viernes, 24 de diciembre de 2010

Horra! Horra!


Olentzero joan zaigu
mendira lanera
intentzioarekin
ikatz egitera.
Aditu duenian
Jesus jaio dela
lasterka etorri da
berri ona ematera.

Horra! Horra!
Gure Olentzero!
Pipa hortzetan duela
eserita dago
kapoiak ere baditu
arraultzatxuakin
bihar meriendatzeko
botila ardoakin.

Inolaz ezin dugu
Olentzero ase
bakarrik jan dizkigu
hamar txerri gazte.
Saiheski ta solomo
makina bat este
Jesus jaio da eta
alaitu zaitezte.

Horra! Horra!...


¡¡Feliz Nochebuena a todos!!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Brotes verdes




Dos muestras de las cinco ilustraciones realizadas para las bibliotecas de Trapagaran (Bizkaia), a finales de 2006, con motivos de animación a la lectura, sobre un dibujo con lapicero de esbozo y lavados de acuarela a primer color.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El temible burlón

El noble arte de nadar y guardar la ropa es demasiado antiguo como para dedicarle unas líneas con la intención de aportar algo nuevo. No ocurre lo mismo con el arte de respirar bajo el agua, tan noble y viejo como el otro, pero mucho menos trillado.

Ya lo hemos olvidado, seguro, pero este bullicio virtual en que no movemos a diario apenas existía hace un puñado de años. Yo agradezco el actual panorama, qué queréis que os diga, tanto que me he permitido asumir el papel de narrador de mis propias historias en unos cuantos lugares, pero lo cierto es que nuestro mundillo ha adolecido siempre de una lamentable carencia de cauces de comunicación, auténticamente solventes e independientes, que permitieran el natural trasvase de información entre aficionados y editoriales que ayuda en la actualidad a que otros sectores crezcan como la espuma de una cerveza bien servida. [Leer más]

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Lo mejor de mí mismo


El dibujo que abre esta entrada corresponde a una copia en papel de un pequeño fotolito que pertenecía a mi padre, de cuando él y otros muchos dibujantes de Bilbao luchaban codo con codo por dignificar su profesión, allá como a mediados de los 70 del siglo pasado.

La última vez que lo sostuve en las manos, el fotolito mostraba el típico tono anacarado intenso de aquellos elementos transparentes que más tarde se convertirían en finas láminas para luego desaparecer. Lo deposité en las suyas, huesudas pero aún hábiles como pocas, para perderlo definitivamente de vista. Seguramente alguno de sus buenos amigos lo habrá dejado en herencia a un nieto o a una nieta, a un Jon o a una Triana, con el recado de que lo cuiden como un tesoro porque era de Julián…

Sí, era de Julián, mi padre, y aunque recuerdo perfectamente que me lo dio para que me cuidara de los clientes, el peor enemigo, supe de sobra que seguiría siendo suyo porque para Tatito (así me llamaba) siempre había un mañana abierto a la promesa de cualquier otro recuerdo infinitamente más grande y profundo. ¡Jodido Julianchu!

No divago más, que me conozco. Rescatada la única copia que tengo de aquella verdad escrita, la traigo hoy a colación porque con esto de los diseños de la colección Cliffhanger han surgido algunos pequeños debates acerca de su acierto o desacierto, en público y en privado, y afirmando tajantemente que agradezco siempre y en lo que vale cualquier aporte, por rocambolesco que parezca, quiero explicar también que lo impermeable que suelo mostrame ante cualquier sugerencia no corresponde a un exceso de soberbia o testarudez, que también podría ser, para qué vamos a engañarnos, sino a una postura ante mi trabajo que se ha ido macerando gracias a que pertenezco a una generación de diseñadores que fuimos plenamente conscientes de que el autor es la primera y la última frontera a la hora de defender su obra.

Bien mirado, como me gusta hacerlo, es una sencilla cuestión de responsabilidad que muy poca gente llega a comprender en su justa dimensión, pero entendedme, si el diseñador alberga dudas, el cliente no hará sino ampliarlas. Si el primero presenta dos opciones, demostrará que no sabe cuál es la buena. Y si está abierto a aceptar alternativas… simplemente la estará cagando.

Soy duro de roer en esto porque me tomo mis proyectos completamente en serio.

Puede que no acierte o que lo haga por simple carambola o conjunción de astros, pero si pergeño un garañón en el que creo, difícil será apearme de la burra porque detrás de cada una de mis decisiones hay muchas horas buscando la mejor solución a mis propias dudas. Y si por fin las resuelvo y paso las conclusiones a limpio y las presento en público y las firmo, es sencillamente porque puedo defenderlas con uñas y dientes en cualquiera de sus minúsculos aspectos.

Ése y no otro ha sido el mejor y mayor legado que me dejó mi padre: el pundonor de aceptar que aun a riesgo de equivocarse, se puede luchar por ofrecer lo mejor de uno mismo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Arte u oficio

Acabamos de resolver (de mutuo acuerdo) el contrato que facultaba a un grupo de aficionados para desarrollar la tercera edición de Ragnarok, una vez que su proyecto editorial no tenía visos de continuidad —tranquilos, desde mediados de junio estamos negociando, a buen ritmo y con buenas perspectivas, para que el año que viene tengamos por fin la tan ansiada tercera edición—...

La situación no es nueva, ya en 2001, como imagino sabréis, pactamos la tercera edición de Mutantes en la Sombra con Edge y Astiberri. Desde noviembre del mismo año, Edge, en solitario, es la encargada de llevar adelante el proyecto. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 20 de Julio de 2003. 

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cliffhanger


Hacer diseño gráfico me relaja, más si cabe cuando por suerte puedo elegir aquellos trabajos en los que voy a intervenir.

El hecho de disfrutar durante la elaboración de un proyecto de diseño me parece crucial, porque en el fondo se está completando un puzzle, y como no te enfrentes al empeño con el estado de ánimo adecuado… Seguro que me vais entendiendo.

En un diseño hay que encajar piezas, muchas casi siempre, demasiadas a veces, y por ello se hace necesario establecer primero un marco general donde se encuentren delimitadas las líneas generales que ayudarán a buscar el aspecto definitivo.

Hoy, la verdad, no tengo mucho más que decir. Me apetecía compartir con vosotros este pequeño prototipo de juguete que tendrá un tamaño de 130 por 190 milímetros, en formato vertical, con un generoso lomo de 8 milímetros… ¡ahí es nada!

sábado, 30 de octubre de 2010

Merece la pena


Si me ofrecieran para mí solito una playa en el Caribe donde descansar, seguramente rechazaría la oferta yéndome a tomar una buena ración de soledades frías en Groenlandia, por ejemplo.

Qué queréis que os diga, no me he vuelto loco pero me tira lo extraño, lo infinitamente blanco, lo silencioso y enigmático, y eso que mis mayores hazañas oficiales se pueden contar con los dedos de una mano: dormir en las campas de Arraba a seis grados bajo cero; pasarme dos días más solo que la una en mitad de Urquiola; o alcanzar el puerto de Algorta a nado previa travesía de El Abra. Aunque hay más, obviamente, pues 51 años dan para mucho, pero no son narrables.

Sí, he vivido nadas inmensas cuyo tránsito no le deseo ni al peor de mis enemigos; soledades gélidas que dolían como si me estuvieran partiendo en dos; incomprensiones prolongadas en el tiempo que parecieron en su día condenas a cadena perpetua… De manera que habiendo salido ileso de todas estas circunstancias que acabo de contar, me ha quedado una especie de impronta con la que he aprendido a convivir con bastante naturalidad, hasta el punto de que echo de menos algo que hubo y que no hay porque reconozco haberme sentido infinitamente más vivo en mitad de la nieve y sin brújula, que ahora que las cosas, por fortuna, van como cualquier ser humano aspira a que vayan.

Repito que no me he vuelto loco ni nada parecido, al menos de manera consciente, pero negar tal rareza que me decora a estas alturas de mi vida sería como renunciar públicamente a la compañía del tipo que más veces me ha salvado el culo, y entendedme, por simple cautela prefiero que siga estando donde ha estado siempre para echarme una mano cuando ha hecho falta, y lo más cómodo posible.

Y si él quiere ir al norte, volver a los silencios perpetuos, a luchar por la vida porque de otra forma se escapa, a vender cara la piel, a soñar por si suena la flauta… pues allá que voy yo a su sombra, por mucha playa caribeña que me pongan como cebo para seguir aumentando la circunferencia de mi barriguilla mientras asesino días y días que si no lo remediara caerían por su peso al cesto del olvido.

Esta semana ha sido dura, en cierto modo estresante si no fuera porque vuelve a haber una meta difusa en el horizonte que quiero alcanzar.

Anteayer hice noche en el estudio para doblar la rodilla a las 10 de la mañana, como un jabato, como si tuviera veinte años menos. Nada del otro jueves (nunca mejor dicho). Había que intentarlo y no me lo pensé dos veces, y no me arrepiento aunque me siento molido por fuera y por dentro, porque como he dejado dicho al comienzo, entre algo fácil y algo difícil, lo que me ha hecho sentir tan vivo otras veces me está animando a tomar el camino menos dulce ya que sé perfectamente que es el que realmente merece la pena, y porque en el fondo intuyo que de eso va todo esto que llamamos sentirse vivo.

martes, 26 de octubre de 2010

Carta abierta a «Perro Malo»

Hola, Perro Malo. Perdona que recurra a ti de esta forma, pero es que llego tarde para enviarte esta carta como Dios —Dios quiera que exista— manda.

