domingo, 21 de marzo de 2010

Stabat Mater


No tenía pensado escribir, disculpad por ello que me haya puesto a hacerlo de manera un tanto impertinente cuando el cuerpo me pide callar, pero sé que hay momentos en que conviene disciplinarse un poco, y esta tarde toca hacer ejercicio.

Llevo días dirimiendo innumerables dudas sobre esto de desnudarme ante el mundo. Comenzó siendo algo divertido que con el paso del tiempo ha ido mostrando algunos vasallajes que rechazo de plano. No es que no hubiera aceptado que abriéndome en canal aquí asumía compartir una buena porción de mi vida para lo bueno y para lo malo, mostrándome como soy, como quiero ser, como quiero que me vean, pero el juego inicial se ha vuelto algo torticero al descubrir que también te miran y se espera algo de ti que no puedes dar sin fallar al anhelo de seguir siendo sincero contigo mismo.

Sin ir más lejos, hace unas semanas, uno de los muchos sabios que abundan, tomaba con buena fe, de aquí mismo, unos comentarios irónicos vertidos por mí para convertirlos en estribos de una severa conclusión suya que lo mismo podía haber sido sacada a partir de un libro de botánica. Y hoy, en Nurbu, un amable lector anónimo, también con buena fe, me recomendaba el uso de los puntos para acortar mis frases, ya que según él, el segundo párrafo de una de mis entradas tenía once líneas y por ello no resultaba fácil de leer…

Son dos ejemplos irrelevantes, lo reconozco, pero escenifican a la perfección que no somos otra cosa que lo que los demás quieren ver en nosotros por mucho que uno trate de explicarse; y todo esto me lleva a afirmarme en que las palabras no son capaces de transmitir la plenitud de algunas sensaciones, la profundidad de algunos sentimientos, o la sencillez de algunos estados de ánimo; y a poner en evidencia que si esto es así, como me temo, escribiendo no hago otra cosa que perder el tiempo.

A tres días del segundo aniversario de la muerte de mi padre me fallan un poco las fuerzas, lo admito, y sin querer se me va la vista a cualquier lado por ver si diviso una luz en mitad del océano que me guíe a través de las duras rompientes, buscando algo en el horizonte que atesore en su interior algún sentido a todo esto que me sucede, pero que desgraciadamente aún no me ha sido desvelado.

De la misma manera que imagino que enfrentándome a estos pensamientos disipo mis propios fantasmas y miedos, o en el peor de los casos los alejo, también sospecho que el acto de escribir encierra todavía alguna sorpresa que se me ha pasado por alto, como si en el fondo fuese yo mismo un faro anclado a la roca, y mis palabras, aunque incapaces todavía de explicarme al mundo, como pretendo, la luz que traslade el sosiego necesario a quien ande por la vida más huérfano que yo.

Si es así, me doy por satisfecho.

martes, 2 de marzo de 2010

El buenismo

Años creyendo que pisabas sobre firme y te encuentras con que has caminado todo el tiempo sobre una capa de hielo que el cambio climático ha ido devorando hasta convertirla a día de hoy en una finísima película que a duras penas soporta tu peso…

Hoy he descubierto que mi mapa del mundo necesita recambio, y me han venido inmediatamente a la cabeza las palabras de Avatar durante la entrevista que le hicieron en Radio Telperión hace pocos días, cuando afirmaba que en lo nuestro hay exceso de buenismo. Y he pensado también en la cantidad de dentelladas que he dado al suelo gracias a las buenas intenciones de algunos que me han rodeado y rodean en este mundo, y aún en el otro, en el de afuera, y en que el concepto es esquivo o falaz, o ambas cosas a la vez, porque lo que realmente lleva en sus entrañas son unas enormes dosis de cobardía.

¡Ay, la cobardía. Qué cómoda es cuando el que corre con los gastos es el de al lado!

Llevo tiempo pidiendo más criterio y más implicación a las partes intervinientes en el mundillo de la creación y consumo de los Juegos de Rol, pero observo con cierto desencanto que visto lo visto todavía me queda otro buen trecho de reclamación al maestro armero por ver si me oye de una puñetera vez. Y es que como no mejoremos el sentido apreciativo vamos listos. Y si encima no afinamos el lado crítico y nos dejamos de cumplimientos de fechas o promesas para meter mano a la calidad de los textos, ilustraciones y ediciones, incluyendo precios, aún iremos peor. Y si dejamos que nos gobiernen los del paladar único, ni os digo.

Hace años, en un número de la RPG Magazine, el editorial reclamaba más cultura del Rol, y yo, ejerciendo de buen buenismo contestaba desde Enrolados que la cultura comenzaba por atender a las raíces y apoyarse en ellas, porque para colmo las habíamos tenido y no venían de yankilandia, pero debo reconocer que el esfuerzo ha resultado baldío porque hoy, como ayer y como anteayer, prevalece la sintonía del buenismo amigo, ése que acaricia la oreja y consentimos con agrado aunque apunte a un lugar que no percibe nadie más que nosotros.

¡Ay, ese buenismo en concreto. Qué cómodo resulta cuando al que hiere es al otro, cuando al que reclama promesas incumplidas es al otro, cuando al que exige fechas es al otro!

No deja de tener su gracia la mención que hago a la cobardía y al buenismo en un escenario protagonizado por la llamada de auxilio de una editorial rival cuyo nombre os ahorro, pero que hace unos años, y a través de uno de sus responsables, me exigía a mí, en un foro público, valentía para tirar la toalla en vez de seguir arrastrándome por los suelos… Por buenismo nadie parece recordar ahora las vías muertas que han ido dejando atrás los mismos que cumplían fechas y promesas sin importar a qué precio, y que enarbolando promesas y fechas que no han podido cumplir indicaban a los demás lo que debían hacer y lo que no.

Será porque Ludotecnia no ha gozado de buenismo en su amplio sentido, o porque sus seguidores no son unos indocumentados y saben lo que llevan entre manos, pero el caso es que aquí seguimos, incumpliendo promesas que jamás prometimos.