martes, 9 de febrero de 2010

Sólo a veces

 
No me suele ocurrir siempre, pero de cuando en cuando miro dibujos míos como si los hubiese realizado otra persona. También me ocurre con alguno de mis textos, sobre todo con los más añejos.

Recuerdo un día en que por matar el rato se me ocurrió ponerme a leer El Tres Fuegos volviendo del estudio, y en vez de apearme en Las Arenas, donde me corresponde, me dejé llevar por su lectura hasta que terminé en Plentzia, final del trayecto, como nueve estaciones más tarde, para que nos entendamos. Aquello tuvo fácil arreglo: esperar al próximo tren de retorno hacia Bilbao, y asumir que llegaría a casa más tarde de lo previsto, pero como digo, hay momentos en que observo mi trabajo y no lo reconozco, y jamás se me había ocurrido preguntar si le pasa a alguien como a mí, no vaya a ser que descubra a estas alturas que soy más raro de lo que me siento.

El caso es que revisando las cosas viejas que os comentaba el otro día, he dado con algunos dibujos preliminares de SSHospital. Hay abundantes bocetos de edificios viejos, pabellones solitarios, laboratorios y quirófanos en ruina, escaleras o jardines abandonados, etcétera, imágenes todas ellas que surgieron del abundante material fotográfico que reunimos entre Carlos y yo en el transcurso de un puñado de semanas. También me he dado de bruces con un par de láminas terminadas que sirvieron de base para el trabajo posterior, el que verá la luz cuando publiquemos el libro; pero ¿por qué fueron desechadas?

Contestar a esta cuestión siempre me resulta perezoso. Sospecho que como tentativas que fueron, surgieron un poco a su aire, yendo por libre, sin rumbo definido, como buscando un tono gráfico adecuado con que compensar o ensalzar la literatura a la que deberían haber acompañado, sin tener muy claro cuál habría de ser, sólo intuyéndolo, y que por eso mismo, una vez cumplido su cometido, fueron metidas en el cajón de los recuerdos.

El caso es que mirándolas hoy, se me ha llenado la cabeza de sensaciones vagas y de recuerdos difusos, y también de multitud de preguntas, porque el aspecto sombrío que presentan tenía que responder a algo concreto, a un estado de ánimo preciso que no alcanzo a vislumbrar ahora, pero que debió de estar en el allí que me cobijaba mientras dibujaba como lo hice, porque en este sentido, tengo que confesar que todo lo que hago transmite algo de la actualidad que me rodea, y que por esta misma razón sé que tuvo que haber alguna circunstancia que me llevó por tan extraños derroteros, aunque mi memoria la haya borrado del mapa.

¡Qué complejos somos! Como he comentado alguna vez en este mismo blog, lo de explorar con las ilustraciones o los textos forma una parte casi indispensable de mi trabajo, y me consta que también en el de mis colegas más cercanos; pero el caso es que pensaba que lo llevaba bastante bien, vamos, que no me pesaba, aunque después de volver a ver lo que hice en 2005 y no reconocerme en ello, me mosquea que mi cabeza y mi mano sean capaces de funcionar de forma tan autónoma, tejiendo, plasmando ideas y sensaciones que al cabo de unos años me resultan tan incompresibles y sugerentes como si las hubiera trazado un extraño. ¡Menos mal que sólo me sucede a veces...!

2 comentarios:

Cata dijo...

Pues a mí me sucede siempre, claro que hay que tener en cuenta que ¡yo sí que no las he hecho! (aunque sí haya podido ver como "surgían" del papel en blanco).

¿No será que acaban por tener vida propia y parecen estar ahí por generación espontánea?

Sea como fuere me gustan cada vez que las veo, y siempre te encuentro en cada una de ellas. ¿Te acuerdas de cuando te reconocí en la sala de espera del hospital? Cosa rara, no había visto nunca aquélla ilustración, pero supe que eras tú.

¿Ya te he dicho que me encanta?... ¡Qué envidia me das!

AK-47 dijo...

Buenas tardes.

Cata ;) Tienen vida propia, si no no me atraería tanto meterme con ellas XDDDD Pero me mosquea este desencuentro pasados los años :P Sí, son mías, pero como si no lo fueran XDDDDD

Un besote

Jose