El caso es que haciendo uso de mis atribuciones como editor desclasificado, recurro al único canal abierto para que mis preocupaciones lleguen a vuestros oídos con la antelación suficiente, porque tras la lectura del editorial del número 7 me han asaltado serios temores, y terribles dudas. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 14 de Julio de 2003.

sábado, 23 de octubre de 2010

Las palomitas


Con los tiempos que corren, afirmar sin más preámbulos que no tengo nada a favor o en contra de Alex de la Iglesia suena a apertura de troneras por la banda de estribor, pero juro por lo que más queráis que lo que digo es enteramente cierto.

Sé del Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (¡tela el nombrecito!) desde que aterricé en la vieja Ludotecnia, y a cuenta de una idiotez como la copa de un pino, porque un imbécil de los que nutrían su séquito por aquel entonces, tuvo la feliz ocurrencia de reírse de la editorial para la que yo dibujaba proponiendo a Igor y J&F, oficialmente, hacer un Juego de Rol sobre la ópera prima del director bilbaíno, Acción Mutante.

No os aburro aunque tengo material para hacerlo. Alex, resultaba que era fundador de Los Pelotas, junto a Biaffra, quien a su vez andaba estudiando Bellas Artes un curso detrás que yo (¡qué buena cosecha la de aquellos años iniciales del Plan Nuevo!). Alex se había pillado para interpretar al camarero de Mirindas Asesinas, su corto más mitológico, al que por aquel entonces era marido de Nieves, la vecina del primero de la casa donde vive mi madre en Santurce. Alex, años después, resultó ser el vecino de Joseba cuando la familia Calle vivía en Alameda Urquijo…

Me cae bien Alex aunque no comparta ese credo que profesa y que ha permitido que artistas como Pedro Almodóvar comenzaran haciendo obras rupturistas como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, para soltarnos al cabo del tiempo pedruscos indigestos como Los abrazos rotos, pretendiendo que reconozcamos que hacen obras de autor aunque no queramos (otro día me suelto con este punto que dejo de momento en suspenso).

Me cae bien Alex, pero me carga su forma de ejercer de artista porque de sus películas sólo soy capaz de quedarme con dos: El día de la Bestia y La comunidad, ya que el resto me parece un puñetero trágala con el que no comulgo así me maten, por mucha experiencia artística que supongan.

Me cae bien Alex, pero me jode sobremanera que se haya convertido en un estereotipo de redundancias y que haya aceptado serlo, porque haber sido elegido entre sus correligionarios como Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (¡tela, tela el nombrecito!) es en sí un enorme premio. Pero si el peldaño sirve, como parece que sirve, para calzarse el Premio Nacional de Cinematografía y aceptarlo sin que se lo hayan dado a un Cuerda o a un Franco (a Jesús, no a Francisco), como que suena a lo que suena, a metáfora de lo que supone ser artista en esta España tan nuestra, donde te pagan dos temporadas de una porquería como Plutón Verbenero porque hay que hacer causa de un bodrio que no ve ni la madre que parió al del insomnio.

Me cae bien Alex, pero le prefiero como le recuerdo, vivo, audaz, animado, atento y acerado, consciente de que la cultura se hace a base de palomitas, entretenimiento e inteligencia, en vez de pasillos. Mirindas y no Crímenes de Oxford, auténtico riesgo antepuesto a un vulgar y manso pesebrismo.

Por cierto, ¿alguien recuerda quién ha ganado el León de oro en Venecia 2010? Pues ha sido Sofia Coppola con su obra Somewhere, aunque aquí en España parezca que lo ha ganado Alex de la Iglesia con su nuevo proyecto artistico… ¡Cosas de los medios!

¿Hay para tanto, en serio, o es cosa del marketing por el marketing?

martes, 19 de octubre de 2010

Callejón rojo


Puede parecer un completo contrasentido hablar de hermosa plasticidad para referirse a un cómic cuyo argumento se centra en el dramático asedio a Phnom Penh llevado a cabo por los Jemeres Rojos, pero Callejón Rojo es ante todo y sobre todo una obra de una plasticidad brutal.

Escrito y dibujado por Phoussera Ing (Séra), artista de padre camboyano y madre francesa que tuvo que huir a Francia (lugar donde reside) con 14 años, dejando en Camboya algo más que recuerdos, el trabajo que traigo hoy a este espacio rezuma madurez por los cuatro costados, delatando en su concepción y terminado que su autor es ante todo un narrador que visualiza los contenidos de su historia antes de plasmarlos sobre el papel.

Comento este aspecto porque estando tan en boga la dicotomía artificial entre guión y dibujo, entre guionista e ilustrador, como si el guión correspondiera a la parte escrita y lo otro fuese una suerte de escenificación gráfica de lo primero, Séra demuestra cómo se deben manejar los mimbres de un buen cómic, ejecutando su saber hacer desde la cuidada puesta en escena que destila cada viñeta y cada composición de página, hasta la cronometrada aparición de la letra escrita en un escenario que se manifiesta ante el lector fundamentalmente a través unas imágenes desgarradas que transmiten a la perfección el momento caótico y convulso que se sugiere en la historia.

El ejemplar que tengo en mis manos fue publicado por Norma Editorial en 2004, y corresponde a la traducción de Impasse et Rouge (Editions SEFAM, 2003), pero a pesar del tiempo transcurrido sigue manteniendo vivo el mismo empaque original, gracias, entre otras cosas, a la esmerada edición que realizó la editorial catalana.

Así, a lo largo de sus poco más de 100 páginas, hoy, como hace seis años, al abrirlo resulta posible seguir sintiéndose turbado por el relato de una de los capítulos más infames de la historia, susurrado, más que contado, por un individuo que habiendo crecido y madurado en Europa sigue recordando en clave camboyana las sensaciones que vivió él mismo cuado era un muchacho que apenas había cruzado la puerta de su adolescencia, de manera que una extraña sensibilidad discurre con fría naturalidad entre soldados, armas y gentes sencillas abocadas al peor de los futuros.

Si tenéis oportunidad de echarle siquiera un vistazo, no la dejéis pasar, no os arrepentiréis.

domingo, 17 de octubre de 2010

No es país para críos


Nuestra reaparición nominal en el viejo escenario de la edición de Juegos de Rol ha revuelto el mundillo. A pesar de que resulta innegable que desde que anunciara aquí mismo que nuestra nave se ponía en marcha, allá como a mediados de agosto, comenzaban a suceder extraños acontecimientos en la periferia del mundo que enfocaban directamente al considerado flanco alineado de Ludotecnia ya que no había más lugares donde hincar el diente, sigue habiendo ahora mismo quien lo niega porque lo cómodo es negar lo evidente.

No me lo toméis a mal, digo todo esto porque en 2008 ya sufrimos un episodio parecido, hasta el punto de que las primeras entradas de este diario de un fusil de asalto podrían ser traídas desde el pasado en que fueron escritas a este mismo presente sin perder un ápice de actualidad. Y también lo hago porque nos ocurrió lo mismo en 2004, y en 2001, y a finales de 1996…

¿Y por qué. Por qué se repite idéntica historia cada vez que una editorial minúscula como la nuestra dice que va a asomar la cabeza?… Conozco de sobra la respuesta.

El caso es que hace dos semanas inaugurábamos el blog oficial de Ludotecnia para que todo el mundo supiera dónde estábamos, y a pesar del buen recibimiento generalizado, los ataques al flanco supuestamente alineado de Ludotecnia arreciaban alcanzando grados de absoluta desmesura, ofreciendo un remedo de fiesta caníbal a la que se ha sumado incluso el lugarteniente de otra editorial.

¿Y por qué obrar así si lo sencillo sería encararme, ya que cualquiera con dos dedos de frente sabe de sobra que no necesito de lugartenientes o testaferros que me hagan el trabajo sucio?… También conozco de sobra la respuesta.

Os cuento. El mundillo de los Juegos de Rol nunca ha sido el lugar paradisiaco que se nos ha vendido, ni un país para críos envuelto en aromas de lavanda y sacarina. Desde que lo conozco, una eternidad, para qué vamos a engañarnos, los pactos de caballeros y el buen rollito reinantes escondían alfanges que brillaban a la luz de la luna por un quítame allá esas pajas en cualquier callejón oscuro.

El buenismo políticamente correcto ha sido siempre una mascarada, una vulgar impostura, porque en el fondo, y a todas horas, se ha jugado a mantener vivo el imperio de la mediocridad en un esfuerzo encaminado a preservar a toda costa el trozo de pastel que al protagonista de turno le había tocado en gracia, cayera quien cayera, callando lo que hiciera falta callar, callando como putas, en una palabra.

De modo que para algunos ha resultado más sencillo sobrevivir en este ponzoñoso caldo de cultivo mirando para otro lado, consintiendo en silencio que los perros hicieran pasto de la debilidad de los que trataban de abrirse paso en el mercado, cerrando los ojos ante el linchamiento público de estos últimos, en vez de alzar la voz para alertar de que la traducción de un libro no podía llegar a España en dos volúmenes, que no podían existir versiones de lujo que resultaban vulgares retapados de libros normales, o que era de todo punto impresentable que se vendieran volúmenes agujereados como saldados, porque para hacer ese trabajo ya estaba la maldita Ludotecnia, the enemy within.

Si con lo poco que se ha visto de lo que llevamos entre manos las cosas han llegado tan lejos, no quiero ni pensar en lo que ocurrirá cuando enseñemos todas nuestras armas, cuando definamos con hechos en qué consiste no querer ser mediocres ni haciendo libros a 3,45 Euros. Sin embargo, estamos preparados.

