miércoles, 27 de abril de 2011

Traducido a «niños»


Tengo la fea costumbre de rechazar las versiones abreviadas o adaptadas, aquellas que abundan en los textos consagrados convirtiéndolos en papilla, así como esas incursiones artificiales de  autores supuestamente adultos en el mundo de los niños. Ambas modalidades de delito cultural me parecen aberraciones que delatan lo poco que interesan los críos a muchos editores, lo importantes que son para estos últimos los padres y educadores, y en definitiva lo poco que pesamos los que hemos tenido o tenemos la fortuna de volvernos criaturas que cuentan por escrito a otras criaturas lo que sentimos, vivimos o imaginamos.

Sin embargo, tengo que reconocer que como en todo hay excepciones.

Veréis, dispongo en mi abultada biblioteca de cuatro fragmentos encuadernados de un magnífico trabajo que realizó la editorial catalana La Galera, allá como en 2006, ante los cuales me quito el sombrero cada vez que reparo en ellos y no puedo evitar la necesidad imperiosa de sostenerlos en las manos, porque son un alarde de inteligencia y finura, ya que el peso del libro no recae en los escritores llamados a sintetizar el texto original —dicho sea con todos mis respetos—, sino en los ilustradores que los han iluminado con sus estampas, a la postre, los únicos capaces de trasladar el contexto y la magia del manantial auténtico sin necesidad de recurrir a recortes o apaños, en un lenguaje universal que entienden en versión sin subtítulos incluso los niños.

La muestra que os acerco hoy corresponde al siempre grande Tha en su particular visión del Drácula de Bram Stoker, a cuyas ilustraciones acompañan los textos elaborados para la ocasión por Jaume Cela.

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