sábado, 30 de octubre de 2010

Merece la pena


Si me ofrecieran para mí solito una playa en el Caribe donde descansar, seguramente rechazaría la oferta yéndome a tomar una buena ración de soledades frías en Groenlandia, por ejemplo.

Qué queréis que os diga, no me he vuelto loco pero me tira lo extraño, lo infinitamente blanco, lo silencioso y enigmático, y eso que mis mayores hazañas oficiales se pueden contar con los dedos de una mano: dormir en las campas de Arraba a seis grados bajo cero; pasarme dos días más solo que la una en mitad de Urquiola; o alcanzar el puerto de Algorta a nado previa travesía de El Abra. Aunque hay más, obviamente, pues 51 años dan para mucho, pero no son narrables.

Sí, he vivido nadas inmensas cuyo tránsito no le deseo ni al peor de mis enemigos; soledades gélidas que dolían como si me estuvieran partiendo en dos; incomprensiones prolongadas en el tiempo que parecieron en su día condenas a cadena perpetua… De manera que habiendo salido ileso de todas estas circunstancias que acabo de contar, me ha quedado una especie de impronta con la que he aprendido a convivir con bastante naturalidad, hasta el punto de que echo de menos algo que hubo y que no hay porque reconozco haberme sentido infinitamente más vivo en mitad de la nieve y sin brújula, que ahora que las cosas, por fortuna, van como cualquier ser humano aspira a que vayan.

Repito que no me he vuelto loco ni nada parecido, al menos de manera consciente, pero negar tal rareza que me decora a estas alturas de mi vida sería como renunciar públicamente a la compañía del tipo que más veces me ha salvado el culo, y entendedme, por simple cautela prefiero que siga estando donde ha estado siempre para echarme una mano cuando ha hecho falta, y lo más cómodo posible.

Y si él quiere ir al norte, volver a los silencios perpetuos, a luchar por la vida porque de otra forma se escapa, a vender cara la piel, a soñar por si suena la flauta… pues allá que voy yo a su sombra, por mucha playa caribeña que me pongan como cebo para seguir aumentando la circunferencia de mi barriguilla mientras asesino días y días que si no lo remediara caerían por su peso al cesto del olvido.

Esta semana ha sido dura, en cierto modo estresante si no fuera porque vuelve a haber una meta difusa en el horizonte que quiero alcanzar.

Anteayer hice noche en el estudio para doblar la rodilla a las 10 de la mañana, como un jabato, como si tuviera veinte años menos. Nada del otro jueves (nunca mejor dicho). Había que intentarlo y no me lo pensé dos veces, y no me arrepiento aunque me siento molido por fuera y por dentro, porque como he dejado dicho al comienzo, entre algo fácil y algo difícil, lo que me ha hecho sentir tan vivo otras veces me está animando a tomar el camino menos dulce ya que sé perfectamente que es el que realmente merece la pena, y porque en el fondo intuyo que de eso va todo esto que llamamos sentirse vivo.

martes, 26 de octubre de 2010

Carta abierta a «Perro Malo»

Hola, Perro Malo. Perdona que recurra a ti de esta forma, pero es que llego tarde para enviarte esta carta como Dios —Dios quiera que exista— manda.

El caso es que haciendo uso de mis atribuciones como editor desclasificado, recurro al único canal abierto para que mis preocupaciones lleguen a vuestros oídos con la antelación suficiente, porque tras la lectura del editorial del número 7 me han asaltado serios temores, y terribles dudas. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 14 de Julio de 2003.

sábado, 23 de octubre de 2010

Las palomitas


Con los tiempos que corren, afirmar sin más preámbulos que no tengo nada a favor o en contra de Alex de la Iglesia suena a apertura de troneras por la banda de estribor, pero juro por lo que más queráis que lo que digo es enteramente cierto.

Sé del Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (¡tela el nombrecito!) desde que aterricé en la vieja Ludotecnia, y a cuenta de una idiotez como la copa de un pino, porque un imbécil de los que nutrían su séquito por aquel entonces, tuvo la feliz ocurrencia de reírse de la editorial para la que yo dibujaba proponiendo a Igor y J&F, oficialmente, hacer un Juego de Rol sobre la ópera prima del director bilbaíno, Acción Mutante.

