domingo, 14 de febrero de 2010

Balada por Shinnosuke


El atardecer, plomizo y sombrío, como si tuviera conciencia de lo que estaba sucediendo, parecía un animal dispuesto a devorar el edificio antes de romper a llorar. ¡Ojalá pudiera!

Todo había comenzado a complicarse tras la muerte de Shinnosuke. Antes, los sucesos sin explicación habían producido algún sobresalto que otro. Después se suspendieron las clases durante una semana, tiempo tras el cual el centro volvió a abrir sus puertas con todas las ventanas enrejadas y la presencia de tres vigilantes jurados que pagaba el Ayuntamiento, y que cuidaban del recinto repartidos en turnos de ocho horas.

—¿En qué piensas?

—En nada.

—Va a ser eso.

Si las palabras lógica e instituto no estuvieran íntimamente reñidas, a alguien de arriba se le debería haber ocurrido pensar, tras lo sucedido, que hacía falta algo más que un grupo de descerebrados para poner en jaque las leyes más elementales de la física, y que por tanto, lo que fuera que nos había metido el miedo en el cuerpo iba a continuar haciéndolo a pesar del refuerzo de las medidas de seguridad. Además, como aquella parte de la historia se había cerrado como se zanjaba todo en nuestra amada institución: con algunas amonestaciones acompañadas de las correspondientes invitaciones para que los padres de los presuntos culpables visitaran el despacho del jefe de estudios, todo apuntaba a que aunque el primer tiempo parecía haber terminado en tablas, durante el segundo íbamos a sucumbir por goleada, como lamentablemente ocurrió.

—¿Tienes costo?

—No uso.

—Va a ser eso.

El animal había comenzado a llorar. Gruesos goterones empapaban el suelo oscureciéndolo por completo. Sentados bajo el saliente del tejado del garito, lo que ocurría a nuestro alrededor parecía formar parte de una película muda a la que asistíamos por simple compromiso, mi compañero al compás de la música que crepitaba a través de los diminutos cascos de su MP3; yo, con la mirada fija en un lugar que no lograba distinguir.

—¿Y un pitillo?

—Me estoy cuidando.

—Va a ser eso —se quitó el auricular derecho.

—Va a ser eso, va a ser eso ¿por qué dices siempre va a ser eso?

—Es la respuesta sencilla de Jack.

—¿Has vuelto a ver «El club de la lucha»?

—No, he vuelto a leer el libro, ¿algún problema?

—¿Qué tal con la psicóloga? —no sé cuál fue la razón que me llevó a preguntarlo, sabía perfectamente que aquella herida estaba abierta.

—Qué quieres que te diga, la tía se lo está currando, pero no me voy a dejar atrapar... Oye, ¿en serio que no tienes materia para un canuto?

—No, y aunque tuviera...

—¿Aunque tuviera? —repitió cínicamente mis palabras.

—No me ralles —contesté mecánicamente.

—Diez a uno a que lo de Shinnosuke te está sorbiendo el coco. Vaya mierda, para un tipo bueno que conoces, va y se quita de enmedio.

El lunes y martes de aquella semana no le vimos. El miércoles, a primera hora, una nota solitaria en el tablón de anuncios nos informó de que había fallecido, de que no habría clases en señal de luto, y de que la misa funeral se celebraría a las siete en San Nicolás. Para nosotros la noticia olía a rancio, Dueñas nos había venido con el cuento la tarde anterior.

—¿Qué crees que se le cruzó por la cabeza para hacer lo que hizo?

—¿Y yo qué sé?

Pocos profesores se atrevieron a explicar algo; el resto, sencillamente pasó de puntillas sobre el asunto como si no fuera con ellos.

—El único requisito para que el mal triunfe es que la gente honesta no haga nada…

—¿A qué viene eso?

—Me apetecía, pero no tiene importancia, es un pensamiento de un tipo que no conoces —Omar odiaba parecer diferente, pero lo era.

—No me calcines, por favor.

—Va a ser eso.

Shinnosuke había sido un tipo legal, de esos a los que no les hace falta inventarse nada para ser respetado. Antiguamente, a los que habían hecho lo que él se les enterraba fuera de los cementerios, sin misa. Por eso, de la cantidad de cosas raras que habían sucedido, la que más me había llamado la atención era que le hubieran hecho un funeral, entre otras razones porque él no creía en esas historias. Sí, bueno, creía en el más allá, pero no en los aduaneros de turno. Le gustaba el rollo místico de que hubiera algo mejor más allá de esta vida, un lugar tibio que compensara haber vivido en esta porquería, pero pasaba de los que hacían bandera de ello. A falta de una explicación mejor, supuse (no era el único) que su madre o sus hermanas habían decidido enmendarle la plana una vez había palmado, por aquello del qué dirán. Nada nuevo, sin ir más lejos, mis padres se habían casado por la iglesia por la misma razón, y me habían bautizado por no matar de un disgusto a media familia. Me volví hacia mi amigo:

—¿A los árabes os bautizan?

—Los yankis amenazaban con bautizar a los iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib para torturarlos, y lo hacen en la actualidad en la de Guantánamo… Sintetizando: no es una buena idea.

—Me refiero a que cuál es el rollo que os lleváis para ser recibidos en la comunidad.

Recibidos en la comunidad —repitió mi frase como recitándola, apostillando cada sílaba—. Bonito pensamiento, ¿de dónde lo has sacado?

—Fui a catequesis durante un par de años, ¿contento?

Sorry, dear! ¿Te han quedado secuelas?

—¿No puedes responder a una pregunta sin hacer otra?

