martes, 31 de agosto de 2010

Los amantes mariposa


Por fortuna acostumbro a ejercitarme en la atención de cuantas cosas sencillas y hermosas ocurren a mi alrededor, aunque éstas sucedan más allá del mostrador de mi propia existencia, barrio a todas luces demasiado pequeño para comprender la inmensidad de un mundo cuyas leyes son universales a pesar de los que gustan enrocarse en las cuatro esquinitas de una supuesta Isla de Perdidos que habita en el océano editorial, que dicen se rige por sus propias reglas.

Así las cosas, quiero contar hoy que en mis pocos y apretados viajes acostumbro a traerme de recuerdo regalos de papel, libros, y que en este último que he realizado hace apenas veinte días, se cayeron en mi mochila un par de libros que me parecieron dos preciosas joyitas.

Los amantes mariposa (Les amants papillons) es uno de ellos.

Está escrito y magníficamente iluminado por el joven artista Benjamin Lacombre, y aunque dejo para otro día explicar por qué los ilustradores terminamos escribiendo nuestros propios libros, esta vez debo reconocer que la editorial Edelvives se ha esforzado para responder con una soberbia edición a la magia que destilan tanto el texto como las estampas del autor francés, de manera que tener el libro en las manos invita a comenzar a soñar y a levantar los pies del duro suelo mientras se aventura uno a pasar sus páginas, una a una, esperando que el tiempo se detenga.

A pesar de lo elegante de su factura, pues es un volumen grande de tamaño (270 x 390 mm.) aunque pequeño de páginas (32), que lleva en sus entrañas un gramaje de papel satinado que aconseja no doblar las esquinas ni tener tropiezos con ellas porque se notaría, la elección resulta muy atinada pues permite que respiren adecuadamente el color y las texturas propuestas por Lacombe en su trabajo gráfico, y en los abundantes espacios blancos, que resplandezcan las letras de generoso tamaño de la literatura, haciendo muy fácil su lectura. Decía que a pesar de su coherencia como producto, el asunto de hacerme con él me salió por menos de 18 Euros (una ganga en un mundo lleno de sortilejios y secretos). Para colmo, todos los ejemplares de la edición contienen una filigrana japonesa perfectamente troquelada en la página de entrada, y están encuadernados en tapa dura con terminado mate, sobre el cual se ha hecho un ejercicio muy inteligente del barniz UVI.

A todas luces Edelvives ha echado el resto para satisfacer las necesidades artísticas de Benjamin Lacombe y las de sus lectores sin recurrir a presentar el resultado bajo la etiqueta de lujoso, cosa que habría resultado redundante y pernicioso pues es un simple album para niños que compran algunos adultos, porque Los amantes mariposa es por encima de todo una obra honesta en la que los protagonistas principales son el autor y el lector, sea éste pequeño, mediano, o adulto, relación  que ha sido respetada por una editorial que ha sabido estar en su sitio. Y si la historia lo vale, que lo vale, cualquier esfuerzo resulta pequeño por muy poco margen que deje a los minoristas… ¡Anda que no sería goloso vender esta maravilla por 70 Euros!

«Dos mariposas escapan de una grieta de la tumba. Juntas revolotean hacia el cielo resplandeciente. Naoko y Kamo, al fin, se aman libremente.»

sábado, 28 de agosto de 2010

El gran dictador


Estaba pensando en escribir algo sobre la influencia de la administración Bush en el mercado de los Juegos de Rol, cuando por refrescar las ideas he recalado en El Opinómetro, dándome de bruces con una noticia que sintetiza a las mil maravillas tanto la nefasta influencia del neoliberalismo hipócrita  en que vivimos inmersos, como la razón de que siga habiendo gilipuertas que se empeñan en mirar para otro lado por aquello de no despeinarse, que donde estén un par de orejeras bien puestas que se quite pensar un poco, no vaya a ser que nos asustemos más allá de lo recomendable y políticamente correcto, ¡buh!