No os aburro aunque tengo material para hacerlo. Alex, resultaba que era fundador de Los Pelotas, junto a Biaffra, quien a su vez andaba estudiando Bellas Artes un curso detrás que yo (¡qué buena cosecha la de aquellos años iniciales del Plan Nuevo!). Alex se había pillado para interpretar al camarero de Mirindas Asesinas, su corto más mitológico, al que por aquel entonces era marido de Nieves, la vecina del primero de la casa donde vive mi madre en Santurce. Alex, años después, resultó ser el vecino de Joseba cuando la familia Calle vivía en Alameda Urquijo…

Me cae bien Alex aunque no comparta ese credo que profesa y que ha permitido que artistas como Pedro Almodóvar comenzaran haciendo obras rupturistas como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, para soltarnos al cabo del tiempo pedruscos indigestos como Los abrazos rotos, pretendiendo que reconozcamos que hacen obras de autor aunque no queramos (otro día me suelto con este punto que dejo de momento en suspenso).

Me cae bien Alex, pero me carga su forma de ejercer de artista porque de sus películas sólo soy capaz de quedarme con dos: El día de la Bestia y La comunidad, ya que el resto me parece un puñetero trágala con el que no comulgo así me maten, por mucha experiencia artística que supongan.

Me cae bien Alex, pero me jode sobremanera que se haya convertido en un estereotipo de redundancias y que haya aceptado serlo, porque haber sido elegido entre sus correligionarios como Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (¡tela, tela el nombrecito!) es en sí un enorme premio. Pero si el peldaño sirve, como parece que sirve, para calzarse el Premio Nacional de Cinematografía y aceptarlo sin que se lo hayan dado a un Cuerda o a un Franco (a Jesús, no a Francisco), como que suena a lo que suena, a metáfora de lo que supone ser artista en esta España tan nuestra, donde te pagan dos temporadas de una porquería como Plutón Verbenero porque hay que hacer causa de un bodrio que no ve ni la madre que parió al del insomnio.

Me cae bien Alex, pero le prefiero como le recuerdo, vivo, audaz, animado, atento y acerado, consciente de que la cultura se hace a base de palomitas, entretenimiento e inteligencia, en vez de pasillos. Mirindas y no Crímenes de Oxford, auténtico riesgo antepuesto a un vulgar y manso pesebrismo.

Por cierto, ¿alguien recuerda quién ha ganado el León de oro en Venecia 2010? Pues ha sido Sofia Coppola con su obra Somewhere, aunque aquí en España parezca que lo ha ganado Alex de la Iglesia con su nuevo proyecto artistico… ¡Cosas de los medios!

¿Hay para tanto, en serio, o es cosa del marketing por el marketing?

martes, 19 de octubre de 2010

Callejón rojo


Puede parecer un completo contrasentido hablar de hermosa plasticidad para referirse a un cómic cuyo argumento se centra en el dramático asedio a Phnom Penh llevado a cabo por los Jemeres Rojos, pero Callejón Rojo es ante todo y sobre todo una obra de una plasticidad brutal.

Escrito y dibujado por Phoussera Ing (Séra), artista de padre camboyano y madre francesa que tuvo que huir a Francia (lugar donde reside) con 14 años, dejando en Camboya algo más que recuerdos, el trabajo que traigo hoy a este espacio rezuma madurez por los cuatro costados, delatando en su concepción y terminado que su autor es ante todo un narrador que visualiza los contenidos de su historia antes de plasmarlos sobre el papel.

Comento este aspecto porque estando tan en boga la dicotomía artificial entre guión y dibujo, entre guionista e ilustrador, como si el guión correspondiera a la parte escrita y lo otro fuese una suerte de escenificación gráfica de lo primero, Séra demuestra cómo se deben manejar los mimbres de un buen cómic, ejecutando su saber hacer desde la cuidada puesta en escena que destila cada viñeta y cada composición de página, hasta la cronometrada aparición de la letra escrita en un escenario que se manifiesta ante el lector fundamentalmente a través unas imágenes desgarradas que transmiten a la perfección el momento caótico y convulso que se sugiere en la historia.

El ejemplar que tengo en mis manos fue publicado por Norma Editorial en 2004, y corresponde a la traducción de Impasse et Rouge (Editions SEFAM, 2003), pero a pesar del tiempo transcurrido sigue manteniendo vivo el mismo empaque original, gracias, entre otras cosas, a la esmerada edición que realizó la editorial catalana.

