miércoles, 4 de mayo de 2011

Azul 13:21


Desde que tengo uso de razón recuerdo haber tenido una máquina de fotos en las manos, por ello, tal vez, he sentido siempre por la fotografía un respeto reverencial, casi mágico, que me ha llevado a rodearme de grandes amigos a los que admiro, pues son mejores que yo en aquello de congelar el tiempo y el espacio en un fragmento imborrable.

Tengo delante el grueso volúmen del cual he tomado prestada la magnífica fotografía de Anders Petersen que abre esta entrada. Corresponde a la publicación que realizó en 2009 La Fábrica Editorial sobre la exposición «Años 70, Fotografía y vida cotidiana», un monumental catálogo de afanes,  derrotas y victorias, encuentros y pérdidas, tristezas y alegrías, que quedaron atrapadas por los ojos que supieron discernir a través de un objetivo la profunda poesía que reside en el día a día, en la década, precisamente, en la que yo me abría paso desde la infancia hasta la adolescencia pensando ya en comerme el mundo manteniendo intacta mi dentadura, soñando ilusamente que el mañana me protegería de todo daño.

Curiosamente, mi enorme memoria me ha jugado una mala pasada en esta disciplina en la que para ser sincero nunca me he demostrado malo, pero en la que desgraciadamente no he abundado. De manera que a pesar de contar con una extensa colección de instantáneas relativas a mi vida, y a pesar de los recuerdos vívidos que atesoro, siento la ausencia de las más importantes, aquellas que deberían haber retratado los jalones que me han llevado con pie seguro a través de la niebla.

Dejémoslo en que soy un completo desastre en esto como en otro montón de cosas, por fiar demasiado a que el futuro será condescendiente conmigo y me dará oportunidad de resarcirme del inevitable paso del tiempo, y en que a falta de certificaciones propias, me entretengo descifrando las que supieron certificar otros, como un ciego palpa la superficie de una cara intentando desvelar sus secretos para hacerlos suyos.

2 comentarios:

csm dijo...

Pues si por algo me gusta ver exposiciones de fotografía es, precisamente, por la envidia sana que me produce ver cómo otros captan instantes mágicos, o trágicos, o únicos ...[esdrújulos XDD]que yo soy incapaz de guardar en otro sitio que no sea mi retina o mi recuerdo.
Todo un arte y un gustazo ser espectador.
Un besote

Jose Tellaetxe Isusi [AK-47] dijo...

Buenas noches, Concha ;)

Me ha vuelto el gusanillo de llevar la cámara colgada al cuello :P Sacar fotos es una actividad muy gratificante, y antes, que después de la foto venía el revelado y el paso a papel en la cocina o el cuarto de baño totalmente sellados y con luz de puticlú (¡¡¡¡roja!!!! XDDDDDD), tenía incluso liturgia propia, lo que la hacía aún más interesante ;)

Un besote

Jose