Bien es cierto que lo primero que he sentido al leer la entrada de Avatar han sido ganas de gritar ¡llegamos primero!, porque este blog está repleto de quejas al respecto de las idioteces que rodean una profesión, la mía no rolera (la rolera ni os cuento), que poco a poco va perdiendo la sustancia que la elevó a categoría de noble en su día, ya que cada vez hay más ineptos a los mandos del negocio. Y la cosa tiene sus bemoles porque tanto los libros infantiles ilustrados como los de Rol se supone que van de exclusivos y finolis por la vida, uséase, que tendrían que servir de ejemplo de buenas costumbres editoriales y no de todo lo contrario.

Pero ha llegado la globalización ésa que iba a resolvernos la vida y ha impuesto un modelo en el que vale todo, y cuanto más barato, mejor, y así tenemos editores que traducen y maquetan libros que llegarán a manos de los críos o de los jóvenes, que son diseñados con el ojete (perdón por la expresión), porque por ahorrar en el chocolate del loro se ha suprimido del escalafón al tipo que sabía establecer el orden preciso de lectura, el creativo que desde la elección de la tipografía hasta la confección de las plantillas, ponía toda la intención del mundo en que el producto quedara realmente guapo y se distinguiera de la competencia en las estanterías.

Ya no importan ni las viudas ni las huérfanas, ni siquiera la modificación del track para que no se abunde en los feos guiones de corte, ni la sutil aplicación del interlineado para que los párrafos queden perfectamente encajados en sus correspondientes páginas, de manera que las ilustraciones han pasado a rellenar espacios vacíos en vez de servir a la lectura o a complementarla, como hicieran antaño… Hoy la autoedición más barata y ramplona nos ha llevado a que existan obras originales o traducidas en las que el tamaño de la letra resulta ilegible, por pequeña; a que se abunde en estructuras totalmente obsoletas donde el color es aplicado sin ningún sentido estético; o a que se afirme que los libros ya no son libros y sí manuales de referencia indicados para coleccionistas, ejemplares de un lujo que no reconoce nadie, como si el consumidor fuese un perfecto idiota.

Y queda lo del asunto monetario, y aquí Mongoose con su oferta de trabajo la ha cagado del todo, porque si vendes caro, que la de Inglaterra lo vende, lo menos que se te puede exigir es que cumplas, y si pones el listón tan bajo como para que el traductor además maquete el libro y lleve el café o las pizzas al staff directivo (esto es mío), lo suyo sería que el producto se pusiera en la calle a un precio módico, y no al correspondiente a una obra exclusiva en la que han intervenido auténticos profesionales de todos los ramos, distinguiéndolo con lo mejor que llevan dentro.

¿Queríamos respuestas? Pues la editorial británica nos las ha brindado en bandeja de plata: ¡nos están engañando como a palurdos!

jueves, 26 de agosto de 2010

Una de 7,62


«Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.» [Marcos, capítulo 4, versículo 22]

La vida es un puñetero proceso de destilación en el que adquieres nuevas texturas y te haces más denso y aromático a cambio de ir dejando atrás algo de ti mismo, a veces tanto que para cuando quieres darte cuenta apenas eres capaz de reconocerte de todo lo que has perdido por el camino.

En este sentido, la memoria, jalonada de recuerdos ya olvidados, supone un territorio en el que conviene adentrarse con mucha cautela, no sea que por cualquier circunstancia te asalte alguna deuda personal o ajena que no reconoces, ni siquiera imaginas, pero que te ha estado esperando agazapada para presentarte la correspondiente factura al cobro en el mismo lugar donde la dejaste.

Tengo suerte, para qué voy a negarlo, porque la visitas recurrentes a mi pasado me suponen siempre un viaje gratificante en el que me descubro interpretado por diferentes personajes cuyos papeles gozan de un mismo hilo conductor, de un idéntico espiritu alentador, que por fortuna ha hecho de cabo de guía inasequible al paso tiempo, permitiéndome haber llegado al hoy sin demasiados cambios estructurales.

Obviamente me gusta la coherencia porque es un rasgo que valoro y respeto sobre todo en mis rivales, hasta el punto de que en cuanto lo reconozco en ellos, tiendo inmediatamente a tender puentes de encuentro por seguir creciendo en su compañía, porque si alguien se muestra coherente a pesar del paso de los años, aunque difiera conmigo en cuanto a línea de pensamiento, vale su peso en oro porque a buen seguro tiene convicciones y sabe defenderlas con inteligencia.