¿Y por qué?… Creedme, conozco de sobra la respuesta: como siempre, vamos solos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Cartografía




Tres muestras no publicadas de la abundante cartografía realizada a principios de esta década para el proyecto del bacalao, escrito y dirigido por Emilio González Soto.

martes, 12 de octubre de 2010

Ovejas eléctricas


He leído poco a Philip K. Dick. Por avatares de la vida soy más de la Ci-Fi de los años 50 del siglo pasado, aquella cuyos argumentos han nutrido buena parte de la cinematografía fantástica considerada de Serie B, y que descubrí en crudo a través de un extenso trabajo compilativo que descansa repartido en volúmenes en la biblioteca de nuestra casa familiar o vaya usted a saber dónde.

Qué cosas. Ya sea porque gozo de una memoria soberbia que debo a mi línea genética materna, o porque se me erizan los pelos del lomo ante un ligero cambio propuesto sobre algo que creo recordar perfectamente, siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con ella. Casualidad o no, buena parte de la ciencia ficción, o incluso del denominado cyberpunk, ha buscado indagar precisamente en esa capacidad para rememorar o modelar el pasado que tiene el ser humano, en aras de encontrarle sentido y sitio en nuestro universo.

Decía que he leído apenas nada de Dick. Sin embargo, me he metido entre pecho y espalda, y por tres veces consecutivas, Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), alma literaria de Blade Runner, intentando descubrir cuál fue la razón que llevó al autor estadounidense a tratar de remarcar la calidad humana de los Nexus-6, no en su capacidad para recordar, sino en el tesón animal mostrado por los androides a la hora de reclamar la veracidad de según qué recuerdos.

Pero antes de acometer su cuarta lectura me he parado a pensar en que tal vez el quid de la historia resida en la necesidad que tenemos de huir del presente, justificándolo siempre, para lo cual se hace enteramente necesario ajustar como sea el pasado.

En este orden de cosas, el libro de Dick no estaría hablando estrictamente de la memoria, sino de la valentía mostrada por los androides para asumir su propio devenir, circunstancia que a todas luces los elevaría sobre los hombres que les crearon, pues estos, como nosotros, por encima de todo temen su aquí y su ahora, el ser los únicos responsables de lo que acontece a su alrededor, el ser merecedores de disfrutar o padecer su siempre fugaz presente.

Cuestión de responsabilidad ante la vida o no, la cosa de haber adoptado otro prisma para observar la misma idea me está encandilando, toda vez que a lo mejor resulta que lo que heredé de los Isusi no fue su soberbia memoria, sino una forma de plantarse ante el mundo sin miedo a morir, lo que me permite recordar nítidamente el pasado sin necesidad de recurrir a subterfugios ni atajos, asumiendo que lo que tengo en la mano está ahí porque yo he elegido sostenerlo, porque soy consciente de que el instante en que lo siento sobre mi palma puede ser el último…

Dick no hablaba sólo de la memoria, cada vez estoy más y más seguro. La utilizaba en su libro para enfatizar que al ser humano el presente le produce pánico porque es la antesala de un futuro que no admite modificaciones sino asunción de responsabilidades, y que sólo puede ser abordado empleando grandes dosis de esperanza y fe.

«Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Me temo que en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? salimos malparados, pues no hacemos de superdotados rodeados de épica... Las ovejas somos nosotros.

sábado, 9 de octubre de 2010

Houston, we have a problem!


Hacerse con un puñado de años a la espalda tenía que tener sus ventajas, y tal vez la más destacable ahora sea esta pérdida de miedo que siento ante cierto tipo de aventuras en las que en otro tiempo ni me habría panteado mojarme.

Antes de verano me preguntaron que qué me parecería intervenir en un PodCast. En julio el proyecto tenía nombre y la propuesta sonaba mejor que uno o dos meses antes, incluso fuimos capaces de buscar algunas canciones en mi bien nutrida fonoteca para la sintonía de apertura… Hace poco han vuelto los cantos de sirena.

¿Qué pintaría yo en una iniciativa tal si al final decidiera embarcarme en ella?

Sinceramente no tengo ni repajolera idea, pero confieso que me tira eso de poder divertirme un rato a la semana con un par de amigos, para que nuestras conversaciones puedan ser archivadas por los coleccionistas de cosas raras. Aunque si tengo que ser honesto del todo, debo afirmar rotundamente que lo que más me motiva de esta aventura que todavía no sé si iniciaré, es la sensación que albergo de que escucharnos le iba a resultar demasiado indigesto a más de uno.

Siento decirlo, pero si los tres tipos que podríamos componer la terna podcastera somos capaces de montarla bien montada por separado, no quiero ni imaginar lo que seríamos capaces de organizar si al final decidimos sentarnos alrededor de una mesita en el puerto para mirarnos a la cara mientras damos la vuelta a todo esto que nos rodea, para planear el robo de un banco o el atraco perfecto, o para decidir encontrar juntos algunos agujeros negros que llevarnos a casa como trofeos, porque nuestras paredes ya están repletas de aliens y predators.

Decía al comienzo que esto de que vayan pasando los años por encima de uno tenía que tener sus ventajas, pero de momento no nos agobiemos, que de ser que sí que me pega por dar el paso, ya os aviso.

jueves, 7 de octubre de 2010

Ni me va ni me viene


Nuestro pequeño espacio cultural dedicado al ocio debería estar protegido como hábitat de especial interés, por uno, dos, o incluso más ministerios, ¡los que hagan falta!, porque supone una isla en el tiempo donde las cosas no cambian, y donde si por fortuna lo hacen, siempre lo harán a peor, negando así el optimismo evolutivo que durante millones de años ha impuesto el modelo del sano aprender de los errores, en el que no cabe la equivocación continuada pues ese camino lleva inevitablemente a la extinción.

Hecho el preámbulo, quiero decir que no tengo inconveniente en afirmar que leo a Tirano en su blog desde que tuve el gusto de cruzar algunas palabras con él en SPQRol, y que traigo este asunto a colación porque ayer tarde, entre las nebulosas del sueño y el catarrazo que llevo encima, me quedé más a cuadros que de costumbre al observar lo estúpidamente que se puede caer en las redes de una venus atrapamoscas que hace días ha comenzado su particular cruzada contra uno de los lugares más sanos que existen en la bloggosfera, El Opinómetro, enfocando directamente a su autor para cubrirle de porquería e insultos mientras gana terreno y tamaño gracias a una pandilla de incautos que no están advertidos de que son también sus víctimas, ¡y al tiempo!

Todo empieza por un sencillo: «Gracias por poner en palabras lo que piensa más de uno»; sigue por un inocuo alistarse a la iniciativa; y termina por servir inocentemente de mensajero a la planta carnívora, propagando su hedor por doquier para que vengan más moscas hasta ella. O todo empieza por caer en las redes tendidas por un anónimo que puede ser perfectamente el mismo anfitrión, por aquello de salvar el buen nombre de uno, legítimo; sigue por rasgarse las vestiduras en público porque se está convencido de que el enemigo es otro distinto; y termina inevitablemente con la presa sirviendo inocentemente de mensajero a la planta carnívora, propagando su hedor por doquier para que vengan más moscas hasta ella…

Es un juego muy viejo en el que sólo se divierte uno, que comienza haciendo populismo barato poniendo por escrito lo que piensa más de uno, o metiéndose con Varda Elentari a cuenta del cáncer del rol, ¡cómo no!, y que terminará devorando todo lo que tenga a tiro cuando el promotor se crea en disposición del tamaño adecuado, como ha ocurrido siempre con los buenos fascismos, si es que se me permite la contradicción.

Sinceramente no me importa quién es esta venus atrapamoscas que anda intentado ampliar su territorio con la ayuda de la ingenuidad y buena fe de los que ya han caído en sus redes (bastará con sentarse a esperar a ver con quién no se mete o qué filias muestra para empezar a valorar a qué intereses sirve). Lo que me preocupa de todo esto es lo sencillo que le está resultando implantarse gracias a que sigue habiendo quien no entiende que mientras te dicen que mires a una mano pueden estar bajándote los pantalones con la otra.

Lo dicho: ni me va ni me viene.

sábado, 2 de octubre de 2010

A lápiz





El lápiz tampoco se me da mal, aunque tiene mala fama porque es la técnica con que se inician los dibujos. Tres muestras de mi trabajo para El Tres Fuegos, libro publicado en 1996.

martes, 28 de septiembre de 2010

Un poco de tiempo para el TFT

Ante las opiniones que últimamente se están vertiendo sobre la situación actual del e-zine The Freak Times me gustaría mostrar mi opinión, como antiguo colaborador y lector habitual del mismo que soy, y a título personal.

La razón fundamental que me trae hasta vosotros no es otra que la afirmación de que hay opinones que matan, y lo digo porque en el mundo de la creación de juegos suele ocurrir muy parecido.

Hay que admitir previamente que estamos poco acostumbrados a dispensar un poco de nuestra paciencia para que los proyectos (creativos o enformativos) puedan dar de sí lo que su capacidad promete, y que abundamos en un modo particularmente lesivo cuando opinamos o criticamos sobre proyectos que necesitan tiempo. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 21 de Febrero de 2003.

sábado, 25 de septiembre de 2010

La llaga de Dios


Falta poco tiempo para que se cumpla el año y mitad desde el momento en que os dejé junto a vuestros hombres, Vuesa Merced; mas si el restraso es justificado o no, habéis de ser vos quien lo juzguéis, aunque espero que seáis benévolo a tenor de lo mucho que he trabajado y el poco tiempo del que he dispuesto para pasar mis legajos a limpio y presentarme ante Vuecencia como habíamos convenido.