Así, a lo largo de sus poco más de 100 páginas, hoy, como hace seis años, al abrirlo resulta posible seguir sintiéndose turbado por el relato de una de los capítulos más infames de la historia, susurrado, más que contado, por un individuo que habiendo crecido y madurado en Europa sigue recordando en clave camboyana las sensaciones que vivió él mismo cuado era un muchacho que apenas había cruzado la puerta de su adolescencia, de manera que una extraña sensibilidad discurre con fría naturalidad entre soldados, armas y gentes sencillas abocadas al peor de los futuros.

Si tenéis oportunidad de echarle siquiera un vistazo, no la dejéis pasar, no os arrepentiréis.

domingo, 17 de octubre de 2010

No es país para críos


Nuestra reaparición nominal en el viejo escenario de la edición de Juegos de Rol ha revuelto el mundillo. A pesar de que resulta innegable que desde que anunciara aquí mismo que nuestra nave se ponía en marcha, allá como a mediados de agosto, comenzaban a suceder extraños acontecimientos en la periferia del mundo que enfocaban directamente al considerado flanco alineado de Ludotecnia ya que no había más lugares donde hincar el diente, sigue habiendo ahora mismo quien lo niega porque lo cómodo es negar lo evidente.

No me lo toméis a mal, digo todo esto porque en 2008 ya sufrimos un episodio parecido, hasta el punto de que las primeras entradas de este diario de un fusil de asalto podrían ser traídas desde el pasado en que fueron escritas a este mismo presente sin perder un ápice de actualidad. Y también lo hago porque nos ocurrió lo mismo en 2004, y en 2001, y a finales de 1996…

¿Y por qué. Por qué se repite idéntica historia cada vez que una editorial minúscula como la nuestra dice que va a asomar la cabeza?… Conozco de sobra la respuesta.

El caso es que hace dos semanas inaugurábamos el blog oficial de Ludotecnia para que todo el mundo supiera dónde estábamos, y a pesar del buen recibimiento generalizado, los ataques al flanco supuestamente alineado de Ludotecnia arreciaban alcanzando grados de absoluta desmesura, ofreciendo un remedo de fiesta caníbal a la que se ha sumado incluso el lugarteniente de otra editorial.

¿Y por qué obrar así si lo sencillo sería encararme, ya que cualquiera con dos dedos de frente sabe de sobra que no necesito de lugartenientes o testaferros que me hagan el trabajo sucio?… También conozco de sobra la respuesta.

Os cuento. El mundillo de los Juegos de Rol nunca ha sido el lugar paradisiaco que se nos ha vendido, ni un país para críos envuelto en aromas de lavanda y sacarina. Desde que lo conozco, una eternidad, para qué vamos a engañarnos, los pactos de caballeros y el buen rollito reinantes escondían alfanges que brillaban a la luz de la luna por un quítame allá esas pajas en cualquier callejón oscuro.

El buenismo políticamente correcto ha sido siempre una mascarada, una vulgar impostura, porque en el fondo, y a todas horas, se ha jugado a mantener vivo el imperio de la mediocridad en un esfuerzo encaminado a preservar a toda costa el trozo de pastel que al protagonista de turno le había tocado en gracia, cayera quien cayera, callando lo que hiciera falta callar, callando como putas, en una palabra.

De modo que para algunos ha resultado más sencillo sobrevivir en este ponzoñoso caldo de cultivo mirando para otro lado, consintiendo en silencio que los perros hicieran pasto de la debilidad de los que trataban de abrirse paso en el mercado, cerrando los ojos ante el linchamiento público de estos últimos, en vez de alzar la voz para alertar de que la traducción de un libro no podía llegar a España en dos volúmenes, que no podían existir versiones de lujo que resultaban vulgares retapados de libros normales, o que era de todo punto impresentable que se vendieran volúmenes agujereados como saldados, porque para hacer ese trabajo ya estaba la maldita Ludotecnia, the enemy within.

Si con lo poco que se ha visto de lo que llevamos entre manos las cosas han llegado tan lejos, no quiero ni pensar en lo que ocurrirá cuando enseñemos todas nuestras armas, cuando definamos con hechos en qué consiste no querer ser mediocres ni haciendo libros a 3,45 Euros. Sin embargo, estamos preparados.