Por todo esto, también me gusta sumergirme en la pasado para descubrir las incoherencias y debilidades de todo aquello que me rodea, porque el «donde dije digo, digo Diego» está mucho más arraigado de lo que sospechamos, aunque no baste para desterrar el amargo sabor de una naturaleza humana demasiado dada a mostrar actitudes adecuadas a las circunstancias de un momento concreto, que mutarán indefectiblemente de color y de forma, como por arte de magia, a poco que nuevas circunstancias aconsejen un furtivo cambio de posición en la penumbra, que ya sabemos todos que la luz del día quema.

Así las cosas, no es extraño que leyendo revistas, o artículos y entrevistas, que se escribieron  o dictaron no hace tanto, descubramos hoy mismo que lo malo de antes es bueno ahora; que lo nefasto y criticable a principios de esta década, resulta indispensable y necesario cuando la estamos concluyendo; que los buenos usos y costumbres de hace un puñado de años, resultan ahora tremendamente ofensivos…

Por todo ello intuyo que la memoria es también materia tóxica en la que conviene adentrase bien protegido por una máscara que disponga de los filtros adecuados, y de un buen estómago, por qué no decirlo, sobre todo si queremos indagar en ella un poco sobre la razón por la cual el mercado de los Juegos de Rol sigue caminando como los cangrejos, ya que vamos a darnos de bruces conque el principal problema ha sido y sigue siendo la sempiterna falta de coherencia de un sector que mal que queramos sigue anclado en la miopía cortoplacista y en la constante invención de excusas.

martes, 24 de agosto de 2010

Arigatô





Ilustraciones realizadas para el blog Nürburgring en el verano de 2007, confeccionadas sobre una base de dibujo a bolígrafo sin boceto previo, con tratamiento posterior de textura y color a través del Photoshop. Sólo se han publicado un par de ellas.

domingo, 22 de agosto de 2010

The game is over


Cuando el general Da-Nang pisó la gélida cuenca de Nilo Parphia (Burman Monitor), como comandante en jefe de una fuerza expedicionaria compuesta por 5 regiones de la 17ª Legión integrada en la IV Flota, la UCSH admitía explícitamente su incapacidad para resolver por vías pacíficas un conflicto reiteradamente negado y profundamente enquistado, arrastrando a Periferia-1 a una de las páginas más oscura de su historia reciente; la más negra, tal vez, por tratarse de una herida que aún sigue abierta. Pero no adelantemos acontecimientos.

Johannes Pietzlawsky, en sus «Crónicas», hace un exhaustivo repaso de los prolegómenos expansivos que derivaron en la actual situación del protectorado. Lejos de la pragmática de Pilssen o del historicismo cientifista de Gataka, Pietzlawsky nos ofrece una visión panorámica pormenorizada en la que resalta la concatenación de hechos y circunstancias que han dado origen al actual estado de cosas, puntualizando la responsabilidad sobre el colapso al que se estaba viendo abocada la Federación en Archangel, a finales del periodo anterior.

No le falta razón a Pietzlawsky al apuntar a tan recóndito lugar, pues Archangel y la Federación estaban sumidas en una grave situación social y económica cuando se organizan los fundamentos definitivos de la colonización de nuestra galaxia, y el detonante del actual momento que vive Periferia-1 puede localizarse perfectamente en la insuficiente preparación con que se abordó el asunto por la clase dirigente.

Si hacemos caso al postulado preliminar de Pietzlawsky, la Federación buscaba resolver los conflictos internos mediante el compromiso integrador de todos los participantes (administración, corporaciones, ejército, etcétera), en un movimiento aunado que trataba de desenfocar la convulsa situación interna para enfocar los esfuerzos sobre una empresa titánica, la propia colonización, con la intención de que ésta sirviera para disipar la presión ejercida sobre el núcleo federal (Archangel). Una salida precipitada. La realidad habría de imponerse posteriormente, demostrando que esta huida hacia adelante supondría una trampa mortal para los esquemas sobre los que se asentaba la civilización, y que daría origen, en definitiva, a un cambio paulatino de valores que están en la raíz de la actual coyuntura, y en la que inciden, además, nuevos factores intervinientes que no fueron contemplados como posibilidades en su momento.

