jueves, 4 de febrero de 2010

El hombre que nunca estuvo allí


Ha muerto un hombre que no existía. El hecho, en sí, puede carecer de relevancia, aunque el personaje al que estoy aludiendo sí parecía tenerla pues en vida fue un rebelde que renegó de publicar por seguir escribiendo y ser fiel a sus lectores dando lo mejor de sí mismo; para ser exactos: por seguir disfrutando del acto de escribir y seguir así siendo íntegro tras haber dado a la historia de la literatura una de sus mejores obras, que lo mismo habría resultado que no hubiera sido tan existosa.

Como digo, ha desaparecido un tipo sin importancia que en la España rolera de finales del siglo pasado, o de inicios del presente, habría sido vilipendiado, escupido, insultado, porque como es bien sabido, aquí, en nuestro pequeño círculo endogámico y cargado de recelos idiotas ante las diferencias, quien no publica no existe, y si quien sea pretende reivindicar su entidad indiscutible recurriendo a la sencillez del acto creativo que lo sustantiva como ente que se prolonga en el tiempo a través de su obra, además de vacuo será tachado de loco, y de atar, ¡nos ha jodido!

El caso es que se nos ha ido uno de los iconos del siglo XX, un tipo que renunció a las servidumbres de la edición por degustar de manera manifiestamente egoista del fruto de su trabajo intelectual, sin trabas, sin cadenas ni esclavitudes, y sin necesidad de excusas. Ha fallecido J. D. Salinger, el creador de El guardián entre el centeno, y me alegro de que lo haya hecho en Norteamérica y no en España, y que no se dedicara en vida a la creación de Juegos de Rol, porque en caso contrario, en este país lamentable en que vivimos, habría quien ahora mismo esgrimiría el sagrado axioma tantas veces enarbolado por el que aquél que no está en las estanterías no es nada, para desvirtuarlo a él, a su posible legado, y por extensión a lo que dejó pubicado, no fuera a ser que por un quítame allá esas pajas se escapara la oportunidad de enfatizar el pecado de quien se muestra tan altivo como para demostrar que se puede vivir sin el amparo y beneplácito de los que abren peajes o extienden salvoconductos; y es que como es bien sabido, y conocido, quien no cumple con los requisitos que establece el parvulario ávido de un respeto y una seriedad que se miden sólo a golpe de cronómetro y fecha en el calendario marcada en rojo, no merece otro homenaje que la pedrada  en la cara o el silencio más envidioso y sonado.

Como digo, ha muerto un hombre que antepuso la integridad y elaboración de su obra a sus deberes como autor; alguien que osó alzar una férrea frontera entre su intimidad y el afuera, entre lo que le sustantivaba como persona y el deber comercial, la penuria del éxito o la onerosa crítica comercial; que siempre suelen ir juntas; cuestión crucial que en el mundo que bulle lejos del nuestro, del chiquitito y asfixiante que nos acogota y nos convierte en miopes, ha sido entendido como síntoma de profunda inteligencia, originando que nadie haya osado negar que fue lo que fue y que ejerció de lo que ejerció, porque incurrir en ello sería un absoluto despropósito y un contradiós, una blasfemia, una grotesca ceguera ante lo evidente.

¡Viejo. Te echaré de menos y leeré lo que nos has dejado como si lo hubieses escrito hoy!

2 comentarios:

antipático dijo...

No sé si estoy muy de acuerdo en la integridad del personaje. Aunque su voluntaria exclusión del mundo y su reclusión no ha permitido todavía conocer en profundida la vida de Salinger, Es verdad que se negó a publicar y a exponerse a la fama y quiso preservarse de ese veneno, sus derechos de autor se lo permitían, y el gesto en sí es loable. También es indiscutible que fue un magnífico escritor, de los mejores, nadie lo pone en duda a estas alturas. Yo admiro su obra profundamente. Pero aparte de esto, lo que sabemos de su vida no es precisamente edificante.Creo que es interesante lo que publica hoy en el suplemento de Babelia de EL PAIS, sobre el binomio "gran artista-mala persona", porque probablemente a él le cuadra perfectamente esa definición.

AK-47 dijo...

Buenas tardes.

Antipático ;) Encantado de tenerte por aquí. Hoy mismo publicaba El País una información totalmente contraria a la de ayer, y ahí radica la grandeza de personajes como Salinger, que son legibles desde diferentes prismas, pero siempre sugerentes, porque su obra los trasciende.

Un abrazote para ti, y un besazo enorme para Lourdes ;)

Jose