Cierto es sin embargo que asumo mi deuda y que pretendo dar cumplida cuenta de lo que vuestro espíritu espera de mi talento; si no es así que Dios nos coja confesados, porque aquí, como en la primera de mis aventuras con vos, nos jugamos mucho, y si es destino que naufraguemos, mala cosa será por cuanto porfío el desbarajuste que ocasionaremos entre los hombres que con buen tino elegísteis para El Tres Fuegos, o aún sus recambios, que a estas alturas temo por la existencia incluso de los primeros.

Sin más preámbulos paso a comentaros nuevas informaciones que me han llegado y que me permiten arrogarme el derecho a encauzar de nuevo vuestro entendimiento para que comprendáis, un poco más si cabe, la cantidad de elementos que se agrupan alrededor del tesoro del Titanic y la historia del Chino Gangoiti, aclaraciones que nos ayudarán a dar nuevas luces a lo ya acontecido para aliviarnos el camino que en breve comenzará de mi mano, si así lo consideráis.

Permitidme ahora que vuelva a mi lugar de nacimiento, Vizcaya, en las Vascongadas, pues será en esta tierra fértil donde hallaremos la raíz del infortunio que se cierne sobre aquellos que tuvieron, o tienen, algo que ver con la historia del famoso tesoro y el punto donde descansa, pues es menester que así sea para la comprensión total de lo que apareció y aparecerá ante vuestros ojos.

La verde hierba y el cielo azul acunan los valles repletos de árboles y frutos de la tierra que amo. Lejos de leyendas que hablan de la nobleza y buen talante de los hombres que la pueblan, y por aquello de la sinceridad que os debo, tengo que admitir que en tan bello paraje también habitan gentes turbias.

Corre el año de Nuestro Señor de 1628 cuando se allega al valle vizcaíno de Arratia uno de ellos. Poco se sabe de su linaje y talante y poco habrá de saberse nunca. Dícese por nombre Gogeaskoetxea; es fraile, así lo afirma y así lo creyeron cuantos le conocieron, y compra con buen dinero una vieja torre donde funda convento de una nueva orden monástica que tiene férrea norma y poco trato con los lugareños. Cuentan algunos que nunca se dijo misa en el interior de la torre, mas era común el ver al prior y a sus acólitos rezando, que llegáronse hasta allí hombres duros como soldados o marinos que traíanse caballos con ellos, y que al poco vistieron hábitos de esparto para caminar descalzos, y entiéndame Vuesa Merced que me refiero a los hombres y no a las bestias.

Dicen otros que a veces se escuchaba en el bosque el bramido de gritos como de batalla, y el restallar de ruidos de aceros contra aceros. Pero jamás vio nada nadie.

Ante la fama de la torre convento y el miedo a que el demonio se hubiera aposentado en Arratia, Don Peio de Urralburu, párroco de la anteiglesia de Ibarra, se acercó para concertar conversaciones con el prior, y dicen que volvió a la aldea como perdido, con la mente ausente y el miedo en los ojos. Nada comentó sobre lo acontecido ni sobre si conversó o no con Gogeaskoetxea.

Vuesa Merced, quiero que ahora hagáis esfuerzo por comprender que ante el recelo por un fraile que nunca dice misa y los hombres adustos que le rodean, el vulgo acabe por mostrarse remiso al contacto con ellos, cosa que por otro lado parecía importar poco a aquella gente, y al cabo se conoce a la orden con el apelativo de Itzalak o Itzelak, que en la lengua de mis padres quiere decir tenebroso.


Fragmento de la introducción a La Llaga de Dios, segundo volumen de la trilogía de El Tres Fuegos, que al igual que La Tumba de un Demonio, su finalización, jamás llegó a publicarse.

martes, 21 de septiembre de 2010

Denuncia abierta de Ludotecnia

Ludotecnia desea puntualizar una serie de aspectos sobre la supuesta polémica con La Factoría de Ideas y Distrimagen a cuenta del «rescate» de material propiedad de Ludotecnia de los almacenes de los segundos.

Estimados amigos, antes de comenzar mi comentario me gustaría felicitaros por el buen trabajo que estáis realizando en un momento en que la afición cuenta con pocas vías de información fiable para acercarse al mundo del rol. [Leer más]

Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 11 de Enero de 2003.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Otros asuntos





Tres de las 8 portadas realizadas para la segunda etapa de Asuntos Internos, una etapa de nuestra revista que jamás se llevó a cabo porque hubo quien encontró en sus almacenes un montón de libros que habían sido hurtados al mercado durante la friolera de 5 años.

martes, 14 de septiembre de 2010

El refrito


Ahí donde lo vemos, en el mundo de la cultura cultureta, la rancia, la de siempre, la que vive y bebe del espíritu artístico de la cosa para sentirse asediada por multitud de amenazas, la misma que acostumbra a generar beneficios a base de subvenciones cuando viste de iniciativa privada, o admite sin sonrojarse que necesita ayuda y compromiso permanente, por la misma vía a ser posible, cuando se pone el traje de alternativa (esto es verídico, aunque mejor os lo cuento otro día)... Decía que en este cesto de cosas raras que todos conocemos de sobra, se estila día sí y día también el refrito como mecanismo de expresión y ampliación de curriculum.

Abomino de este estilo de hacer cultura a pesar de que también he pecado, ¡cómo no!, porque a ver quién es el guapo que se niega a que le paguen por lo que ya le pagaron, y más si uno es ilustrador, con lo poco que pesa serlo. Pero siendo sincero (¿no se trata de eso?), siempre me he mostrado reacio a la hora de dar gato por liebre, de aceptar propuestas que me animaban a vender al lector trabajo pasado como si fuese de nuevo cuño, y todo porque no me parece honesto, pues creo que el pulso narrativo, el auténtico, sea literario o gráfico, responde a un aquí y a un ahora ante el cual el consumidor final debe estar suficientemente avisado.

Así, si es pasado, que lo sea, pero con todos los sacramentos, por encima de las modas editoriales que han encontrado en el interior del baúl de los sueños perdidos, inconclusos, fallidos o agotados, una forma de reflotar sus catálogos con la ayuda de unos autores que buscan sólo ampliar la extensión de su obra a base de encontrar cacofonías y ecos donde hay ausencia de creatividad pura y dura.

El caso es que entiendo que cada proyecto de texto o de imagen responde a una forma que tiene el autor de entender su mundo en un tiempo concreto, y fallarle a eso, que es tan limpio y sencillo trasladándolo de espacio o de época, es faltar a la verdad, y los buenos creadores, como los buenos locos, nunca mienten,  nunca deberían hacerlo.

Como he dicho, he pecado, y a pesar de que no me arrepiento del todo, dudo que pueda volver a hacerlo porque me sobra prurito creativo, idiosincrasia, que diría aquél, soberbia, que dirían muchos. No, no me gusta, y no lo hace a pesar de que se está imponiendo como la peste que un trabajo hecho hace años se pueda vender como nuevo gracias a un nuevo formato…

¡Allá ellos! ¡Allá los que son incapaces de encontrarse más allá de lo que obtuvieron! ¡Allá los que son tan imbéciles como para repetirse como el ajo! ¡Que no cuenten conmigo!

Lo dicho, hay una forma de crear cultura basada en abrevar en aguas estancadas, en la que no volveré a intervenir porque creo en el aquí y en el ahora de mi obra.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Envejecer como Dios manda


Si pudiera elegir, que obviamente no puedo, elegiría envejecer al estilo de Paul Newman en vez de hacerlo como Tony Curtis, por poner un ejemplo a mano, ya que no me gustan los apaños ni los maquillajes, y en lo personal disfruto de las heridas que va dejando el paso del tiempo a su paso en los que me rodean y en mí mismo, como ya comenté cuando me referí aquí a mi idolatrada Helen Mirren.

En lo laboral me pasa muy parecido, por ello tiendo inevitablemente a buscar referencias que me sirvan en el trabajo gráfico o literario en autores que han logrado diferenciarse en sus respectivas disciplinas precisamente porque han alcanzado la madurez sin preocuparse lo más mínimo por ocultar las cicatrices.

Sergio Toppi ha sido siempre uno de mis iconos preferidos desde que lo descubrí en la revista Totem, allá como en los albores de mis andanzas realmente creativas, cuando contaba con 17 o 18 primaveras, más o menos. A partir de ahí le he ido siguiendo el rebufo, lo confieso sin ningún atisbo de rubor, hasta el punto de que guardo multitud de rastros de su abundante producción en mi biblioteca, lo que en el fondo nunca dejará de ser una buena muestra del grado de devoción que puede llegar a sentir un alumno por aquél a quien considera su maestro…

El caso es que este maestro en cuestión me ha salido respondón, vamos, que por mucho que haya intentado acercarme a su estela durante los treinta y tantos años que llevo en esto, él ha demostrado estar dotado de un algo especial que le ha permitido mantener intacta la ventaja original, obligándome a mí a redoblar mis esfuerzos por reducir distancias, con la boca abierta y la lengua fuera, como de costumbre.

El milanés es un artista excepcional, sé que no descubro nada, y por ello no voy a perder el tiempo en intentar materializar lo grande e inabarcable que resulta, porque gracias a Internet es posible acercarse a su biografía, curriculum y trabajo, en apenas un par de clicks, desperdicio de tiempo que os recomiendo encarecidamente, porque el regalo merece la pena.

Como decía al comienzo, como persona aspiro a morir sin mostrar el más mínimo rechazo a lo inevitable, declinando en mis últimos días con la honestidad física y humana de un Paul Newman, por ejemplo; pero en lo de la plumilla y los pinceles me pido hacerlo al estilo de Sergio Toppi, quien con la cuerda que le queda todavía (nació en 1932), a buen seguro nos lo va a seguir poniendo difícil a tantos y tantos como le admiramos.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¡Qué importa!


