sábado, 19 de febrero de 2011

Sanctum


Llevo trabajando en esto de la ilustración desde que casi vine al mundo, y aunque por avatares de la vida no enseñe mucho de las labores diarias que ocupan mis últimos tiempos, sin que se me tome por vanidad superflua, puedo decir bien alto que hay quien dice que soy la leche de bueno y que cuando me dejan acostumbro a demostrarlo.

Entendedme, con esto que he dicho y con lo que voy a soltar a partir de ahora no trato de quitar ni poner nada a las críticas negativas, sobre su pertinencia e idoneidad, básicamente, que ha recibido mi portada para ¡Gañanes!, porque entiendo que para gustos son los colores, porque por principio respeto cualquier opinión aunque no la comparta, y porque, lo más importante, he aprendido a sobrellevar cualquier andanada, sea amiga o enemiga, como quien oye llover.

Comento todo esto porque en el fondo del debate originado (¿he dicho debate?) está en juego un valor que sigue pasando desapercibido entre tanto ruido como el que se ha montado, y por el que he luchado demasiado, como muchos de mis compañeros de profesión, y que trata ni más ni menos que sobre el concepto de autoría, sobre el derecho que tienen los autores gráficos a ser considerados en igualdad de condiciones que los literarios cuando intervienen junto a estos últimos.

Os cuento, cuando Omar (Avatar para los amigos) decidió entrar en el juego de Cliffhanger como proyecto editorial, me puso una única condición: todos los autores de Cliffhanger gozarían de total libertad e independencia, como ocurre en lo mejorcito del mundo del libro.

Dicho y hecho, fundamentalmente porque como editor entiendo perfectamente la necesidad que puede sentir un coordinador de garantizar que los autores de su línea trabajen con absoluta libertad, porque esa actitud dignificará inevitablemente los contenidos y por tanto dará mayor calidad al resultado final, y obviamente, porque como autor gráfico agradezco que haya quien se tome la molestia de considerar mi contribución a la elaboración de un libro, o la de mis compañeros de armas para idéntico fin, en la medida de respeto que siempre he anhelado en otros ámbitos. Así que sí, acepté el reto sin mayores miramientos porque todos salíamos ganando.

Dicho esto, los otros autores de Cliffhanger, entre los que me incluyo, han interpretado los textos que les han sido pasados con el máximo respeto a los escritores que los han parido, obvio de narices, pero en este caso ejerciendo sus atribuciones como albaceas de un contenido susceptible de ser expandido, redundado, concretado, magnificado o aún reducido a astillas... ejerciendo, en una palabra, su propia libertad con absoluta responsabilidad. Y es en este sentido que me sorprende que haya quien como consumidor se sienta agredido, ultrajado, ofendido, o incluso timado, por lo que no es otra cosa que una manera más de acercarse a un libro desde un concepto tan básico como la interpretación de su contenido.

Por suerte soy de los que escriben y por tanto de los que ya lo dejaron escrito. El ilustrador no es una herramienta al servicio de, sino una escritor que escribe de otra manera, con dibujos. Lo comenté hace tiempo acerca de las ideas que tenía Pedro J. Ramos sobre la función del ilustrador en la confección de un Juego de Rol, y lo repito ahora que viene al pelo: el que hace los dibujos de un libro es tan autor como el otro y por tanto debería ser tan libre como él.

Errado o acertado, el que hace las viñetas es un tipo genuino que se ha tomado su trabajo para interpretar a su manera el juego, y debería ser respetado por ello. Avatar llevaba razón, como la tiene José Muñoz (Tirano), al argumentar que no podemos valorar un libro por lo buena o mala que resulta su portada, sino por su contenido, y si éste es el quid de la cuestión, como parece, aceptemos pues que estamos hablando de autores y de interpretaciones honestas, y no desbarremos aludiendo a dictados comerciales de difícil justificación, entre otras cosas porque ¡Gañanes! va a poder ser ojeado en la tienda antes de ser comprado. 

Seamos un poco más equilibrados, y si hay que admitir algo, admitamos primero que el promotor de Cliffhanger, Omar, ha tenido en cuenta que existe una pluralidad de autores que merecen ser reconocidos como tales, y que está actuando con una enorme coherencia en lo que llevamos recorrido, de manera que Cliffhanger va a resultar diferente a lo que hay en el mercado incluso en esto. Y segundo, que lo que está sucediendo ahora mismo a cuenta de las reflexiones y críticas surgidas alrededor de una miserable portada, supone a su vez un nuevo hito de surrealismo como los que acostumbra a regalarnos de cuando en cuando nuestro mercadillo lleno de entendidos.

6 comentarios:

Avatar dijo...

La verdad, no busco el reconocimiento de nadie en este "mercadillo", gremio o comoquiera que pueda considerarse. Y si llega, espero que sea cuando yo haya dejado este mundo :p. Tal como están las cosas, me preocuparía mucho que mis coetáneos y coaficionados me reconociesen nada...

A lo mejor si me mudo a Valencia... No, mejor no.

Jose Tellaetxe Isusi [AK-47] dijo...

Buenos días.

Avatar ;) Una cosa es que no busques nada y otra, que puestos a negar se niegue lo que lleva días saltando a la vista: que los autores de Cliffhanger están encantados, desde los escritores a los ilustradores y portadistas, porque se sienten profundamente respetados.

Un abrazote, hermano ;)

Jose

alberto_orco dijo...

Primero, secundar lo que dice Jose.

Segundo, extenderlo a él mismo.

Es un placer haber compartido tanto con dos artistas como vosotros.

Tercero, leerle la cuenta a Jose. Meter la portada de Gañanes y la palabra miserable en la misma frase es pura y dura heregía.

No digo más.

Delfos dijo...

Fíjate, yo no diría tanto respetado (cosa que se supone en cualquier trato PERSONAL, aunque no siempre se de), sino totalmente apoyado por las gentes de Ludotecnia. Tanto que ha llegado un punto en el que en vez de ser un tripulante del barco te acabas sintiendo parte intrínseca del barco.

Como diría el Gañán de la portada de ¡Gañanes! (o cualquier otro del interior del libro): No digo ná y te lo digo tó

csm dijo...

¡Desde luego!, es una pena, pero ser coherente, hoy día, parece surrealista.
Me alegro que esas "tendencias" arropen tu casa.
Un besote y seguid así, que somos muchos los creyentes.

Avatar dijo...

Señor Delfos, es un honor poder vadear esta ciénaga con usted y los demás miembros de la tripulación ;)