Antes de la fase expansiva, la especie humana había colonizado con éxito los quince sistemas planetarios mayores y los tres menores que componían la totalidad de la región de Archangel. Sin haber hallado rastros de vida superior y sin que hubiera visos de encontrar otra especie que igualara a la nuestra. La primera gran fase colonizadora de nuestra especie había gestado un sentimiento de plenitud del que el hombre era el máximo exponente y su principal protagonista, pues ilusamente  se consideraba entonces, que nuestra especie no parecía tener rival.

Los científicos daban por concluidos sus trabajos en los enormes propulsores que permitirían a las gigantescas sondas «Vhenazir-4» atravesar los vector/portales descubiertos (siete, convenientemente catalogados) con la intención de hallar nuevas zonas de yacimientos, nuevos asentamientos... pero jamás vida inteligente o superior, ya que nadie en su sano juicio apostaba por el encuentro con una especie similar a la humana, y como se ha comentado, el planteamiento expansivo descansaba sobre una premisa que se demostraría absolutamente falsa.

Los tratados de exobiología de Zimbraia y Nevis (este último autor del «Manifiesto Exovital»), trazaron una teoría básica sobre la posibilidad de existencia de formas de vida avanzadas, sintetizando su diagrama en varios tipos de comportamiento funcional que se ha hecho extensivo hasta el día de hoy con muy pocas, o nulas, disensiones de peso. Sintetizando, su argumento básico postulaba que los estados exponentes de una posible civilización podían ser catalogados en base a la capacidad de los organismos para incidir en su entorno mediante la utilización de instrumentos: «sin función», «con función (herramienta)» y «con tecnología para la función», siendo este último el considerado único representante de toda civilización avanzada.

Con pocos ejemplos compatibles con las teorías vigentes, como ya hemos referido (un puñado de ecosistemas planetarios lograban alcanzabar el segundo estadio, a niveles muy bajos en el interior del área de Archangel, y sólo en la Tierra se alcanzaba el tercero), la comprensión del universo conocido resultaba demasiado parcial y del todo insuficiente frente a lo que quedaba por descubrir en Periferia-1 y Periferia-2.

Por tanto, podemos compartir con Pietzlawsky la sensación de precipitación en los inicios de la colonización, cuestión que derivó en un desencanto generalizado que, a su vez, agravaría la situación interna de Archangel y la propia Federación, pues la esperanza depositada en las sondas que habrían de recorrer los vector/portales informando de los mundos a los que se tuvieran acceso, derivó en una serie de fracasos concatenados que la comunidad científica aceptó de mala gana, y que hizo tambalear aún más la difícil coyuntura por la que pasaba la Federación, al volatilizarse el sueño de un descubrimiento de nuevas zonas económicas y comerciales que diera solución a los problemas que la aquejaban.


Fragmento de texto correspondiente al trasfondo histórico de Zulugolf21 RPG, al que viste un detalle de la siempre magnífica obra del artista John Berkey.

jueves, 19 de agosto de 2010

Parábola de los ciegos


De todas las formas de ceguera, la mental me parece la peor y más peligrosa por aquello de que la cerrazón humana carece de límites, y hete aquí que sigue abundando en todos los órdenes de la vida, y para colmo acostumbra a asomar las orejas barnizada de una educación y buenas maneras que tratan de imponer el criterio que las alienta, poniendo en solfa las actitudes de los que aceptando lo beneficioso de todo debate, se atreven a exponer en público sus pensamientos, desvelando así sus posiciones.

Por fortuna formo parte de una generación que pasó por la universidad para llevarse de ella el mayor tesoro de todos: la pérdida del miedo a defender sus ideas.

No voy a aburriros contando cuántas horas pasé discutiendo con otros alumnos o alumnas en las asambleas que se celebraban en Bellas Artes, desmontando sus argumentos o tragándome los míos, ni lo que aprendí de la vida cuando fui elegido su representante en el claustro de la Universidad del País Vasco junto a otros de mis compañeros, sólo quiero recordar que aquella etapa me sirvió para saber que debía llevar la cabeza bien amueblada si quería sacar adelante mis propias ideas, y a que mis razones fuesen siempre claras para que mi boca o mi mano las expusieran de manera convincente.