—¡Relájate! Yo anduve estudiando el Corán más o menos durante el mismo tiempo…

—¿Tu padre?

—¡Quita!, cosas de mi abuela.

Vivía con sus viejos en la zona más lujosa, aunque nadie lo diría. Su padre, agregado del Consulado de Egipto, y su madre, traductora, habían tratado de darle una educación laica y democrática en la escuela pública, con la esperanza de convertirlo en un hombre de provecho, aunque a todas luces algo había fallado, porque a pesar de estar repitiendo, Omar seguía acumulando faltas de asistencia y suspensos, fumando porros y vistiendo de pordiosero, como si una parte secreta de sí mismo estuviera empeñada en darles la razón a los que ya le habían etiquetado de rebelde y conflictivo. Lógicamente, y como nos ocurría a la mayoría, también había terminado en manos de un hurgacocos.

—¿Vas a contestar de una vez o me vas a dejar colgado?

—Nos circuncidan —soltó de forma seca.

—¿Cómo a los judíos?

—Sí, como a los judíos —apagó su MP3.

—¿En serio?

—¿No estarás pensando en que te la enseñe?

—Viéndoos por la tele nadie diría que los judíos y vosotros tenéis las mismas costumbres.

—No somos tan diferentes, también comemos, meamos…

—No me vaciles...

—Pues sí, a los judíos y árabes nos arreglan la colilla cuando no podemos protestar, y cuando podemos, nos enseñan a comportarnos como trogloditas para que nos partamos la cara.

—¿Y a las tías? —pregunté ingenuamente.

—Las machacan cuando son pequeñas, así, cuando son mayores no hay diferencia entre cristianas, judías y árabes.

—¡Tiro la toalla! —anuncié derrotado.

—Va a ser eso.

A una semana y media de la reapertura, la cosa empezó a ponerse realmente fea.

—¿Puedo preguntarte una cosa?

—Todo tuyo, colega.

—Quiero decir que si puedo preguntarte algo sin que te mosquees…

—¿Vas a preguntarme por qué me empeño en arruinarme la vida? —me miró directamente a la cara.

—No, iba a preguntarte si le echas de menos —le sostuve la mirada.

—Déjame en paz —Omar volvió a ponerse los cascos y encendió su MP3. A nuestro alrededor se hizo un silencio espeso, sólo roto por el sonido que hacían las gotas de lluvia al estrellarse contra el suelo.


Primer capítulo completo de un libro sobre adolescentes en el que estoy trabajando, y que si nadie lo remedia se publicará bajo el mismo título de esta entrada.

7 comentarios:

Cata dijo...

Recuerdo cuándo, cómo, y por qué todo esto empezó a tomar cuerpo.

¿No son un tanto crueles algunos digamos "pasajes" de la vida? No sé si "pasajes" será la palabra, pero me niego decir "etapas" porque parece que uniformiza nuestras particulares experiencias en ciertos momento de la existencia y no creo que las circunstancias de todos sean o pasen por lo mismo...

Me gustaría leer el final.

AK-47 dijo...

Buenas tardes.

Cata ;) Josu ha sido y sigue siendo el nutriente principal de mi universo infantil, y por ello mismo no cambiaría por nada aquella «etapa» en la que naufragaba en el coño instituto :P Quieras que no, como llegue a la F1 me pido ir de VIP con él XDDDDDDD

Un besote

Jose

csm dijo...

Bueno, cada uno vive de forma única e irrepetible cada momento del camino, aunque nos parecen extremadamente personales, todo resulta ser más "normal" y "corriente", todo se "vulgariza" en etapas ... es más, si echamos un poco la vista atrás, hasta podemos reconocernos en la rebeldía de nuestros hijos,.... con la distancia de las formas, ¡claro!.

La historia es dura pero buenísima. A ver si te animas y nos muestras cómo sigue. Me encantaría bucear en este mundo de los chavales.
Un besote

AK-47 dijo...

Buenas noches.

Concha ;) La historia es preciosa, pero «inquietante» XDDDDDDDDD, y acaba bien porque la final de todo camino siempre hay premio ;)

Un besote

Jose

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE


ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CABALLO, LA CONQUISTA DE AMERICA CRISOL Y EL DE CREPUSCULO.

José
ramón...

PiratF1 dijo...

Hola Jose,
Es la primera vez que escribo aquí aunque llevo varias entradas leídas y cada una me gusta más.
Ésta te la he enlazado con mi última entrada en Retales.

Con el paso del tiempo y con la perspectiva que da éste, puedo imaginar (y admirar también ahora que soy padre) la paciencia y el temple de mis padres cuando aterricé en la "edad del pavo", con las hormonas hirviendo a raudales y un millón de preguntas existenciales en la cabeza que me colocaron en el grupo de los incomprendidos, rebeldes con causa o sin ella, que si no la teníamos la buscábamos, pero experimentando con el recién descubierto filo de nuestro ingenio, sin tener otra forma de descubrir cuánto corta éste y cuán profundas pueden ser sus heridas más que con el viejo, humano y empírico método del ensayo y error.
Creo que son pasajes de la vida por los cuales debemos pasar. Nos ayudan a formarnos como personas aunque el instinto de protección nos tense los nervios como la cuerda de un arco.

Un abrazo compañero. Me ha gustado mucho ;)

AK-47 dijo...

Buenos días.

José Ramón ;) Gracias por compartir tu poema con nosotros.

Juan ;) Al final lo que importan son los mimbres, y si están bien trenzados, se superan las edades del pavo y las del animal que sean XDDDDD

Un abrazote y gracias.

Jose