sábado, 27 de noviembre de 2010

El temible burlón

El noble arte de nadar y guardar la ropa es demasiado antiguo como para dedicarle unas líneas con la intención de aportar algo nuevo. No ocurre lo mismo con el arte de respirar bajo el agua, tan noble y viejo como el otro, pero mucho menos trillado.

Ya lo hemos olvidado, seguro, pero este bullicio virtual en que no movemos a diario apenas existía hace un puñado de años. Yo agradezco el actual panorama, qué queréis que os diga, tanto que me he permitido asumir el papel de narrador de mis propias historias en unos cuantos lugares, pero lo cierto es que nuestro mundillo ha adolecido siempre de una lamentable carencia de cauces de comunicación, auténticamente solventes e independientes, que permitieran el natural trasvase de información entre aficionados y editoriales que ayuda en la actualidad a que otros sectores crezcan como la espuma de una cerveza bien servida. [Leer más]

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Lo mejor de mí mismo


El dibujo que abre esta entrada corresponde a una copia en papel de un pequeño fotolito que pertenecía a mi padre, de cuando él y otros muchos dibujantes de Bilbao luchaban codo con codo por dignificar su profesión, allá como a mediados de los 70 del siglo pasado.

La última vez que lo sostuve en las manos, el fotolito mostraba el típico tono anacarado intenso de aquellos elementos transparentes que más tarde se convertirían en finas láminas para luego desaparecer. Lo deposité en las suyas, huesudas pero aún hábiles como pocas, para perderlo definitivamente de vista. Seguramente alguno de sus buenos amigos lo habrá dejado en herencia a un nieto o a una nieta, a un Jon o a una Triana, con el recado de que lo cuiden como un tesoro porque era de Julián…

Sí, era de Julián, mi padre, y aunque recuerdo perfectamente que me lo dio para que me cuidara de los clientes, el peor enemigo, supe de sobra que seguiría siendo suyo porque para Tatito (así me llamaba) siempre había un mañana abierto a la promesa de cualquier otro recuerdo infinitamente más grande y profundo. ¡Jodido Julianchu!

No divago más, que me conozco. Rescatada la única copia que tengo de aquella verdad escrita, la traigo hoy a colación porque con esto de los diseños de la colección Cliffhanger han surgido algunos pequeños debates acerca de su acierto o desacierto, en público y en privado, y afirmando tajantemente que agradezco siempre y en lo que vale cualquier aporte, por rocambolesco que parezca, quiero explicar también que lo impermeable que suelo mostrame ante cualquier sugerencia no corresponde a un exceso de soberbia o testarudez, que también podría ser, para qué vamos a engañarnos, sino a una postura ante mi trabajo que se ha ido macerando gracias a que pertenezco a una generación de diseñadores que fuimos plenamente conscientes de que el autor es la primera y la última frontera a la hora de defender su obra.

Bien mirado, como me gusta hacerlo, es una sencilla cuestión de responsabilidad que muy poca gente llega a comprender en su justa dimensión, pero entendedme, si el diseñador alberga dudas, el cliente no hará sino ampliarlas. Si el primero presenta dos opciones, demostrará que no sabe cuál es la buena. Y si está abierto a aceptar alternativas… simplemente la estará cagando.

Soy duro de roer en esto porque me tomo mis proyectos completamente en serio.

Puede que no acierte o que lo haga por simple carambola o conjunción de astros, pero si pergeño un garañón en el que creo, difícil será apearme de la burra porque detrás de cada una de mis decisiones hay muchas horas buscando la mejor solución a mis propias dudas. Y si por fin las resuelvo y paso las conclusiones a limpio y las presento en público y las firmo, es sencillamente porque puedo defenderlas con uñas y dientes en cualquiera de sus minúsculos aspectos.

Ése y no otro ha sido el mejor y mayor legado que me dejó mi padre: el pundonor de aceptar que aun a riesgo de equivocarse, se puede luchar por ofrecer lo mejor de uno mismo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Arte u oficio

Acabamos de resolver (de mutuo acuerdo) el contrato que facultaba a un grupo de aficionados para desarrollar la tercera edición de Ragnarok, una vez que su proyecto editorial no tenía visos de continuidad —tranquilos, desde mediados de junio estamos negociando, a buen ritmo y con buenas perspectivas, para que el año que viene tengamos por fin la tan ansiada tercera edición—...

La situación no es nueva, ya en 2001, como imagino sabréis, pactamos la tercera edición de Mutantes en la Sombra con Edge y Astiberri. Desde noviembre del mismo año, Edge, en solitario, es la encargada de llevar adelante el proyecto. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 20 de Julio de 2003. 

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cliffhanger


Hacer diseño gráfico me relaja, más si cabe cuando por suerte puedo elegir aquellos trabajos en los que voy a intervenir.

El hecho de disfrutar durante la elaboración de un proyecto de diseño me parece crucial, porque en el fondo se está completando un puzzle, y como no te enfrentes al empeño con el estado de ánimo adecuado… Seguro que me vais entendiendo.

En un diseño hay que encajar piezas, muchas casi siempre, demasiadas a veces, y por ello se hace necesario establecer primero un marco general donde se encuentren delimitadas las líneas generales que ayudarán a buscar el aspecto definitivo.

Hoy, la verdad, no tengo mucho más que decir. Me apetecía compartir con vosotros este pequeño prototipo de juguete que tendrá un tamaño de 130 por 190 milímetros, en formato vertical, con un generoso lomo de 8 milímetros… ¡ahí es nada!