jueves, 26 de agosto de 2010

Una de 7,62


«Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.» [Marcos, capítulo 4, versículo 22]

La vida es un puñetero proceso de destilación en el que adquieres nuevas texturas y te haces más denso y aromático a cambio de ir dejando atrás algo de ti mismo, a veces tanto que para cuando quieres darte cuenta apenas eres capaz de reconocerte de todo lo que has perdido por el camino.

En este sentido, la memoria, jalonada de recuerdos ya olvidados, supone un territorio en el que conviene adentrarse con mucha cautela, no sea que por cualquier circunstancia te asalte alguna deuda personal o ajena que no reconoces, ni siquiera imaginas, pero que te ha estado esperando agazapada para presentarte la correspondiente factura al cobro en el mismo lugar donde la dejaste.

Tengo suerte, para qué voy a negarlo, porque la visitas recurrentes a mi pasado me suponen siempre un viaje gratificante en el que me descubro interpretado por diferentes personajes cuyos papeles gozan de un mismo hilo conductor, de un idéntico espiritu alentador, que por fortuna ha hecho de cabo de guía inasequible al paso tiempo, permitiéndome haber llegado al hoy sin demasiados cambios estructurales.

Obviamente me gusta la coherencia porque es un rasgo que valoro y respeto sobre todo en mis rivales, hasta el punto de que en cuanto lo reconozco en ellos, tiendo inmediatamente a tender puentes de encuentro por seguir creciendo en su compañía, porque si alguien se muestra coherente a pesar del paso de los años, aunque difiera conmigo en cuanto a línea de pensamiento, vale su peso en oro porque a buen seguro tiene convicciones y sabe defenderlas con inteligencia.

Por todo esto, también me gusta sumergirme en la pasado para descubrir las incoherencias y debilidades de todo aquello que me rodea, porque el «donde dije digo, digo Diego» está mucho más arraigado de lo que sospechamos, aunque no baste para desterrar el amargo sabor de una naturaleza humana demasiado dada a mostrar actitudes adecuadas a las circunstancias de un momento concreto, que mutarán indefectiblemente de color y de forma, como por arte de magia, a poco que nuevas circunstancias aconsejen un furtivo cambio de posición en la penumbra, que ya sabemos todos que la luz del día quema.

Así las cosas, no es extraño que leyendo revistas, o artículos y entrevistas, que se escribieron  o dictaron no hace tanto, descubramos hoy mismo que lo malo de antes es bueno ahora; que lo nefasto y criticable a principios de esta década, resulta indispensable y necesario cuando la estamos concluyendo; que los buenos usos y costumbres de hace un puñado de años, resultan ahora tremendamente ofensivos…

Por todo ello intuyo que la memoria es también materia tóxica en la que conviene adentrase bien protegido por una máscara que disponga de los filtros adecuados, y de un buen estómago, por qué no decirlo, sobre todo si queremos indagar en ella un poco sobre la razón por la cual el mercado de los Juegos de Rol sigue caminando como los cangrejos, ya que vamos a darnos de bruces conque el principal problema ha sido y sigue siendo la sempiterna falta de coherencia de un sector que mal que queramos sigue anclado en la miopía cortoplacista y en la constante invención de excusas.

7 comentarios:

csm dijo...

Buenísimo, Josetxu.
No sólo para filtrar el mundo del rol, sino para tantas y tantas cuestiones: esa vista al pasado con un poco de benevolencia y un mucho de aprendizaje...
Para mí, lo importante es descubrirse siempre coherente.
Un besote

Avatar dijo...

La coherencia resulta aterradora. ¿No huele a miedo?

Nah dijo...

nu se, yo solo huelo la caza del dia... XD

AK-47 dijo...

Buenas tardes.

Concha ;) Lo malo es que la coherencia hay que cultivarla, que si no, luego no la encuentras XDDDD

Avatar ;) Yo diría que huele a miedo, porque es echar la vista atrás y ver que todos pecamos de lo mismo, aunque algunos vayan ahora de inmaculados o haciendo heroicidades XDDDDD

Paco ;) XDDDDDDDDDD

Un abrazote

Jose

Abe dijo...

Pues sí pero no. Entiendo lo que quieres decir dentro del contexto del rol, pero yo me sigo reservando mi derecho a equivocarme, a rectificar, a desdecirme, a contradecirme, a cabrearme y tener una idea mejor dentro de diez minutos.

La coherencia está muy bien para hablar de rayos láser.

Claro, otra cosa es ser un HdP.

Orroe dijo...

Buenas noches.

Abe ;) No me refería a «esa coherencia» sino a la que te hace sujetar la espada de la misma manera desde siempre XDDDDDDD Por cierto, me ha gustado lo de «a cabrearme y tener una idea mejor dentro de diez minutos», es de nota XDDDDDDDD

Un abrazote

Jose

AK-47 dijo...

Esto de tener tanto nick XDDDDD

Ahora sí, un abrazote de AK :)

Jose