriba, otra vez lejos de sus miradas, comenzó el combate.

Gris de Payne era grande, mediría lo que Zazpi, y con las alas extendidas tres veces Zazpi, pero parecía diminuto frente al enorme cuerpo de la serpiente. Ella le encontró primero y trató de enroscarse en sus alas para derribarlo. El búho luchó abriendo el pico y presentando sus garras, lanzando chillidos y perdiendo un montón de plumas. Todo parecía inútil.

Tras un breve forcejeo la serpiente lo alcanzó y comenzó a estrujarlo mientras avanzaba su boca para morderlo. Gris de Payne respondía con picotazos en el morro de la bestia.

Bajo la tupida capa de hojas que ofrecía el bosque sólo se oían los terribles chillidos del búho y el tremendo rumor como de rocas resbalando por una ladera. En ese momento José miró a Zazpi y le dijo:

—¡No podemos abandonarlo!

Zazpi era de la misma opinión, pero nada se le ocurría para impedirlo.

—¡Coge la caña de nuevo, grumete, que si luchas como antes a buen seguro que acabamos con ella!

Zazpi agarró el timón mientras el bravo navegante aferraba la pistola con el mismo aire de pirata que tenían sus palabras. La barca giró en redondo, elevándose. Los tenían muy cerca, la cola de Herensuge a tres metros bajo la quilla. José disparó sobre la coraza de escamas de Herensuge. Un fogonazo multicolor estalló sobre el lomo de la serpiente sin herirla. Con su único y encendido ojo siniestro, miró vengativamente al anciano olvidándose por un momento del maltrecho búho.

Sin darle importancia, giró la cola y golpeó al viejo piloto sacándolo de la barca. El cuerpo de José voló por el lado de estribor para caer sobre los árboles que gritaban:

—¡Cuidado, cuidado!

El viejo José caía arrastrando hojas y ramas. Su cuerpo quedó inmóvil, bastante abajo, y Zazpi temió lo peor, pero no había tiempo que perder; enfiló la proa de la chalupa y arremetió contra la panza de Herensuge. La serpiente abrió su enorme bocaza y lanzó al aire una bocanada ruidosa de gases horripilantes. Gris de Payne, malherido, aprovechó para escapar. Momentos después giró sobre sí mismo para recoger a Zazpi por la camiseta que le había puesto la amatxu, mientras el María Luisa 2ª desaparecía convertido en mil pedazos por la furia de Herensuge, que ahora utilizaba su cola como un enorme látigo.

—¡A la torre!

Gris de Payne, con Zazpi en sus garras, volaba como podía, buscando el abrigo de la vieja construcción que descansaba en el interior de las nieblas del Akaitz, jaleados por los árboles que ahora decían:

—¡A la torre, a la torre!

Una destartalada construcción de piedra apareció ante los asombrados ojos de Zazpi tras el corto viaje a través de la niebla. No era muy alta y se encontraba semiderruida, dejando al descubierto parte de la estructura de madera que la sostenía. Gris de Payne conocía el camino, aquél era su hogar, allí tenía su nido. El nido del búho era tan solo un hueco entre las piedras y las vigas, en la pared Norte. Allí se ocultaron.


Fragmento de Baleen Haranean (Zazpi y Zazpi, en el original en castellano), editado por Desclée de Brouwer en 1999. Mi primer libro infantil publicado.

2 comentarios:

csm dijo...

Jooooooo ! ¡ Qué bonito!!!
Un besote

Jose Tellaetxe Isusi [AK-47] dijo...

Buenos días.

Concha ;) Tuviste la oportunidad de leerlo en su versión original de hace 12 años, hoy tengo que decir que los estoy pasando a limpio, puliendo... Seguro que te lo paso en cuanto termine para ver cómo ha quedado ;)

Un besote especial y enorme ;)

Jose