También comprendí que los debates no buscan jamás hallar soluciones, sino detectar los problemas mientras se acercan o separan las posiciones de las que parten los diferentes rivales, y también que es posible terminar una refriega en el salón de actos de la facultad, alrededor de un refresco o una cerveza en la barra del bar de Económicas, matizando lo discutido, dando la razón si fuera pertinente, aceptando que no la llevabas si es el caso, o disfrutando como un jabato cuando se palpa en el ambiente que has convencido, porque la victoria en estas cosas nunca existe.

He sido siempre un gran discutidor desde que encontré razones en que apoyar mis posturas, y a perseverar en ello me ha ayudado la memoria legendaria de los Isusi y una cierta soltura natural para desenvolverme hablando o escribiendo, y esta es la razón por la que me ha gustado intervenir en charlas interminables en foros o listas de correo, y por supuesto, la que desde hace algunos años, aquí o en Nürburgring, me anima a exponer casi diariamente lo que pienso, ya que opino que es una actitud muy saludable y socialmente bastante responsable, aunque mis perspectivas sean erróneas, que podría ser.

Me he permitido decorar esta entrada con «La parábola de los ciegos», cuadro pintado por Peter Bruegel en 1568, porque retrata perfectamente los peligros que corren los que se dejan guiar por la ceguera mental, negándose a mirar lo que les rodea por ver si es posible mejorarlo o por si se descubre que hay un camino mejor por el que transitar, y va dedicado a todos aquellos que además de empeñarse en seguir siendo ciegos que siguen a otros ciegos, ¡allá ellos!, se atreven a afear públicamente la conducta de los que quieren seguir manteniendo los ojos bien abiertos, enarbolando una ramplona forma de entender el respeto al prójimo.

¿A qué demonios tienen miedo?

lunes, 16 de agosto de 2010

McNatt’s Ferrets


Me he puesto en paz conmigo mismo antes de tomar mi asiento en esta nave que parece una pequeña república libertaria de la que siempre me he sentido orgulloso. He sido el último en llegar.

Los que seguís los avatares de este blog con cierta asiduidad habréis notado que durante este fin de semana se ha actualizado cubriendo sus huecos desde junio con puntualidad anglosajona. No me lo toméis a mal, en Nürburgring acostumbro a hacer lo mismo y los numerosos aficionados al motor que lo leen jamás han dado muestras de querer hacerme un miserable reproche por ello. Al fin y al cabo es una simple cuestión de ser honesto con un mismo evitando en lo posible hacerse trampas, ¡con lo sencillo que sería!, en aquello de trasladar a la hora y fecha exactas las inquietudes que en su día surgieron y quedaron plasmadas sobre un folio o una sencilla servilleta por falta de medios o de ganas, que en esto de plasmar ideas tanto da.

¿No escribo un diario? ¿No es posible que me haya quedado sin lápiz o bolígrafo en el momento adecuado, decidiendo para un mejor momento el deseado pasado a limpio? ¿No se trataba de ser sincero? ¡Pues eso!

Y que conste que en la medida de lo posible lo he sido, aunque no tanto como habría querido, también es verdad, pues el inevitable paso del tiempo y las noticias que llegan o van, nos ofrece perspectivas nuevas que sin querer tienden a ser acopladas a lo que recordamos o creemos recordar. Para paliarlo ahí ha estado la parte de mi ser que sabe imaginar que desconoce, que ignora lo que la otra parte lleva asimilado desde hace rato, y ello me ha llevado a que habiendo menudencias reseñables haya preferido no meterme en ellas por no alterar el patio más de lo debido. Hoy por fin todo está en su sitio, y mañana será realmente mañana.

Los motores están rugiendo a nuestra espalda y bajos nuestros. La sala de máquinas me ha informado de que todo está en orden y a punto. El comandante y yo hemos pactado el rumbo, mientras el contramaestre apura con su gente que la carga no se desplace ni un milímetro, para que el vuelo sea lo más tranquilo posible, cosa que nunca se sabe a ciencia cierta pero en la que conviene creer porque de otra forma nadie en su sano jucio trataría de hacer despegar esta gigantesca chatarra.

