sábado, 31 de julio de 2010

The Road


Si fuese un libro escrito por alguien que no fuera Cormak McKarthy tal vez no me habría atrevido a mencionarlo, pero habiendo sido creado por el autor de «No es país para viejos» no siento otras ganas que hacer un gesto de profundo respeto ante un autor que describe con las entrañas uno de los amores más profundos que existen y que no entiende de géneros, por mucho que nos hayan llenado los oídos con la cantinela de que los varones no podremos amar jamás a nuestros hijos como sus madres, por la sencilla razón de que no los hemos parido.

Genitalidades y naturaleza aparte, el vínculo entre un niño y sus progenitores es santo, mágico, y McKarthy pone el dedo en la llaga de las estupideces que nos rodean, magnificando en su historia a un individuo varón que ejerce de madre, que cede como madre, que protege como madre más allá de lo que haría un padre, que siendo hombre se abre el pecho como el mítico pelícano hembra.

The Road es una bellísima metáfora barnizada de podredumbre apocalíptica, una oda a la esperanza disfrazada de infinita tristeza, un canto a la vida en mitad de un mundo yermo y muerto…

Tratada con una aspereza literaria que por momentos causa rechazo, la obra de McKarthy nos lleva por una carretera que en el fondo es la vida misma, hacia un final que se antoja imprevisible porque resulta imprescindible, de la mano de un protagonista único que es una relación sencilla, un formato de entendimiento que pende siempre de un hilo, establecido entre un ser vulnerable y su seguridad más inmediata, lo comprensible, de manera que hijo y padre se funden para trascenderse en pos de la única ilusión que puede mantenerlos vivos.

El pequeño pregunta y el adulto responde. El niño interroga y el hombre sueña que la realidad es siempre mejorable, aunque no se le ocurra cómo. Uno y otro interpretan sus respectivos papeles compartiendo dudas y anhelos, haciéndose permeables a los miedos que les asaltan, superándolos juntos, creciendo en comandita, siendo dos y uno a la vez.

No hay resquicios ni fisuras en la trama porque si los protagonistas fuesen una madre y un hijo lo entenderíamos todo. Pero aquí reside el ardid literario de McKarthy, quien trastocando el natural orden de las cosas nos sitúa al borde del abismo enfocando a la figura de un hombre que se comporta como lo que la sociedad entera le niega, escenificando en él que la lealtad hacia un hijo es incomprensible pero sagrada, que lo es más allá de toda lógica, porque hemos nacido para perpetuarnos y esta orden va grabada a fuego en nuestros genes.

Si fuese un libro cuya lectura no me hubiera sugerido un amigo, tal vez no me habría atrevido a mencionarlo, pero The Road, además es bueno y extremadamente inteligente, lo que lo hace doblemente recomendable a pesar de su dureza.

5 comentarios:

Britait dijo...

Buenas señor AK.

Sobrecojedor libro, despues de leerlo me pase un par de semanas melancólico, aun atrapado por la atmósfera de lucha y derrota que tiene el libro.

Hace un par de años hice una reseña en mi propio blog, por si quisieras leerla

http://britait.blogspot.com/2008/10/la-carretera-cormack-mccarthy.html

Un saludo

PD: Sería posible que me enviaras un Piratas! directamente por correo? Quede con los Telperion en que me harian de intermediario pero de eso hace ya meses... Mandame un correo a britait()gmail si quieres y lo hablamos.

Tiberio dijo...

Un libro magnífico, sin duda.

Yo tengo una duda con él desde que lo leí :D. Está claro que los personajes no son verosímiles, especialmente el niño. Son un padre y un niño actuales implantados quirurgicamente en un mundo pos-apocalíptico. Los personajes no se han endurecido como deberían, especialmente el niño, tras haber vivido lo que debieron vivir los años anteriores. No debe olvidarse que el niño nació poco después de iniciarse la crisis.

En circunstancias normales, me parecería un error del escritor. Un error propio de un mal escritor, además. Pero con esta novela no lo tengo nada claro. Sospecho que es otro ardid, como dices tú, una maniobra literaria para conseguir una mayor identificación.

Lo lógico es que el niño fuera menos "niño", sin duda, pero entonces ¿la novela nos llegaría tan profundamente?

No lo tengo claro. Creo que es muy posible que lo que yo veo como un error del escritor, fuera una decisión consciente. ¿tú que piensas? :)

AK-47 dijo...

Buenas noches ;)

Brit ;) Ando con medio estudio en Bialbao y el otro medio en la nueva casa que estrenaremos en Gorliz. Me he matado intentando encontrarte un Piratas!!! arrugado que recuerdo que estaba donde al final no estaba, así que déjame unos días para ver si lo localizo, aunque no prometo nada :P

Tibe ;) Disiento XDDDDDD Te entiendo, Jorge, pero como decía en la entrada, si él fuese ella, a lo mejor se habría resulto la cosa de mejor manera. Y en cuanto al niño, créeme si te digo que llegado el momento son capaces de acorazarse de manera inimaginable. Yo lo he palpado con Josu, el mío, por eso me gustó el tratamiento que daba al asunto McKarthy.

De todas formas, pienso que el autor ha jugado su baza con maestría: el padre como madre, y el niño como ente universal, la bondad humana, la ingenuidad, la perseverancia en la esperanza... Sí, pienso que Cormak nos estaba contando otra historia, tal vez una vivida por él :P

Un abrazote

Jose

csm dijo...

Lo leí hace poco y me resultó durísima.
La impotencia, el amor profundo del padre, la protección, la renuncia, la fragilidad, el paisaje tan descorazonador, la soledad...
El niño refleja la inocencia y la única esperanza de que aún hay posibilidades para el ser humano, más allá del apocalipsis. El "mañana" es posible. Para mí, es como un rayo de luz que McCartthy quiere dejar ahí para nosotros.
Muy dura.
Un besote

AK-47 dijo...

Buenas noches.

Concha ;) Muy dura, pero reconfortante, que ya sabes cómo me molan este tipo de trama ;)

Un besote

Jose