sábado, 4 de septiembre de 2010

Se acerca el invierno


Tradicionalmente, Charlotte y Mikey agasajan el primer domingo de octubre a los últimos en partir y a los que quedarán. ¡Barra libre en la Charlotte Tavern!

El tren que se llevará a los hombres ha traído víveres y licor para pasar el invierno, así como a muchos de los que emprenderán el viaje hacia las montañas. También ha acercado un pequeño retén de trabajadores para cubrir los huecos que pudieran producirse (pueden ser nuestros PJs ) entre el personal de la N.W.W.C. La mayor parte de las mercancías se quedarán en el almacén contiguo a la estación, cerca del aserradero, bajo la custodia de la Compañía, aunque una buena parte de lo encargado por Mikey se consumirá en la fiesta, lo que animará la caja del establecimiento.

La única actividad del poblado a estas horas de la mañana, se centra en el río, lugar donde tres hombres se afanan por organizar los innumerables troncos que anegan el remanso, y que siguiendo la dirección de la corriente llegarán primero al caudal del río Columbia y más tarde a Robson, al Norte, para pasar el invierno en espera de ser recogidos en el mes de marzo. Varios tramperos y sus canoas se preparan para partir, evitando de este modo el peligro que entraña navegar entre los restos de los árboles a la deriva.

La operación de llevar la carga río abajo será dirigida por un grupo de siete hombres comandados por Rupert North, quienes serán los encargados de dirigir la caravana fluvial a través de afluentes y rápidos hasta llegar al río antes de que el hielo les cierre el paso, a primeros de noviembre; una vez allí el trabajo resultará más fácil y llevadero.

La corriente del Wapta llega a Corina desde el norte, para rodearla buscando la salida en esa misma dirección, aumentando de caudal y de tamaño hasta confundirse con las aguas del río Columbia. El recorrido, antes de llegar al poblado, está plagado de rápidos y desniveles. Esta zona está llena de embalses originados por las presas artificiales construidas por los castores, dado que en su orilla más oriental abundan los abedules y el matorral bajo.

Esta es una de las principales razones por la cual se eligió el lugar como situación ideal para Corina, pues supone la primera ampliación del río, donde la corriente se amansa y se crea una pequeña dársena natural. El embalse fue modificado posteriormente para permitir que con el aumento de calado se facilitase la manipulación de los enormes troncos, una vez cortados. Es en esta zona norte en donde se sitúan los campos de trabajo que se extienden hasta dos millas ladera arriba.

[...]

El frío sol de las 9 de la mañana se eleva por encima del Forbes. North y los suyos se pierden tras el recodo más cercano bajo la atenta mirada de Brawn, quien abrigado bajo su pelliza de piel de oso enciende una desgastada pipa de madera. Minutos más tarde asciende por el camino embarrado hacia la estación de ferrocarril donde comunicará por telégrafo la partida de North. Tras él varios hombres recorren el mismo sendero con dirección al centro del pueblo.

Brawn es un hombre relativamente joven, aún no ha llegado a la cuarentena. Rubio, de pelo ensortijado y elevada estatura, gusta de parecer más adusto de lo que en realidad es. Con su paso firme y su Walker Dragoon a la cintura, supone la viva imagen de la autoridad en Corina. Mientras se acerca a la caseta del telégrafo mira melancólicamente la columna de humo que asciende, desde la máquina, por detrás de la torre de avituallamiento de agua, para bajar de nuevo. «Se avecina tormenta.»

Con paso decidido entra en el pequeño cobertizo.

—Tom, envía ya el mensaje.

Legrain, el telegrafista, abandonará el pueblo junto a los hombres de la Compañía y un par de chicas de vida alegre que han trabajado todo el verano en la cantina de Mikey. La multitud de hombres que se hacinan en los alrededores tardarán muy poco en marchar. Después quedarán demasiados meses en blanco, nunca mejor dicho. Es preferible aprovechar el último tren a Golden.

—O.K., lo hago ahora mismo.

Y se sumerge en su trabajo, aspirando el suave aroma del tabaco de Brawn.

—¿Es nuevo?

—Me lo ha traído Sea desde Vancouver. Es inglés.

Brawn observa silencioso a Tom. Cuando se recibe el mensaje de vuelta, se dirige de nuevo a él y le ordena:

—Cierra todo bien antes de marchar, el año pasado se nos metió un oso...

No muy lejos de allí Mikey recoge el interior de la taberna y se prepara para limpiar el suelo. Entre las sillas descubre un Peace-Maker que recoge con cuidado, temeroso de que Charlotte le vea.

Ella, mientras tanto, se afana en arreglar las habitaciones que han ocupado hasta esta noche misma Brigitte y Denver. Al salir se encuentra la mujer que dará cumplida satisfacción a las necesidades físicas de los que quedan, siempre que lo necesiten y por supuesto previo pago del dolar de rigor. Alarga la mano a Berta y le ofrece 20$ de plata canadienses:

—Dales diez a cada una, y diles que por favor se cuiden.

Berta Campbell baja las escaleras envuelta en una toquilla de lana gruesa. Mikey, levanta la mirada del suelo:

—Despide a las chicas por mí...

—Descuida, lo haré.


Texto correspondiente al capítulo introductorio de Maia, aventura ambientada en las montañas canadienses a finales del siglo XIX, para Ragnarok. Aunque nunca ha sido publicada, debí comenzar a escribirlo alrededor de 1994, y casi lo termino en 1997. ¿Quién sabe si quince años más tarde concluyo la faena?

3 comentarios:

Nah dijo...

muy bueno ;)

por cierto, la web de the old guard rpg no va... ¿siguen vivos?

Avatar dijo...

¿Es una amenaza?

AK-47 dijo...

Buenas tardes ;)

Paco ;) Thanks :P Y sí, siguen vivos ;)

Avatar ;) La verdad es que puede convertirse en una amenaza, porque no pensaba que lo tenía tan terminado XDDDD

Un abrazote

Jose