sábado, 25 de junio de 2011

Yo también quiero


Envidio a los tipos que tienen un estilo definido. Lo he insinuado algunas veces y me temo que no queda más remedio que rozar el asunto de nuevo: sigo explorando gráficamente porque me gusta ese camino. Lo malo es que desde esta perspectiva tan amplia, mi trabajo vale lo mismo para un roto que para un descosido. Lo bueno de los que tienen un estilo reconocible, es precisamente eso, que valen para un roto o para un descosido (nótese la «o», por favor), nunca para las dos cosas a la vez.

Otro día me distraigo hablando de las bondades del camino que he elegido, que las tiene, obviamente, pero permitidme hoy que me despache a gusto sobre la envidia sana como motor de la creatividad, al menos de la mía.

Aquí arriba tenemos una magnífica ilustración del artista británico afincado en Canadá, Ray Caesar. Modela sus creaciones a partir de un diseño en 3D barnizado con texturas aparentemente almibaradas, que se apastelan gracias a un soberbio manejo de la luz. Cualquiera diría que resultaría posible asimilar su estilo. Pero no es así.

El tratamiento nunca es el resultado, aunque tenga mucho que ver con él. Caesar lo sabe y por ello trabaja sobre un esquema de aparente fácil lectura, porque mientras por un lado nos ofrece composiciones que destilan una nítida sexualidad que las impregna sin contemplaciones, el lenguaje que utiliza se acerca peligrosamente al de la narrativa gráfica infantil más tradicional, el de los álbumes ilustrados de toda la vida, vamos, de manera que conjugando intencionalidad y recursos, la obra de Ray suspende al espectador en una duda profundamente turbadora, anegando sus sentidos con complejas referencias duales que atienden a la vez a lo permitido y a lo prohibido.

Hay que ser muy bueno para hacer lo que hace el londinense, y a gente como yo sólo nos queda decir aquello de yo también quiero...

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