¿Y por qué?… Creedme, conozco de sobra la respuesta: como siempre, vamos solos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Cartografía




Tres muestras no publicadas de la abundante cartografía realizada a principios de esta década para el proyecto del bacalao, escrito y dirigido por Emilio González Soto.

martes, 12 de octubre de 2010

Ovejas eléctricas


He leído poco a Philip K. Dick. Por avatares de la vida soy más de la Ci-Fi de los años 50 del siglo pasado, aquella cuyos argumentos han nutrido buena parte de la cinematografía fantástica considerada de Serie B, y que descubrí en crudo a través de un extenso trabajo compilativo que descansa repartido en volúmenes en la biblioteca de nuestra casa familiar o vaya usted a saber dónde.

Qué cosas. Ya sea porque gozo de una memoria soberbia que debo a mi línea genética materna, o porque se me erizan los pelos del lomo ante un ligero cambio propuesto sobre algo que creo recordar perfectamente, siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con ella. Casualidad o no, buena parte de la ciencia ficción, o incluso del denominado cyberpunk, ha buscado indagar precisamente en esa capacidad para rememorar o modelar el pasado que tiene el ser humano, en aras de encontrarle sentido y sitio en nuestro universo.

Decía que he leído apenas nada de Dick. Sin embargo, me he metido entre pecho y espalda, y por tres veces consecutivas, Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), alma literaria de Blade Runner, intentando descubrir cuál fue la razón que llevó al autor estadounidense a tratar de remarcar la calidad humana de los Nexus-6, no en su capacidad para recordar, sino en el tesón animal mostrado por los androides a la hora de reclamar la veracidad de según qué recuerdos.

Pero antes de acometer su cuarta lectura me he parado a pensar en que tal vez el quid de la historia resida en la necesidad que tenemos de huir del presente, justificándolo siempre, para lo cual se hace enteramente necesario ajustar como sea el pasado.

En este orden de cosas, el libro de Dick no estaría hablando estrictamente de la memoria, sino de la valentía mostrada por los androides para asumir su propio devenir, circunstancia que a todas luces los elevaría sobre los hombres que les crearon, pues estos, como nosotros, por encima de todo temen su aquí y su ahora, el ser los únicos responsables de lo que acontece a su alrededor, el ser merecedores de disfrutar o padecer su siempre fugaz presente.

Cuestión de responsabilidad ante la vida o no, la cosa de haber adoptado otro prisma para observar la misma idea me está encandilando, toda vez que a lo mejor resulta que lo que heredé de los Isusi no fue su soberbia memoria, sino una forma de plantarse ante el mundo sin miedo a morir, lo que me permite recordar nítidamente el pasado sin necesidad de recurrir a subterfugios ni atajos, asumiendo que lo que tengo en la mano está ahí porque yo he elegido sostenerlo, porque soy consciente de que el instante en que lo siento sobre mi palma puede ser el último…

Dick no hablaba sólo de la memoria, cada vez estoy más y más seguro. La utilizaba en su libro para enfatizar que al ser humano el presente le produce pánico porque es la antesala de un futuro que no admite modificaciones sino asunción de responsabilidades, y que sólo puede ser abordado empleando grandes dosis de esperanza y fe.

«Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Me temo que en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? salimos malparados, pues no hacemos de superdotados rodeados de épica... Las ovejas somos nosotros.

sábado, 9 de octubre de 2010

Houston, we have a problem!


Hacerse con un puñado de años a la espalda tenía que tener sus ventajas, y tal vez la más destacable ahora sea esta pérdida de miedo que siento ante cierto tipo de aventuras en las que en otro tiempo ni me habría panteado mojarme.

Antes de verano me preguntaron que qué me parecería intervenir en un PodCast. En julio el proyecto tenía nombre y la propuesta sonaba mejor que uno o dos meses antes, incluso fuimos capaces de buscar algunas canciones en mi bien nutrida fonoteca para la sintonía de apertura… Hace poco han vuelto los cantos de sirena.

¿Qué pintaría yo en una iniciativa tal si al final decidiera embarcarme en ella?

