domingo, 19 de junio de 2011

Bastones blancos


Mi viejo compañero ha claudicado definitivamente. Ayer por la tarde todo parecía ir bien. Respondió correctamente a los chequeos y nada hacía presagiar la lentitud con la que ha despertado esta mañana. Nada que hacer. Tras forcejear inútilmente contra un mundo que ni entiendo ni gobierno, yo también decidía bajar los brazos, dándome por vencido, yéndome para casa con la sensación de que los tiempos han cambiado demasiado para un tipo como yo, que se alumbró en esto casi ayudado por un marcapasos, sobre un LC de segunda mano comprado a un amigo (¡Pepelu, un abrazo si lees esto!), y estrenado bajo la supervisión de J&F y la ayuda de Igor y Carlos.

Tengo en la retina el viejo Classic en cuyas entrañas comenzó todo, y delante el pequeño IMac de casa. Los años van pasando. Sigo abonado a la manzana como los desertores de las bonanzas de Fidel Castro se aferran a las balsas que les llevarán al paraíso. 

Apple y siempre Apple. Mi vida reciente podría ser visualizada observando los modelos más baratos de la gama de la empresa que prometió romper con las cadenas de Microsoft para agarrarnos por los cogieron. No es una cuestión de pelas, entendedme. Para las cuatro cosas que hago en un Mac, con los más baratos tengo y me basta, así que aprovecho la coyuntura para seguir asido al vagón de cola de la tecnología sin que mi saldo se resquebraje, que mañana se resquebrajará, seguro, porque toca sustituir al anciano God HD y no quedan más alternativas si pretendo seguir prosperando.

¿Y por qué? ¿En qué momento se jodió todo?

Antes bastaba con saber dibujar o con conocer los rudimentos necesarios para que otros hicieran el trabajo de componer libros. Recuerdo las galeradas infinitas. Metros y metros de texto que te traían de la fotocomposición y que había que corregir y devolver para que ésta se los pasase a la fotomecánica. Allí un tipo los cortaba y pegaba dejando espacio para las imágenes, pero no virtualmente, como ahora, sino físicamente, previamente convertidos en película, sobre acetatos... El libro se hacía como las casas, desde los cimientos hasta el tejado... Los dibujos llegaban siempre los últimos, ajustados a las indicaciones que daban tipos como yo.

Por edad llegué tarde a la etapa de la tipografía clásica. Aquello sí que era labor de chinos.

Por edad me ha tocado hacer de fotocomposición, de fotomecánica y de preimpresión, ayudando ingenuamente a desmantelar un sector que daba pan a mucha gente, que se fue al paro engullida por una maquinaria que ya la estaba dejando de lado mientras la manufactura de un libro se popularizaba y convertía en cosa casi de niños.

¿Hemos mejorado realmente? Sinceramente siento que hemos perdido mucho, demasiado. Mañana, por ejemplo, tengo la imperiosa necesidad de comprarme un bastón blanco que me ayude a transitar por donde podía y sabía con un lápiz bien afilado, una plumilla o un pincel, y un humilde tipómetro. Sé que juego en desventaja, pero es lo que toca.

2 comentarios:

alberto_orco dijo...

Renovarse o morir, asín de triste es la vida.

Animo apañero!!!!!!!!!!!

Armitage15 dijo...

lloraremos su perdida. nos ha acompaña durante años. Pero el mago eres tu, no el equipo, no lo olvides. No has perdido, sino que has encontrado nuevos caminos, por que se de primera mano que no has perdido nunca tu toque.