sábado, 24 de octubre de 2009

Tambores de guerra


Soy un optimista de tomo y lomo. A finales de 2007 o principios de 2008 (lo siento, no lo recuerdo bien), afirmé que para abril del año pasado el cotarrillo empezaría a ponerse mejor de lo que andaba, y lo cierto es que no me equivoqué demasiado, al poco de anunciar por esas fechas que nosotros estábamos en orden de revista y listos para la faena, comenzaron a ocurrir cosas.

Ha llovido algo, lo reconozco, pero poco a poco se va viendo el asunto de mejor manera que como se veía hace escasamente un año, incluso las tiendas parece que han comenzado a ponerse las pilas. Para nosotros, Ludotecnia, esta oportunidad se ha consumido, así que nos queda esperar a marzo próximo por ver si acertamos, que me da que sí podemos hacerlo. Como decía, para nosotros 2009 no cuenta, como no contó 2008 y los anteriores, al menos en términos de publicación, porque en cuanto a trabajo seguimos preparando material que algún día verá la luz.

A colación de esto, y aunque ya hay quien ha comprendido el quid de la cuestión y lo proclama a los cuatro vientos, me gustaría recalcar que proyectos como Ludotecnia son muy sensibles a las coyunturas del mercado, de manera que miramos y sopesamos mucho qué tal anda todo antes de dar un paso. Hace ya tiempo que decidí que no servía de nada ponerse al frente, y que resultaba mejor hacer caminar a la editorial por el sendero hollado por los titanes.

Entendedme, es lo que tiene saberse hurón y no dinosaurio, porque si te mueves parece que todo se mueve, pero el que se beneficia de la sensación originada es el grande. Te dejas los dientes y los cuartos en promocionar ZuluGolf, por ejemplo, y lo que se vende es Deep Blue, que además regala dados. Haces lo propio con ¡Al Abordaje!, y el resultado es que de los almacenes de una distribuidora se rescata un juego que hiciste hace unos años, que se añoraba por los aficionados, y que puesto en el mercado puede abrirte en canal porque te supone una competencia inesperada…

No anda el horno para bollos, lo sabéis. Editamos poco, en un límite razonable que nos permite ofrecer calidad a muy buen precio, amortizando la inversión, cubriendo los gastos, y con dinero para nuevas aventuras. Así que nos dejamos de chorradas y de jugar limpio por el bien de la afición (algún día me meteré con esta generalidad), y esperamos a que la ventana oportuna se abra de par en par, o si no lo vemos claro, o no podemos, como ahora, dejamos pasar la ocasión sin despeinarnos, porque en el mundillo hay que entender que cada cual tiene que hacer lo que le corresponde, los deberes, vamos, y los dinosaurios los primeros, que por volumen de negocio y capacidad se merecen el puesto, obviamente, pero también deben ganarse las alubias como el último mono.

Dicho esto, estas próximas navidades se muestran propicias en cuanto a lo nuestro (si las comparamos con las anteriores, ni os cuento), y sin menoscabo de vuestra integridad como consumidores, mucho menos pidiéndoos que os dejéis tratar como idiotas, convendría que mirarais el presente en términos de futuro, y que comprendierais que si aflojáis la mosca comprando Devir, EDGE, o cualquier cosa de la parcela del mundo a la que siempre miramos, estaréis apostando porque Sombra, NoSoloRol y Ludotecnia, junto a esas iniciativas que algunos dicen que sobran pero que a mí me parecen imprescindibles y beneficiosas, logremos formalizar un escenario mucho más provechoso para todos.

Quid pro quo, dirían las voces estrechas. Yo prefiero poner la directa y deciros abiertamente que están sonando tambores de guerra y que conviene escucharlos. Tiempo habrá más adelante para comparar precios y calidades, o en su caso para tirar cohetes si hay un poco de suerte.

sábado, 17 de octubre de 2009

El geriátrico

Lo prometido es deuda. Carlos Monzón tiene su web lista.

Mirándola esta misma mañana, me he quedado con la imagen que decora esta entrada porque me resulta tremendamente sugerente, como más tarde explicaré, amén de estar resuelta de una manera que no sé cómo demonios definir. Sin duda es buena, y hermosa también.

A pesar de que el escenario que describe puede parecer cogernos por las solapas para arrastrarnos a un mundo abandonado, tétrico o muy decadente, siempre inquietante, para ser sincero, a mí me ha recordado los viejos tiempos de la editorial, cuando tras llevar horas dándole y dándole al teclado o los pinceles, encontrábamos un momento o una excusa para despacharnos a gusto.

En una de aquellas míticas tardes, recuerdo, hicimos pruebas de tiro con arco (el tamaño del estudio admite ésta y otras hazañas), a resultas de lo cual, la puerta del baño todavía muestra el agujero que produjo una flecha que la atravesó de parte a parte porque se desvió tres o cuatro metros de la diana. Otra, dos de mis compañeros de fatigas y yo mismo, nos enzarzamos en una lucha sin cuartel con pistolas de bolitas, emboscándonos entre las mesas y las pilas de libros...