Sinceramente no tengo ni repajolera idea, pero confieso que me tira eso de poder divertirme un rato a la semana con un par de amigos, para que nuestras conversaciones puedan ser archivadas por los coleccionistas de cosas raras. Aunque si tengo que ser honesto del todo, debo afirmar rotundamente que lo que más me motiva de esta aventura que todavía no sé si iniciaré, es la sensación que albergo de que escucharnos le iba a resultar demasiado indigesto a más de uno.

Siento decirlo, pero si los tres tipos que podríamos componer la terna podcastera somos capaces de montarla bien montada por separado, no quiero ni imaginar lo que seríamos capaces de organizar si al final decidimos sentarnos alrededor de una mesita en el puerto para mirarnos a la cara mientras damos la vuelta a todo esto que nos rodea, para planear el robo de un banco o el atraco perfecto, o para decidir encontrar juntos algunos agujeros negros que llevarnos a casa como trofeos, porque nuestras paredes ya están repletas de aliens y predators.

Decía al comienzo que esto de que vayan pasando los años por encima de uno tenía que tener sus ventajas, pero de momento no nos agobiemos, que de ser que sí que me pega por dar el paso, ya os aviso.

jueves, 7 de octubre de 2010

Ni me va ni me viene


Nuestro pequeño espacio cultural dedicado al ocio debería estar protegido como hábitat de especial interés, por uno, dos, o incluso más ministerios, ¡los que hagan falta!, porque supone una isla en el tiempo donde las cosas no cambian, y donde si por fortuna lo hacen, siempre lo harán a peor, negando así el optimismo evolutivo que durante millones de años ha impuesto el modelo del sano aprender de los errores, en el que no cabe la equivocación continuada pues ese camino lleva inevitablemente a la extinción.

Hecho el preámbulo, quiero decir que no tengo inconveniente en afirmar que leo a Tirano en su blog desde que tuve el gusto de cruzar algunas palabras con él en SPQRol, y que traigo este asunto a colación porque ayer tarde, entre las nebulosas del sueño y el catarrazo que llevo encima, me quedé más a cuadros que de costumbre al observar lo estúpidamente que se puede caer en las redes de una venus atrapamoscas que hace días ha comenzado su particular cruzada contra uno de los lugares más sanos que existen en la bloggosfera, El Opinómetro, enfocando directamente a su autor para cubrirle de porquería e insultos mientras gana terreno y tamaño gracias a una pandilla de incautos que no están advertidos de que son también sus víctimas, ¡y al tiempo!

Todo empieza por un sencillo: «Gracias por poner en palabras lo que piensa más de uno»; sigue por un inocuo alistarse a la iniciativa; y termina por servir inocentemente de mensajero a la planta carnívora, propagando su hedor por doquier para que vengan más moscas hasta ella. O todo empieza por caer en las redes tendidas por un anónimo que puede ser perfectamente el mismo anfitrión, por aquello de salvar el buen nombre de uno, legítimo; sigue por rasgarse las vestiduras en público porque se está convencido de que el enemigo es otro distinto; y termina inevitablemente con la presa sirviendo inocentemente de mensajero a la planta carnívora, propagando su hedor por doquier para que vengan más moscas hasta ella…

Es un juego muy viejo en el que sólo se divierte uno, que comienza haciendo populismo barato poniendo por escrito lo que piensa más de uno, o metiéndose con Varda Elentari a cuenta del cáncer del rol, ¡cómo no!, y que terminará devorando todo lo que tenga a tiro cuando el promotor se crea en disposición del tamaño adecuado, como ha ocurrido siempre con los buenos fascismos, si es que se me permite la contradicción.

Sinceramente no me importa quién es esta venus atrapamoscas que anda intentado ampliar su territorio con la ayuda de la ingenuidad y buena fe de los que ya han caído en sus redes (bastará con sentarse a esperar a ver con quién no se mete o qué filias muestra para empezar a valorar a qué intereses sirve). Lo que me preocupa de todo esto es lo sencillo que le está resultando implantarse gracias a que sigue habiendo quien no entiende que mientras te dicen que mires a una mano pueden estar bajándote los pantalones con la otra.

Lo dicho: ni me va ni me viene.

sábado, 2 de octubre de 2010

A lápiz





El lápiz tampoco se me da mal, aunque tiene mala fama porque es la técnica con que se inician los dibujos. Tres muestras de mi trabajo para El Tres Fuegos, libro publicado en 1996.