domingo, 12 de septiembre de 2010

Envejecer como Dios manda


Si pudiera elegir, que obviamente no puedo, elegiría envejecer al estilo de Paul Newman en vez de hacerlo como Tony Curtis, por poner un ejemplo a mano, ya que no me gustan los apaños ni los maquillajes, y en lo personal disfruto de las heridas que va dejando el paso del tiempo a su paso en los que me rodean y en mí mismo, como ya comenté cuando me referí aquí a mi idolatrada Helen Mirren.

En lo laboral me pasa muy parecido, por ello tiendo inevitablemente a buscar referencias que me sirvan en el trabajo gráfico o literario en autores que han logrado diferenciarse en sus respectivas disciplinas precisamente porque han alcanzado la madurez sin preocuparse lo más mínimo por ocultar las cicatrices.

Sergio Toppi ha sido siempre uno de mis iconos preferidos desde que lo descubrí en la revista Totem, allá como en los albores de mis andanzas realmente creativas, cuando contaba con 17 o 18 primaveras, más o menos. A partir de ahí le he ido siguiendo el rebufo, lo confieso sin ningún atisbo de rubor, hasta el punto de que guardo multitud de rastros de su abundante producción en mi biblioteca, lo que en el fondo nunca dejará de ser una buena muestra del grado de devoción que puede llegar a sentir un alumno por aquél a quien considera su maestro…

El caso es que este maestro en cuestión me ha salido respondón, vamos, que por mucho que haya intentado acercarme a su estela durante los treinta y tantos años que llevo en esto, él ha demostrado estar dotado de un algo especial que le ha permitido mantener intacta la ventaja original, obligándome a mí a redoblar mis esfuerzos por reducir distancias, con la boca abierta y la lengua fuera, como de costumbre.

El milanés es un artista excepcional, sé que no descubro nada, y por ello no voy a perder el tiempo en intentar materializar lo grande e inabarcable que resulta, porque gracias a Internet es posible acercarse a su biografía, curriculum y trabajo, en apenas un par de clicks, desperdicio de tiempo que os recomiendo encarecidamente, porque el regalo merece la pena.

Como decía al comienzo, como persona aspiro a morir sin mostrar el más mínimo rechazo a lo inevitable, declinando en mis últimos días con la honestidad física y humana de un Paul Newman, por ejemplo; pero en lo de la plumilla y los pinceles me pido hacerlo al estilo de Sergio Toppi, quien con la cuerda que le queda todavía (nació en 1932), a buen seguro nos lo va a seguir poniendo difícil a tantos y tantos como le admiramos.

2 comentarios:

Gerar dijo...

que bueno el sergio toppi! se curraba unas composiciones tremendas. su depurada técnica con la pluma, sus especiales texturas salvajes manuales y su composición de página, con aquellos fundidos y travellings, hacían que incluso fenómenos posteriores (ya copiando a sus mayores) como Howard Chaykin o Bill Sienkiewicz quedaran como modernos "dèjá vu". yo también tengo material suyo que ya ha amarilleado tanto como nuestra memoria.
siempre es muy bonito ir de alternativo y "superado" cuando tienes tantas referencias AHORA pero, como bien dices, en los tiempos de toppi, victor de la fuente, jose ortiz, Luis Bermejo, Jesús Blasco o breccia por poner unos escasos ejemplos, cuando no tenías mas referencias que una mano por delante y otra por detrás…

Deka Black dijo...

hay que joderse. Primero joe kubert. y ahora Toppi :(