martes, 12 de octubre de 2010

Ovejas eléctricas


He leído poco a Philip K. Dick. Por avatares de la vida soy más de la Ci-Fi de los años 50 del siglo pasado, aquella cuyos argumentos han nutrido buena parte de la cinematografía fantástica considerada de Serie B, y que descubrí en crudo a través de un extenso trabajo compilativo que descansa repartido en volúmenes en la biblioteca de nuestra casa familiar o vaya usted a saber dónde.

Qué cosas. Ya sea porque gozo de una memoria soberbia que debo a mi línea genética materna, o porque se me erizan los pelos del lomo ante un ligero cambio propuesto sobre algo que creo recordar perfectamente, siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con ella. Casualidad o no, buena parte de la ciencia ficción, o incluso del denominado cyberpunk, ha buscado indagar precisamente en esa capacidad para rememorar o modelar el pasado que tiene el ser humano, en aras de encontrarle sentido y sitio en nuestro universo.

Decía que he leído apenas nada de Dick. Sin embargo, me he metido entre pecho y espalda, y por tres veces consecutivas, Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), alma literaria de Blade Runner, intentando descubrir cuál fue la razón que llevó al autor estadounidense a tratar de remarcar la calidad humana de los Nexus-6, no en su capacidad para recordar, sino en el tesón animal mostrado por los androides a la hora de reclamar la veracidad de según qué recuerdos.

Pero antes de acometer su cuarta lectura me he parado a pensar en que tal vez el quid de la historia resida en la necesidad que tenemos de huir del presente, justificándolo siempre, para lo cual se hace enteramente necesario ajustar como sea el pasado.

En este orden de cosas, el libro de Dick no estaría hablando estrictamente de la memoria, sino de la valentía mostrada por los androides para asumir su propio devenir, circunstancia que a todas luces los elevaría sobre los hombres que les crearon, pues estos, como nosotros, por encima de todo temen su aquí y su ahora, el ser los únicos responsables de lo que acontece a su alrededor, el ser merecedores de disfrutar o padecer su siempre fugaz presente.

Cuestión de responsabilidad ante la vida o no, la cosa de haber adoptado otro prisma para observar la misma idea me está encandilando, toda vez que a lo mejor resulta que lo que heredé de los Isusi no fue su soberbia memoria, sino una forma de plantarse ante el mundo sin miedo a morir, lo que me permite recordar nítidamente el pasado sin necesidad de recurrir a subterfugios ni atajos, asumiendo que lo que tengo en la mano está ahí porque yo he elegido sostenerlo, porque soy consciente de que el instante en que lo siento sobre mi palma puede ser el último…

Dick no hablaba sólo de la memoria, cada vez estoy más y más seguro. La utilizaba en su libro para enfatizar que al ser humano el presente le produce pánico porque es la antesala de un futuro que no admite modificaciones sino asunción de responsabilidades, y que sólo puede ser abordado empleando grandes dosis de esperanza y fe.

«Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Me temo que en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? salimos malparados, pues no hacemos de superdotados rodeados de épica... Las ovejas somos nosotros.

3 comentarios:

Tiberio dijo...

A mí me encanta Dick :)

Yo creo que, en el fondo, "Sueñan..." habla de lo que suelen hablar las novelas de Dick, habla de la realidad. De qué es real. ¿Es humano un androide indistinguible de un ser humano? ¿es una araña un objeto artificial artificial idéntica a una araña normal? ¿por qué sí o por qué no?

katakraos dijo...

Dick es un pedazo de autor como la copa de un pino, y hay mucho más en él de lo que se aprecia a simple vista... te dejo un par de entradas que escribí sobre él... (Y perdón por el Spam)

http://kaosenlared.blogspot.com/2010/01/el-sueno-de-philip-k.html

http://kaosenlared.blogspot.com/2010/01/dick-y-la-belleza.html

Miguel dijo...

Deberias leer "UBIK",es tan enrevesada que llevan tiempo intentando adaptarla al cine y no hay manera.