Hoy, día de San Roque, patrón de Portugalete, mi pueblo natal, dos jornadas antes de mi quincuagésimoprimer cumpleaños, a las 21:59 horas, el carguero artillado McNatt’s Ferrets despega de su emplazamiento secreto en el asteroide C-071262 para poner proa hacia el sistema Brandy Mayor.

Sed buenos y deseadnos buena suerte. En el fondo sé que lo estábais esperando.

viernes, 13 de agosto de 2010

Polvo soplado




Estas tres ilustraciones fueron realizadas enteramente al aerógrafo con algún retoque a punta de pincel, para servir de portadas a los libros de nuestra línea Mutantes en la Sombra, entre 1992 y 1994.

domingo, 8 de agosto de 2010

Irreverencias


Un ilustrador, pongamos por caso yo mismo, recurre a medir su avance profesional comparando el ahora con el ayer de los diferentes trabajos realizados. Así las cosas, uno, pongamos por caso yo mismo, descubre a través del repaso de su obra cuáles han sido sus aciertos y errores, si ha sido capaz de perseverar a partir de los primeros y desde luego si ha conseguido enmendar los segundos.

Ya lo he comentado en otras ocasiones, a veces me pasa que miro algunas de mis ilustraciones y siento que las ha realizado otro. También me ocurre con mis textos, pero en los dibujos la sensación es distinta tal vez porque haciéndolos he tenido más conciencia de lo que costaba llevarlos a cabo, y con esto no quiero decir que a la hora de escribir lo haga de forma más liviana o menos sincera, sino que como he confesado por ahí, me percibo como escritor menos agobiado por el uso de la técnica.

Sea como fuere, y por no divagar demasiado, la imagen que decora esta entrada fue realizada cuando un dibujante al que conozco bien, pongamos por caso yo mismo, tenía tan sólo 19 años recién cumplidos, y si queréis que os sea sincero, al sostenerlo en mis manos antes de escanearlo para realizar el montaje que véis, he notado como si aquel chaval que aún no había entrado en Bellas Artes me hubiese escupido a la cara.

Llevo demasiado tiempo embarcado en proyectos gigantescos que me ocupan una infinidad de horas, y de los que me está prohibido hablar o enseñar nada porque así lo hemos pactado, y si la cosa es buena por el lado profesional, resulta demoledora en lo personal, pues sin querer estás atado a una manera de resolver tus ilustraciones que debe ser idéntica, formalmente hablando, durante el tiempo que ocupa un proyecto.

Estoy cansado de esta situación y la sobrellevo como puedo, hoy no me apetece negarlo, y si hablaba hace dos párrafos de lo que he sentido al ver el dibujo de marras, no es por otra cosa que porque envidio al tipejo que lo realizó. Él era libre, sostenía el lápiz sin ataduras, sin miedos, sin sufrir la presión de cumplir con nada, tan solo consigo mismo. El muy mamón disfrutaba escribiendo líneas sobre un papel en blanco de la misma manera que yo escribo mis textos.

Un año después de haber ilustrado «Basajaun, el señor del bosque» para Ediciones Gaviota, la editora me propuso otro libro que debería llevar ilustraciones mías similares en su ejecución a las que habían sido publicadas en la recopilación de leyendas vascas, y le dije que no me lo pidiera porque no podría hacerlo sencillamente porque me sentía artísticamente distinto. Aquella situación cambiaría radicalmente con mi intervención en el proyecto del bacalao, en el que a lo largo de varios años supe mantenerme fiel a mi estilo (¡joder con el estilo!), y si gané por una lado, como decía antes, por otro me estaba atando una soga al cuello de la que sólo me liberaba en momentos puntuales: el rol, cuentos infantiles, o juveniles como los piratas que hice para Espasa…

Necesito aire fresco y lo voy a encontrar de inmediato, porque tengo intención de mirar a la cara a aquel chaval de 19 años recién cumplidos, para decirle que se acabaron las irreverencias porque el tipo que le ha vencido siempre, pongamos por caso yo mismo, ha vuelto con intención de quedarse.