Me han tachado tantas veces de polémico por ir contracorriente, que apenas me importa ahora que alguien lo insinúe siquiera. Si queréis que os diga la verdad, incluso llevo a gala que mi espíritu se conserve tan joven como para seguir recibiendo palos porque siento que hay cosas que se pueden cambiar. Pensar de otra manera sería aceptar la derrota, en cierto modo como estar un poco muerto por dentro, y sinceramente: ¡por ahí no paso!

Esta noche en que quería hablaros de Sergio Toppi porque aspiro a ser como él cuando mis huesos apenas me soporten, he cambiado de rumbo en pleno vuelo, como haría el imponente Ziz, para arrimar mis fuerzas a un Reem colosal que habita en la tierra de Nod, donde terminó sus días Caín, que hace temblar la tierra en cuanto se mueve, porque por mucho que sus detractores se empeñen en ensuciarlo acusándole de buscar la polémica por la polémica, hay que tenerlos muy bien puestos para seguir mirando donde mira, por si haciéndolo ayuda a encontrar un miserable hilo de luz entre tanta oscuridad autoimpuesta... Y eso es precisamente lo que jode en todo esto.

Huelga decir que vengo de pasar el día recreando a plumilla una tierra bañada por el Tigris al Oeste, el Éufrates al Norte, el Guihón al Sur y el Pishón al Este, y que estoy a estas horas cansado como el plomo. También que tengo Nürburgring aparcado en este sábado pasado… Y aunque me está costando un mundo escribir estas líneas, creo honestamente que la ocasión merecía el esfuerzo de señalar con el dedo cómo la ceguera de unos pocos es capaz de convertir en un estéril desierto lo que en otro lado hace germinar un debate sano, contructivo y admirable, ya que basta mirar aquí, y aquí para comprobar que la única diferencia que existe entre ambos territorios estriba en el talante de sus respectivos habitantes (¡allá los del primero y sus maniobras dispersivas!), ya que el sustrato de todos los comentarios es el mismo.  Como diría aquél: ¡con dos cogieron!

Si la actitud de Devir me la trae al pairo en estos precisos momentos, el cuerpo me pide descubrirme ante la mostrada por La Marca del Este, antes de la noticia y ahora que la conocemos todos, aunque la cosa en realidad no tiene demasiada importancia...

Por desgracia mi editorial ha sufrido el paso de la apisonadora mencionada por el Reem Avatar, tras haberme dejado yo los riñones, y los que me han cuidado las espaldas su pellejo (¡cómo jode tener que decir a tu gente que habrá que esperar otra oportunidad porque ingenuamente has permitido que el enemigo haya segado la hierba a tus pies!), tras haber sembrado el suelo con enorme esfuerzo… Sí, sé perfectamente de qué va la entrada que ha suscitado tan opuestas sensaciones, y además la he entendido, porque aquí mismo he comentado la manía que tienen nuestros dinosaurios de hacerse los orejas en cuanto a cumplir con sus responsabilidades, dispuestos a mover el culo sólo cuando la dirección la señalan los pequeños.

Y no deberíamos sorprendernos, pues la cobardía que se ampara en supuestos hechos probados sigue sirviendo de trágala y correa de transmisión para que la historia se repita ad nauseam, como servía y ha servido siempre, vamos, al amparo del manual de instrucciones que dicta que lo que articula por su boca el dinosaurio es palabra de ley, y que cualquier queja contraria o razonable sospecha, habrá de ser puesta en cautela y considerada siempre como una vulgar rabieta o una ida de olla. Por ello es de recibo entonar esta noche una sentida alabanza a la generosidad de las gentes que rodean y amparan a Steinkel, a su iniciativa, quienes han entendido el espítitu y la letra de lo vertido por Avatar, y que se han sorprendido ante una concatenación de circustancias que por ya vividas deberían incitar a la reflexión y no a la lapidación pública del poeta que apunta con el dedo al lodazal donde naufragamos día sí y día también, por ver si salimos de una puñetera vez de él.

Sí, esta noche merecía la pena mandar todo un poco a tomar por el saco, porque soy amigo del hijo del Maestro de Esgrima; porque llevo en orgullo haber escuchado a Zulfikar El-Kashef al otro lado de teléfono, reconociéndome con cariño, pronunciando mi nombre de pila; y porque Mari, madre del Reem y viuda del tipo entrañable a quien homenajeo levantando mi vaso de Number 7, con su voz quebrada me sigue llamando el despertador como si me hubiera cambiado los pañales.

En la vida uno se rodea de gente que le hace más grande, o elige proteger su ego barnizándose del pringue que destilan los mediocres… Yo he elegido dejarme acompañar por tipos que me hacen sombra, personajes polémicos a los que en días como hoy cubro la espalda sencillamente porque el cuerpo me pide guerra… Y habrá quien todavía se pregunte qué coño importa... Sí, ¿qué importa?


PD:  Pedro, ¡felicidades, todo indica que habéis dado en la diana!

sábado, 4 de septiembre de 2010

Se acerca el invierno


Tradicionalmente, Charlotte y Mikey agasajan el primer domingo de octubre a los últimos en partir y a los que quedarán. ¡Barra libre en la Charlotte Tavern!

El tren que se llevará a los hombres ha traído víveres y licor para pasar el invierno, así como a muchos de los que emprenderán el viaje hacia las montañas. También ha acercado un pequeño retén de trabajadores para cubrir los huecos que pudieran producirse (pueden ser nuestros PJs ) entre el personal de la N.W.W.C. La mayor parte de las mercancías se quedarán en el almacén contiguo a la estación, cerca del aserradero, bajo la custodia de la Compañía, aunque una buena parte de lo encargado por Mikey se consumirá en la fiesta, lo que animará la caja del establecimiento.

La única actividad del poblado a estas horas de la mañana, se centra en el río, lugar donde tres hombres se afanan por organizar los innumerables troncos que anegan el remanso, y que siguiendo la dirección de la corriente llegarán primero al caudal del río Columbia y más tarde a Robson, al Norte, para pasar el invierno en espera de ser recogidos en el mes de marzo. Varios tramperos y sus canoas se preparan para partir, evitando de este modo el peligro que entraña navegar entre los restos de los árboles a la deriva.

La operación de llevar la carga río abajo será dirigida por un grupo de siete hombres comandados por Rupert North, quienes serán los encargados de dirigir la caravana fluvial a través de afluentes y rápidos hasta llegar al río antes de que el hielo les cierre el paso, a primeros de noviembre; una vez allí el trabajo resultará más fácil y llevadero.

La corriente del Wapta llega a Corina desde el norte, para rodearla buscando la salida en esa misma dirección, aumentando de caudal y de tamaño hasta confundirse con las aguas del río Columbia. El recorrido, antes de llegar al poblado, está plagado de rápidos y desniveles. Esta zona está llena de embalses originados por las presas artificiales construidas por los castores, dado que en su orilla más oriental abundan los abedules y el matorral bajo.

Esta es una de las principales razones por la cual se eligió el lugar como situación ideal para Corina, pues supone la primera ampliación del río, donde la corriente se amansa y se crea una pequeña dársena natural. El embalse fue modificado posteriormente para permitir que con el aumento de calado se facilitase la manipulación de los enormes troncos, una vez cortados. Es en esta zona norte en donde se sitúan los campos de trabajo que se extienden hasta dos millas ladera arriba.

[...]

El frío sol de las 9 de la mañana se eleva por encima del Forbes. North y los suyos se pierden tras el recodo más cercano bajo la atenta mirada de Brawn, quien abrigado bajo su pelliza de piel de oso enciende una desgastada pipa de madera. Minutos más tarde asciende por el camino embarrado hacia la estación de ferrocarril donde comunicará por telégrafo la partida de North. Tras él varios hombres recorren el mismo sendero con dirección al centro del pueblo.

Brawn es un hombre relativamente joven, aún no ha llegado a la cuarentena. Rubio, de pelo ensortijado y elevada estatura, gusta de parecer más adusto de lo que en realidad es. Con su paso firme y su Walker Dragoon a la cintura, supone la viva imagen de la autoridad en Corina. Mientras se acerca a la caseta del telégrafo mira melancólicamente la columna de humo que asciende, desde la máquina, por detrás de la torre de avituallamiento de agua, para bajar de nuevo. «Se avecina tormenta.»

Con paso decidido entra en el pequeño cobertizo.

—Tom, envía ya el mensaje.

Legrain, el telegrafista, abandonará el pueblo junto a los hombres de la Compañía y un par de chicas de vida alegre que han trabajado todo el verano en la cantina de Mikey. La multitud de hombres que se hacinan en los alrededores tardarán muy poco en marchar. Después quedarán demasiados meses en blanco, nunca mejor dicho. Es preferible aprovechar el último tren a Golden.

—O.K., lo hago ahora mismo.

Y se sumerge en su trabajo, aspirando el suave aroma del tabaco de Brawn.

—¿Es nuevo?

—Me lo ha traído Sea desde Vancouver. Es inglés.

Brawn observa silencioso a Tom. Cuando se recibe el mensaje de vuelta, se dirige de nuevo a él y le ordena:

—Cierra todo bien antes de marchar, el año pasado se nos metió un oso...

No muy lejos de allí Mikey recoge el interior de la taberna y se prepara para limpiar el suelo. Entre las sillas descubre un Peace-Maker que recoge con cuidado, temeroso de que Charlotte le vea.

Ella, mientras tanto, se afana en arreglar las habitaciones que han ocupado hasta esta noche misma Brigitte y Denver. Al salir se encuentra la mujer que dará cumplida satisfacción a las necesidades físicas de los que quedan, siempre que lo necesiten y por supuesto previo pago del dolar de rigor. Alarga la mano a Berta y le ofrece 20$ de plata canadienses:

—Dales diez a cada una, y diles que por favor se cuiden.

