2005 me supuso un año de extravíos personales y de tránsitos hacia Dios sabe qué sitios. A comienzos del siguiente decidí dejar de vagar sin rumbo tratando de tocar de nuevo el suelo. Así, empecé una serie de dibujos que estoy a punto de terminar, más por empeño que por necesidad, que retrataban la reposada quietud de mis zapatos y los que encontraba por casa. A pesar de su inmaculada sencillez les debo mucho.



6 comentarios:
Me has recordado lo gratificante que fue tener un lápiz a mano e intentar, simplemente, captar las arrugas de la piel de un querido y traqueteado bolso.
Aunque suene manido, dejarse "fluir" hace que sintamos la paz más cerca, por eso te envidio...
Seguro que yo también les debo mucho a esos sencillos zapatos.
Por ahora, un beso en la distancia, C.
Jose, no dejas de sorprenderme y siempre para bien. Leerte es un lujo asiático y que nos permitas acercarnos a estos pasajes de tu historia personal ¡uf!
¡Son magníficos!
Me sumo a lo que ha dicho Felipe Reyes y me alegro de que estés en racha. Las tres últimas entradas son la bomba, maestro.
Buenas tardes.
Vaya por delante que no me imaginaba que tres pares de zapatos iban a dar para tanto de qué hablar XDDDDDD
Cata ;) El dibujar sin prisas ni responsablididades es lo que tiene XDDDDDDD
Felipe ;) Como digo siempre, el lujo es saber que aunque no contestéis paladeáis los pintxos que os sirvo XDDDDD Como en los bares y restaurantes de por aquí arriba, el lujo es saber que hay quien está esperando a ver qué sale de la cocina XDDDDDDD
Max ;) Pues me reitero, campeón XDDDDDD
Un abrazote
Jose
Sí, aunque no te contestemos, sabes de sobra que paladeamos con gusto, y religiosamente, estos "delicatessen".
Zapatos. No de un escaparate. Zapatos que han tenido vida antes de captarlos ahí, parados, reposando de su cotidiana "singladura" XDD. Zapatos que dejan huella cuando marchan.
Siempre me resultas inquietante.
Un besote
Tengo pendiente un viaje a Zamudio, Jose. Si me sale me gustaría invitarte a un vino porque ¿no queda lejos de Bilbao, no?
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