sábado, 10 de abril de 2010

Alicia en el país de las maravillas


Os echaba de menos, que conste, y no tanto porque apenas he tenido tiempo de sacar la cabeza a cuenta de la acumulación de trabajo, como porque aquí, en este diario de un fusil de asalto, sintonizo mejor en frecuencias más bajas que en Nurburgring (¡quién me lo iba a decir hace escasamente un año!). Sea como fuere tenía ganas de volver a este amable reducto con algo que contar, y el caso es que el intervalo entre la última entrada y ésta ha estado lleno de chascarrillos y anécdotas, algunas reseñables; otras no tanto; y otras más que deberán esperar a que el tiempo las ponga en su adecuado lugar para que pueda hablar en público de ellas, no más allá del 8 de mayo próximo.

Dicho esto, y por no demorar el inicio de esta primera intervención después de tan largo silencio, hoy quería comentaros que me he hecho en fecha reciente con un ejemplar de la magnífica obra Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, editada por Blume e ilustrada por uno de mis autores gráficos favoritos: Robert Ingpen. Como de costumbre, tras tenerlo en mis manos busqué inmediatamente referencias sobre el original, para quedar embobado con las peculiaridades que surgen en la misma portada, pues en la edición británica emana elocuente un maravilloso «Illustrated by» que delata la enorme tradición empapada de respeto que rodea el trabajo de los ilustradores lejos de nuestras fronteras, y que hace chirriar, por paupérrimo, al «Ilustraciones de» que aparece en la edición española.

No es por ser tiquismiquis, que también, pero no se puede negar que no es lo mismo que una obra sea ilustrada por alguien, a que ese mismo libro lleve dentro unas ilustraciones de ése alguien. La distancia semántica duele como una puñalada.

Mal que pese a la editorial barcelonesa, Robert Ingpen es también el autor del volumen que ha puesto a la venta, el traductor coyuntural de los contenidos que plasmara Lewis Carroll, el albacea peculiar de tan magnífica herencia universal, y como tal debería haber sido reseñado, lejos del papel de comparsa en el que se le encorseta en España, malversando su contribución a la lectura del texto como si aparte de un destilador de contenidos, que lo es (lo somos), fuese una mera circunstancia que pudiera ser suplida como si tal cosa.

Ingpen plasma a Carroll, un Carroll distinto y diferente, suyo, personal, intrasferible e independiente. Lo entiende a su manera y lo escenifica, lo llena, lo suple o lo atenúa, y esa es la razón por la que compré el libro, no otra.

En nuestro país todavía estamos lejos de comprender de qué va la cosa de la contribución del ilustrador a la confección de un libro, y es una completa lástima. Por esta razón, aquí es común asumir que un ilustrador simplemente decora o acompaña un texto, cuando lo que ocurre es que se compromete con él para que sea entendido de otra manera, llena de matices y sugerencias, que lo enriquecen ante al lector, en una palabra.

Nos queda un trecho para alcanzar el respeto conque se verena a los autores gráficos apenas a unos kilómetros de nuestra secular miopía, pero a pesar de los errores de portada, esta edición de Blume merece la pena disfrutarla, porque está presente Robert Ingpen, pues de Alicia hay un montón de ediciones menos elaboradas, o más, todas ellas legibles, aunque difícilmente tan auténticas como ésta.

5 comentarios:

csm dijo...

Esta España mía, esta España nuestra....
¿Sabes como me introduje en el mundo de la lectura, siendo muy pequeña? Pues gracias a una tía mía (que trabajaba en una editorial) XDDDDDDD y nos regalaba clásicos ilustrados ... unos libros delgaditos con unas portadas preciosas y unas ilustraciones a página completa y doble página, llenas de color y con el texto justo. Así, cayeron en nuestras manos algunos títulos como "La ilustre fregona", "Rinconete y Cortadillo", "El licenciado Vidriera"...quizá no eran los cuentos más adecuados a nuestra edad, pero te aseguro que los mirábamos una y otra y otra vez....y nos hizo querer más, e interesarnos más por lo que esas láminas contaban.

El poder de la imagen y de lo visual es inmediato, de un solo golpe creas y sientes y te acercas o te alejas del texto muchas veces, por lo que esa imagen te "cuenta". ¿Qué se apoya en qué? ¿El texto en la imagen o viceversa?. Por supuesto depende del tipo de lectura a que nos refiramos, pero, hay cientos de soportes que no valen nada si no cuentan con una buena serie de ilustraciones. Es más, su éxito o su fracaso esta íntimamente vinculado al éxito de la ilustración.

Me parece injusto el trato que recibís. ¿Qué sería de una obra de teatro maravillosa con actores que no saben declamar, que no viven el personaje, que no dan "color"? Es más ¿Qué sería de la obra sin ellos?...

Editores e ilustradores estáis condenados a entenderos y a ser situados en el respeto que os merecéis, por el bien de nosotros, los lectores y consumidores. Sería deseable que lo se enteraran de una vez.

...Esta España nuestra....

Un besote, Josetxu, y que no nos faltéis ;P

AK-47 dijo...

Buenos días.

Concha ;) Un de los principales problemas que tenemos los ilustradores como colectivo, es precisamente el desconocimiento de lo que supone nuestra contribución en un libro. Si a ello sumamos que los editores suelen abundar en estar más preocupados por valores crematísticos o de mercado, obtenemos un escenario bastante similar al que sufren los traductores, de manera que el valor añadido que aporta la ilustración o la traducción a una obra, se entiende como un elemento más del proceso productivo y no como tal. De ahí que surjan las abundantes faltas de respeto conque se llena el panorama editorial patrio.

Sería deseable que nos entendiéramos, pero para eso hay que luchar mucho, y la verdad es que no veo un feliz desenlace a corto plazo :P

Un besote

Jose

Cata dijo...

Pues sí que esto es curioso, sí, aunque desgraciadamente cotidiano.

Y me has quitado de la boca que la misma situación la padecen los traductores. Si bien se atribuye a los directores de orquesta sus personales cualidades que hacen que la obra interpretada pueda disfrutarse en todo su esplendor, y se les reconocen sus méritos por ello, es cierto que no pasa lo mismo con ilustradores y traductores. Aunque esté claro que una obra pueda arruinarse casi por completo por la intervención de un ilustrador que hace que uno no quiera ni asomarse al interior del libro, o que al comenzar a leer un texto traducido lo dejemos por insufrible o intragable, cuando una obra en la que todos ellos intervienen obtiene un merecido éxito, todo ese mérito se atribuye al que se considera como único autor, el escritor.

Algún día serán más los que lo reconozcan que los que no, porque sólo hay que pensarlo un poco para darse cuenta de que resulta evidente. Una pizca de optimismo y ¡tiempo al tiempo!, ¿no creéis?...

alberto_orco dijo...

Totalmente deacuerdo, manuales de rol como Ragnarok o Quidam, a pesar de que no estar llenos de ilustraciones, no serían tan oscuros ni tan aterradores sin la aportación de un buen ilustrador ;)

AK-47 dijo...

Buenos días.

Cata ;) Avatar y yo solemos charlar a menudo de la situación paupérrima que viven también los traductores en España. Y sí, ¿por qué no? A ser optimistas ;)

Alberto ;) Las ilustraciones de un libro o apoyan o son un estorbo. me alegro por lo que me toca que Ragna y Quidam tengan ese puntito especial que aumenta lo contado en el texto ;)

Un abrazote

Jose