Berta Campbell baja las escaleras envuelta en una toquilla de lana gruesa. Mikey, levanta la mirada del suelo:

—Despide a las chicas por mí...

—Descuida, lo haré.


Texto correspondiente al capítulo introductorio de Maia, aventura ambientada en las montañas canadienses a finales del siglo XIX, para Ragnarok. Aunque nunca ha sido publicada, debí comenzar a escribirlo alrededor de 1994, y casi lo termino en 1997. ¿Quién sabe si quince años más tarde concluyo la faena?

jueves, 2 de septiembre de 2010

Asuntos Internos




Tres de las quince ilustraciones realizadas para un libro de lecturas editado en 2008 por Zubia (Grupo Santillana), cuyo título es Txinparta 3, volumen en el cual compartí espacio con otros ilustradores. Fueron elaboradas con la misma técnica explorada en los dibujos para Nürburgring, aunque con un enfoque claramente más narrativo, y a pesar de su apariencia delicada, tuve que terminarlos tirando de entrañas porque mi padre estaba consumiendo sus últimos días. Hay quien llama a esta actitud oficio, aunque yo prefiero denominarla de otra manera, ya que no le deseo a nadie tener que superar tantas y tantas contradicciones juntas.

PD: Julian, Matilde, ¡va por vosotros y por todo lo que comenzasteis a construir juntos tal que un día como hoy de hace muchos, muchos años!

martes, 31 de agosto de 2010

Los amantes mariposa


Por fortuna acostumbro a ejercitarme en la atención de cuantas cosas sencillas y hermosas ocurren a mi alrededor, aunque éstas sucedan más allá del mostrador de mi propia existencia, barrio a todas luces demasiado pequeño para comprender la inmensidad de un mundo cuyas leyes son universales a pesar de los que gustan enrocarse en las cuatro esquinitas de una supuesta Isla de Perdidos que habita en el océano editorial, que dicen se rige por sus propias reglas.

Así las cosas, quiero contar hoy que en mis pocos y apretados viajes acostumbro a traerme de recuerdo regalos de papel, libros, y que en este último que he realizado hace apenas veinte días, se cayeron en mi mochila un par de libros que me parecieron dos preciosas joyitas.

Los amantes mariposa (Les amants papillons) es uno de ellos.

Está escrito y magníficamente iluminado por el joven artista Benjamin Lacombre, y aunque dejo para otro día explicar por qué los ilustradores terminamos escribiendo nuestros propios libros, esta vez debo reconocer que la editorial Edelvives se ha esforzado para responder con una soberbia edición a la magia que destilan tanto el texto como las estampas del autor francés, de manera que tener el libro en las manos invita a comenzar a soñar y a levantar los pies del duro suelo mientras se aventura uno a pasar sus páginas, una a una, esperando que el tiempo se detenga.

A pesar de lo elegante de su factura, pues es un volumen grande de tamaño (270 x 390 mm.) aunque pequeño de páginas (32), que lleva en sus entrañas un gramaje de papel satinado que aconseja no doblar las esquinas ni tener tropiezos con ellas porque se notaría, la elección resulta muy atinada pues permite que respiren adecuadamente el color y las texturas propuestas por Lacombe en su trabajo gráfico, y en los abundantes espacios blancos, que resplandezcan las letras de generoso tamaño de la literatura, haciendo muy fácil su lectura. Decía que a pesar de su coherencia como producto, el asunto de hacerme con él me salió por menos de 18 Euros (una ganga en un mundo lleno de sortilejios y secretos). Para colmo, todos los ejemplares de la edición contienen una filigrana japonesa perfectamente troquelada en la página de entrada, y están encuadernados en tapa dura con terminado mate, sobre el cual se ha hecho un ejercicio muy inteligente del barniz UVI.

A todas luces Edelvives ha echado el resto para satisfacer las necesidades artísticas de Benjamin Lacombe y las de sus lectores sin recurrir a presentar el resultado bajo la etiqueta de lujoso, cosa que habría resultado redundante y pernicioso pues es un simple album para niños que compran algunos adultos, porque Los amantes mariposa es por encima de todo una obra honesta en la que los protagonistas principales son el autor y el lector, sea éste pequeño, mediano, o adulto, relación  que ha sido respetada por una editorial que ha sabido estar en su sitio. Y si la historia lo vale, que lo vale, cualquier esfuerzo resulta pequeño por muy poco margen que deje a los minoristas… ¡Anda que no sería goloso vender esta maravilla por 70 Euros!

«Dos mariposas escapan de una grieta de la tumba. Juntas revolotean hacia el cielo resplandeciente. Naoko y Kamo, al fin, se aman libremente.»

sábado, 28 de agosto de 2010

El gran dictador


Estaba pensando en escribir algo sobre la influencia de la administración Bush en el mercado de los Juegos de Rol, cuando por refrescar las ideas he recalado en El Opinómetro, dándome de bruces con una noticia que sintetiza a las mil maravillas tanto la nefasta influencia del neoliberalismo hipócrita  en que vivimos inmersos, como la razón de que siga habiendo gilipuertas que se empeñan en mirar para otro lado por aquello de no despeinarse, que donde estén un par de orejeras bien puestas que se quite pensar un poco, no vaya a ser que nos asustemos más allá de lo recomendable y políticamente correcto, ¡buh!

Bien es cierto que lo primero que he sentido al leer la entrada de Avatar han sido ganas de gritar ¡llegamos primero!, porque este blog está repleto de quejas al respecto de las idioteces que rodean una profesión, la mía no rolera (la rolera ni os cuento), que poco a poco va perdiendo la sustancia que la elevó a categoría de noble en su día, ya que cada vez hay más ineptos a los mandos del negocio. Y la cosa tiene sus bemoles porque tanto los libros infantiles ilustrados como los de Rol se supone que van de exclusivos y finolis por la vida, uséase, que tendrían que servir de ejemplo de buenas costumbres editoriales y no de todo lo contrario.

Pero ha llegado la globalización ésa que iba a resolvernos la vida y ha impuesto un modelo en el que vale todo, y cuanto más barato, mejor, y así tenemos editores que traducen y maquetan libros que llegarán a manos de los críos o de los jóvenes, que son diseñados con el ojete (perdón por la expresión), porque por ahorrar en el chocolate del loro se ha suprimido del escalafón al tipo que sabía establecer el orden preciso de lectura, el creativo que desde la elección de la tipografía hasta la confección de las plantillas, ponía toda la intención del mundo en que el producto quedara realmente guapo y se distinguiera de la competencia en las estanterías.

Ya no importan ni las viudas ni las huérfanas, ni siquiera la modificación del track para que no se abunde en los feos guiones de corte, ni la sutil aplicación del interlineado para que los párrafos queden perfectamente encajados en sus correspondientes páginas, de manera que las ilustraciones han pasado a rellenar espacios vacíos en vez de servir a la lectura o a complementarla, como hicieran antaño… Hoy la autoedición más barata y ramplona nos ha llevado a que existan obras originales o traducidas en las que el tamaño de la letra resulta ilegible, por pequeña; a que se abunde en estructuras totalmente obsoletas donde el color es aplicado sin ningún sentido estético; o a que se afirme que los libros ya no son libros y sí manuales de referencia indicados para coleccionistas, ejemplares de un lujo que no reconoce nadie, como si el consumidor fuese un perfecto idiota.

Y queda lo del asunto monetario, y aquí Mongoose con su oferta de trabajo la ha cagado del todo, porque si vendes caro, que la de Inglaterra lo vende, lo menos que se te puede exigir es que cumplas, y si pones el listón tan bajo como para que el traductor además maquete el libro y lleve el café o las pizzas al staff directivo (esto es mío), lo suyo sería que el producto se pusiera en la calle a un precio módico, y no al correspondiente a una obra exclusiva en la que han intervenido auténticos profesionales de todos los ramos, distinguiéndolo con lo mejor que llevan dentro.

¿Queríamos respuestas? Pues la editorial británica nos las ha brindado en bandeja de plata: ¡nos están engañando como a palurdos!

jueves, 26 de agosto de 2010

Una de 7,62


«Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.» [Marcos, capítulo 4, versículo 22]

La vida es un puñetero proceso de destilación en el que adquieres nuevas texturas y te haces más denso y aromático a cambio de ir dejando atrás algo de ti mismo, a veces tanto que para cuando quieres darte cuenta apenas eres capaz de reconocerte de todo lo que has perdido por el camino.

En este sentido, la memoria, jalonada de recuerdos ya olvidados, supone un territorio en el que conviene adentrarse con mucha cautela, no sea que por cualquier circunstancia te asalte alguna deuda personal o ajena que no reconoces, ni siquiera imaginas, pero que te ha estado esperando agazapada para presentarte la correspondiente factura al cobro en el mismo lugar donde la dejaste.

Tengo suerte, para qué voy a negarlo, porque la visitas recurrentes a mi pasado me suponen siempre un viaje gratificante en el que me descubro interpretado por diferentes personajes cuyos papeles gozan de un mismo hilo conductor, de un idéntico espiritu alentador, que por fortuna ha hecho de cabo de guía inasequible al paso tiempo, permitiéndome haber llegado al hoy sin demasiados cambios estructurales.

Obviamente me gusta la coherencia porque es un rasgo que valoro y respeto sobre todo en mis rivales, hasta el punto de que en cuanto lo reconozco en ellos, tiendo inmediatamente a tender puentes de encuentro por seguir creciendo en su compañía, porque si alguien se muestra coherente a pesar del paso de los años, aunque difiera conmigo en cuanto a línea de pensamiento, vale su peso en oro porque a buen seguro tiene convicciones y sabe defenderlas con inteligencia.

Por todo esto, también me gusta sumergirme en la pasado para descubrir las incoherencias y debilidades de todo aquello que me rodea, porque el «donde dije digo, digo Diego» está mucho más arraigado de lo que sospechamos, aunque no baste para desterrar el amargo sabor de una naturaleza humana demasiado dada a mostrar actitudes adecuadas a las circunstancias de un momento concreto, que mutarán indefectiblemente de color y de forma, como por arte de magia, a poco que nuevas circunstancias aconsejen un furtivo cambio de posición en la penumbra, que ya sabemos todos que la luz del día quema.

Así las cosas, no es extraño que leyendo revistas, o artículos y entrevistas, que se escribieron  o dictaron no hace tanto, descubramos hoy mismo que lo malo de antes es bueno ahora; que lo nefasto y criticable a principios de esta década, resulta indispensable y necesario cuando la estamos concluyendo; que los buenos usos y costumbres de hace un puñado de años, resultan ahora tremendamente ofensivos…

Por todo ello intuyo que la memoria es también materia tóxica en la que conviene adentrase bien protegido por una máscara que disponga de los filtros adecuados, y de un buen estómago, por qué no decirlo, sobre todo si queremos indagar en ella un poco sobre la razón por la cual el mercado de los Juegos de Rol sigue caminando como los cangrejos, ya que vamos a darnos de bruces conque el principal problema ha sido y sigue siendo la sempiterna falta de coherencia de un sector que mal que queramos sigue anclado en la miopía cortoplacista y en la constante invención de excusas.

martes, 24 de agosto de 2010

Arigatô





Ilustraciones realizadas para el blog Nürburgring en el verano de 2007, confeccionadas sobre una base de dibujo a bolígrafo sin boceto previo, con tratamiento posterior de textura y color a través del Photoshop. Sólo se han publicado un par de ellas.

domingo, 22 de agosto de 2010

The game is over


Cuando el general Da-Nang pisó la gélida cuenca de Nilo Parphia (Burman Monitor), como comandante en jefe de una fuerza expedicionaria compuesta por 5 regiones de la 17ª Legión integrada en la IV Flota, la UCSH admitía explícitamente su incapacidad para resolver por vías pacíficas un conflicto reiteradamente negado y profundamente enquistado, arrastrando a Periferia-1 a una de las páginas más oscura de su historia reciente; la más negra, tal vez, por tratarse de una herida que aún sigue abierta. Pero no adelantemos acontecimientos.

Johannes Pietzlawsky, en sus «Crónicas», hace un exhaustivo repaso de los prolegómenos expansivos que derivaron en la actual situación del protectorado. Lejos de la pragmática de Pilssen o del historicismo cientifista de Gataka, Pietzlawsky nos ofrece una visión panorámica pormenorizada en la que resalta la concatenación de hechos y circunstancias que han dado origen al actual estado de cosas, puntualizando la responsabilidad sobre el colapso al que se estaba viendo abocada la Federación en Archangel, a finales del periodo anterior.

No le falta razón a Pietzlawsky al apuntar a tan recóndito lugar, pues Archangel y la Federación estaban sumidas en una grave situación social y económica cuando se organizan los fundamentos definitivos de la colonización de nuestra galaxia, y el detonante del actual momento que vive Periferia-1 puede localizarse perfectamente en la insuficiente preparación con que se abordó el asunto por la clase dirigente.

Si hacemos caso al postulado preliminar de Pietzlawsky, la Federación buscaba resolver los conflictos internos mediante el compromiso integrador de todos los participantes (administración, corporaciones, ejército, etcétera), en un movimiento aunado que trataba de desenfocar la convulsa situación interna para enfocar los esfuerzos sobre una empresa titánica, la propia colonización, con la intención de que ésta sirviera para disipar la presión ejercida sobre el núcleo federal (Archangel). Una salida precipitada. La realidad habría de imponerse posteriormente, demostrando que esta huida hacia adelante supondría una trampa mortal para los esquemas sobre los que se asentaba la civilización, y que daría origen, en definitiva, a un cambio paulatino de valores que están en la raíz de la actual coyuntura, y en la que inciden, además, nuevos factores intervinientes que no fueron contemplados como posibilidades en su momento.

Antes de la fase expansiva, la especie humana había colonizado con éxito los quince sistemas planetarios mayores y los tres menores que componían la totalidad de la región de Archangel. Sin haber hallado rastros de vida superior y sin que hubiera visos de encontrar otra especie que igualara a la nuestra. La primera gran fase colonizadora de nuestra especie había gestado un sentimiento de plenitud del que el hombre era el máximo exponente y su principal protagonista, pues ilusamente  se consideraba entonces, que nuestra especie no parecía tener rival.

Los científicos daban por concluidos sus trabajos en los enormes propulsores que permitirían a las gigantescas sondas «Vhenazir-4» atravesar los vector/portales descubiertos (siete, convenientemente catalogados) con la intención de hallar nuevas zonas de yacimientos, nuevos asentamientos... pero jamás vida inteligente o superior, ya que nadie en su sano juicio apostaba por el encuentro con una especie similar a la humana, y como se ha comentado, el planteamiento expansivo descansaba sobre una premisa que se demostraría absolutamente falsa.

Los tratados de exobiología de Zimbraia y Nevis (este último autor del «Manifiesto Exovital»), trazaron una teoría básica sobre la posibilidad de existencia de formas de vida avanzadas, sintetizando su diagrama en varios tipos de comportamiento funcional que se ha hecho extensivo hasta el día de hoy con muy pocas, o nulas, disensiones de peso. Sintetizando, su argumento básico postulaba que los estados exponentes de una posible civilización podían ser catalogados en base a la capacidad de los organismos para incidir en su entorno mediante la utilización de instrumentos: «sin función», «con función (herramienta)» y «con tecnología para la función», siendo este último el considerado único representante de toda civilización avanzada.

Con pocos ejemplos compatibles con las teorías vigentes, como ya hemos referido (un puñado de ecosistemas planetarios lograban alcanzabar el segundo estadio, a niveles muy bajos en el interior del área de Archangel, y sólo en la Tierra se alcanzaba el tercero), la comprensión del universo conocido resultaba demasiado parcial y del todo insuficiente frente a lo que quedaba por descubrir en Periferia-1 y Periferia-2.

Por tanto, podemos compartir con Pietzlawsky la sensación de precipitación en los inicios de la colonización, cuestión que derivó en un desencanto generalizado que, a su vez, agravaría la situación interna de Archangel y la propia Federación, pues la esperanza depositada en las sondas que habrían de recorrer los vector/portales informando de los mundos a los que se tuvieran acceso, derivó en una serie de fracasos concatenados que la comunidad científica aceptó de mala gana, y que hizo tambalear aún más la difícil coyuntura por la que pasaba la Federación, al volatilizarse el sueño de un descubrimiento de nuevas zonas económicas y comerciales que diera solución a los problemas que la aquejaban.


Fragmento de texto correspondiente al trasfondo histórico de Zulugolf21 RPG, al que viste un detalle de la siempre magnífica obra del artista John Berkey.

jueves, 19 de agosto de 2010

Parábola de los ciegos


De todas las formas de ceguera, la mental me parece la peor y más peligrosa por aquello de que la cerrazón humana carece de límites, y hete aquí que sigue abundando en todos los órdenes de la vida, y para colmo acostumbra a asomar las orejas barnizada de una educación y buenas maneras que tratan de imponer el criterio que las alienta, poniendo en solfa las actitudes de los que aceptando lo beneficioso de todo debate, se atreven a exponer en público sus pensamientos, desvelando así sus posiciones.

Por fortuna formo parte de una generación que pasó por la universidad para llevarse de ella el mayor tesoro de todos: la pérdida del miedo a defender sus ideas.

No voy a aburriros contando cuántas horas pasé discutiendo con otros alumnos o alumnas en las asambleas que se celebraban en Bellas Artes, desmontando sus argumentos o tragándome los míos, ni lo que aprendí de la vida cuando fui elegido su representante en el claustro de la Universidad del País Vasco junto a otros de mis compañeros, sólo quiero recordar que aquella etapa me sirvió para saber que debía llevar la cabeza bien amueblada si quería sacar adelante mis propias ideas, y a que mis razones fuesen siempre claras para que mi boca o mi mano las expusieran de manera convincente.

También comprendí que los debates no buscan jamás hallar soluciones, sino detectar los problemas mientras se acercan o separan las posiciones de las que parten los diferentes rivales, y también que es posible terminar una refriega en el salón de actos de la facultad, alrededor de un refresco o una cerveza en la barra del bar de Económicas, matizando lo discutido, dando la razón si fuera pertinente, aceptando que no la llevabas si es el caso, o disfrutando como un jabato cuando se palpa en el ambiente que has convencido, porque la victoria en estas cosas nunca existe.

He sido siempre un gran discutidor desde que encontré razones en que apoyar mis posturas, y a perseverar en ello me ha ayudado la memoria legendaria de los Isusi y una cierta soltura natural para desenvolverme hablando o escribiendo, y esta es la razón por la que me ha gustado intervenir en charlas interminables en foros o listas de correo, y por supuesto, la que desde hace algunos años, aquí o en Nürburgring, me anima a exponer casi diariamente lo que pienso, ya que opino que es una actitud muy saludable y socialmente bastante responsable, aunque mis perspectivas sean erróneas, que podría ser.

Me he permitido decorar esta entrada con «La parábola de los ciegos», cuadro pintado por Peter Bruegel en 1568, porque retrata perfectamente los peligros que corren los que se dejan guiar por la ceguera mental, negándose a mirar lo que les rodea por ver si es posible mejorarlo o por si se descubre que hay un camino mejor por el que transitar, y va dedicado a todos aquellos que además de empeñarse en seguir siendo ciegos que siguen a otros ciegos, ¡allá ellos!, se atreven a afear públicamente la conducta de los que quieren seguir manteniendo los ojos bien abiertos, enarbolando una ramplona forma de entender el respeto al prójimo.

¿A qué demonios tienen miedo?

lunes, 16 de agosto de 2010

McNatt’s Ferrets


Me he puesto en paz conmigo mismo antes de tomar mi asiento en esta nave que parece una pequeña república libertaria de la que siempre me he sentido orgulloso. He sido el último en llegar.

Los que seguís los avatares de este blog con cierta asiduidad habréis notado que durante este fin de semana se ha actualizado cubriendo sus huecos desde junio con puntualidad anglosajona. No me lo toméis a mal, en Nürburgring acostumbro a hacer lo mismo y los numerosos aficionados al motor que lo leen jamás han dado muestras de querer hacerme un miserable reproche por ello. Al fin y al cabo es una simple cuestión de ser honesto con un mismo evitando en lo posible hacerse trampas, ¡con lo sencillo que sería!, en aquello de trasladar a la hora y fecha exactas las inquietudes que en su día surgieron y quedaron plasmadas sobre un folio o una sencilla servilleta por falta de medios o de ganas, que en esto de plasmar ideas tanto da.

¿No escribo un diario? ¿No es posible que me haya quedado sin lápiz o bolígrafo en el momento adecuado, decidiendo para un mejor momento el deseado pasado a limpio? ¿No se trataba de ser sincero? ¡Pues eso!

Y que conste que en la medida de lo posible lo he sido, aunque no tanto como habría querido, también es verdad, pues el inevitable paso del tiempo y las noticias que llegan o van, nos ofrece perspectivas nuevas que sin querer tienden a ser acopladas a lo que recordamos o creemos recordar. Para paliarlo ahí ha estado la parte de mi ser que sabe imaginar que desconoce, que ignora lo que la otra parte lleva asimilado desde hace rato, y ello me ha llevado a que habiendo menudencias reseñables haya preferido no meterme en ellas por no alterar el patio más de lo debido. Hoy por fin todo está en su sitio, y mañana será realmente mañana.

Los motores están rugiendo a nuestra espalda y bajos nuestros. La sala de máquinas me ha informado de que todo está en orden y a punto. El comandante y yo hemos pactado el rumbo, mientras el contramaestre apura con su gente que la carga no se desplace ni un milímetro, para que el vuelo sea lo más tranquilo posible, cosa que nunca se sabe a ciencia cierta pero en la que conviene creer porque de otra forma nadie en su sano jucio trataría de hacer despegar esta gigantesca chatarra.

Hoy, día de San Roque, patrón de Portugalete, mi pueblo natal, dos jornadas antes de mi quincuagésimoprimer cumpleaños, a las 21:59 horas, el carguero artillado McNatt’s Ferrets despega de su emplazamiento secreto en el asteroide C-071262 para poner proa hacia el sistema Brandy Mayor.

Sed buenos y deseadnos buena suerte. En el fondo sé que lo estábais esperando.

viernes, 13 de agosto de 2010

Polvo soplado




Estas tres ilustraciones fueron realizadas enteramente al aerógrafo con algún retoque a punta de pincel, para servir de portadas a los libros de nuestra línea Mutantes en la Sombra, entre 1992 y 1994.

domingo, 8 de agosto de 2010

Irreverencias


Un ilustrador, pongamos por caso yo mismo, recurre a medir su avance profesional comparando el ahora con el ayer de los diferentes trabajos realizados. Así las cosas, uno, pongamos por caso yo mismo, descubre a través del repaso de su obra cuáles han sido sus aciertos y errores, si ha sido capaz de perseverar a partir de los primeros y desde luego si ha conseguido enmendar los segundos.

Ya lo he comentado en otras ocasiones, a veces me pasa que miro algunas de mis ilustraciones y siento que las ha realizado otro. También me ocurre con mis textos, pero en los dibujos la sensación es distinta tal vez porque haciéndolos he tenido más conciencia de lo que costaba llevarlos a cabo, y con esto no quiero decir que a la hora de escribir lo haga de forma más liviana o menos sincera, sino que como he confesado por ahí, me percibo como escritor menos agobiado por el uso de la técnica.

Sea como fuere, y por no divagar demasiado, la imagen que decora esta entrada fue realizada cuando un dibujante al que conozco bien, pongamos por caso yo mismo, tenía tan sólo 19 años recién cumplidos, y si queréis que os sea sincero, al sostenerlo en mis manos antes de escanearlo para realizar el montaje que véis, he notado como si aquel chaval que aún no había entrado en Bellas Artes me hubiese escupido a la cara.

Llevo demasiado tiempo embarcado en proyectos gigantescos que me ocupan una infinidad de horas, y de los que me está prohibido hablar o enseñar nada porque así lo hemos pactado, y si la cosa es buena por el lado profesional, resulta demoledora en lo personal, pues sin querer estás atado a una manera de resolver tus ilustraciones que debe ser idéntica, formalmente hablando, durante el tiempo que ocupa un proyecto.

Estoy cansado de esta situación y la sobrellevo como puedo, hoy no me apetece negarlo, y si hablaba hace dos párrafos de lo que he sentido al ver el dibujo de marras, no es por otra cosa que porque envidio al tipejo que lo realizó. Él era libre, sostenía el lápiz sin ataduras, sin miedos, sin sufrir la presión de cumplir con nada, tan solo consigo mismo. El muy mamón disfrutaba escribiendo líneas sobre un papel en blanco de la misma manera que yo escribo mis textos.

Un año después de haber ilustrado «Basajaun, el señor del bosque» para Ediciones Gaviota, la editora me propuso otro libro que debería llevar ilustraciones mías similares en su ejecución a las que habían sido publicadas en la recopilación de leyendas vascas, y le dije que no me lo pidiera porque no podría hacerlo sencillamente porque me sentía artísticamente distinto. Aquella situación cambiaría radicalmente con mi intervención en el proyecto del bacalao, en el que a lo largo de varios años supe mantenerme fiel a mi estilo (¡joder con el estilo!), y si gané por una lado, como decía antes, por otro me estaba atando una soga al cuello de la que sólo me liberaba en momentos puntuales: el rol, cuentos infantiles, o juveniles como los piratas que hice para Espasa…

Necesito aire fresco y lo voy a encontrar de inmediato, porque tengo intención de mirar a la cara a aquel chaval de 19 años recién cumplidos, para decirle que se acabaron las irreverencias porque el tipo que le ha vencido siempre, pongamos por caso yo mismo, ha vuelto con intención de quedarse.

sábado, 31 de julio de 2010

The Road


Si fuese un libro escrito por alguien que no fuera Cormak McKarthy tal vez no me habría atrevido a mencionarlo, pero habiendo sido creado por el autor de «No es país para viejos» no siento otras ganas que hacer un gesto de profundo respeto ante un autor que describe con las entrañas uno de los amores más profundos que existen y que no entiende de géneros, por mucho que nos hayan llenado los oídos con la cantinela de que los varones no podremos amar jamás a nuestros hijos como sus madres, por la sencilla razón de que no los hemos parido.

Genitalidades y naturaleza aparte, el vínculo entre un niño y sus progenitores es santo, mágico, y McKarthy pone el dedo en la llaga de las estupideces que nos rodean, magnificando en su historia a un individuo varón que ejerce de madre, que cede como madre, que protege como madre más allá de lo que haría un padre, que siendo hombre se abre el pecho como el mítico pelícano hembra.

The Road es una bellísima metáfora barnizada de podredumbre apocalíptica, una oda a la esperanza disfrazada de infinita tristeza, un canto a la vida en mitad de un mundo yermo y muerto…

Tratada con una aspereza literaria que por momentos causa rechazo, la obra de McKarthy nos lleva por una carretera que en el fondo es la vida misma, hacia un final que se antoja imprevisible porque resulta imprescindible, de la mano de un protagonista único que es una relación sencilla, un formato de entendimiento que pende siempre de un hilo, establecido entre un ser vulnerable y su seguridad más inmediata, lo comprensible, de manera que hijo y padre se funden para trascenderse en pos de la única ilusión que puede mantenerlos vivos.

El pequeño pregunta y el adulto responde. El niño interroga y el hombre sueña que la realidad es siempre mejorable, aunque no se le ocurra cómo. Uno y otro interpretan sus respectivos papeles compartiendo dudas y anhelos, haciéndose permeables a los miedos que les asaltan, superándolos juntos, creciendo en comandita, siendo dos y uno a la vez.

No hay resquicios ni fisuras en la trama porque si los protagonistas fuesen una madre y un hijo lo entenderíamos todo. Pero aquí reside el ardid literario de McKarthy, quien trastocando el natural orden de las cosas nos sitúa al borde del abismo enfocando a la figura de un hombre que se comporta como lo que la sociedad entera le niega, escenificando en él que la lealtad hacia un hijo es incomprensible pero sagrada, que lo es más allá de toda lógica, porque hemos nacido para perpetuarnos y esta orden va grabada a fuego en nuestros genes.

Si fuese un libro cuya lectura no me hubiera sugerido un amigo, tal vez no me habría atrevido a mencionarlo, pero The Road, además es bueno y extremadamente inteligente, lo que lo hace doblemente recomendable a pesar de su dureza.