Éramos unos gandules, lo admito, y yo el primero. Miro aquellas escenas u otras que se dieron, y se me ponen los pelos como escarpias, aunque también hubo momentos de solaz intelectual, en los que todo se paraba porque uno de nosotros se ponía a leer en voz alta lo que acababa de escribir, o porque surgía la ocasión de hacer auténticos estrenos mundiales con cada ilustración que salía del horno, o porque como ocurría en el Sanreza, tocaba jugar en el ordenador de Carlos ya que mi pequeño LC quedaba fuera de servicio mientras asimilaba el documento de la portada de Time Out…

El caso es que seguimos siendo igual de cachondos con lo nuestro a pesar de que tenemos trabajo estable o lo hemos tenido hasta hace bien poco, familia, asuntos varios, y es que no hay nada como disfrutar con lo que llevas entre manos, y mirar al tiempo a la cara para saber que le has vencido porque sigues encontrando hueco en tu vida para seguir siendo un perfecto irresponsable cuando toca. A mí me ha dado últimamente, por ejemplo, por sacar provecho a la tableta de dibujo que tengo desde 2006, que para ser sincero ni la había tocado. Me gusta la herramienta. Coges algunas fotografías, la sacas por la impresora al tamaño adecuado, calcas el montaje definitivo como en los viejos tiempos de serigrafía (el tema de los umbrales en el Photoshop no es lo mismo, ni de lejos), escanéas, rellenas lo escaneado, completas el asunto y pares un collage a la antigua usanza, y te quedas tan ancho. Es una gandulada como la copa de un pino que saldrá Dios sabe cuándo, bajo el pabellón de un tipo diferente a mí que será más yo que yo mismo... ¿Qué tal un joven estudiante de Bellas Artes italiano?

Venía diciendo... La imagen compuesta por Carlos me parece que retrata la escalera de un geriátrico a la hora en que las enfermeras, los celadores y la mayoría de los internos duermen a pierna suelta, momento que han aprovechado unos cuantos viejos locos para hacer carreras con las sillas de ruedas, los taca-tacas y las camillas, abandonándolo todo luego para que quede constancia de que aún tienen ganas de seguir viviendo… ¿A que mola?

domingo, 11 de octubre de 2009

Quidam


Imaginemos un lugar tan oscuro que nuestros ojos tuvieran que dilatar completamente sus pupilas para intentar descubrir algo de luz en la penumbra más espesa. Imaginemos no ver a nadie en varios días como si fuéramos los únicos habitantes de este planeta, o al contrario: intuyéndonos constantemente vigilados como le ocurre a un ratón en un laboratorio. Imaginemos por un momento que somos realmente capaces de vivir en un sitio así manteniendo un mínimo de cordura, dispuestos a habitar en él durante un largo periodo de tiempo sin más compañía que nuestros recuerdos, porque es el único lugar que nos queda...

Demos ahora rienda suelta al sentimiento extremo de aislamiento que nos embargaría y vayamos un poco más lejos, por ejemplo hasta dibujar un espacio aún más alejado e indefinido que el propuesto, cuyos límites físicos y posibles compañías sólo fueran asequibles a través de leves vibraciones del aire, fugaces contactos, olores, ecos o sonidos.

Las condiciones extremas a las que están sometidos los individuos que viven en los túneles —con consecuencias previsibles sobre su estabilidad física y mental—, siguen estando muy alejados de lo que podemos imaginar por mucho interés y empeño que pongamos en lograrlo, y además continúan estrellándose contra la muralla de contradicciones que surgen en el análisis del poco material disponible que refiere con un mínimo de rigor la cultura e idiosincrasia de los náufragos de este vasto territorio, todavía inexplorado. Por tanto, no debería resultar extraño que afirmemos con bastante convicción que tratar de dar un sentido a todo lo dicho hasta el momento supone enfrentarse a la certeza de que estamos ante algo que tiende a escapar a nuestra razón y comprensión, pero no así a nuestros sentidos.

Si parece impensable que nadie en su sano juicio pueda decidir enterrarse vivo, las evidencias preseveran en reflejar lo contrario, en un suma y sigue que parece no tener fin. En este orden de cosas, para hacernos una idea podemos acercarnos a la descripción que hace E. Fromm de las consecuencias funestas del aislamiento sensorial o los procesos graves de deterioro relacional sobre el ser humano (The Anatomy of Human Destructiveness) —sucesos muy similares a los que envuelven a los indigentes, y que dicho sea de paso son terapias ampliamente utilizadas en los sistemas de extración de información usados por algunas administraciones (doctrina Bulgarin, manual Kubark, etcétera) y de los que se han extrapolado consecuencias en las que abunda la publicidad o los denominados sistemas de venta agresivos, que contemplan como prioridad la destrucción de toda resistencia ante el objetivo propuesto, o que forman la base indiscutible de un proceso vejatorio al que paulatinamente nos hemos ido acostumbrando, sin dejar por ello de sorprendernos, y al que damos el nombre de mobbing—. Con todo, la posibilidad de vida continuada en los túneles parece certificada y ello nos plantea un grave interrogante: ¿cómo puede ser posible?

Tal vez sea el momento de acercarse al estudio realizado por John Canemaker (Town rats) sobre la conducta de las ratas de alcantarilla cuando están sometidas a una fuerte presión ambiental para entenderlo, aunque será en el contundente trabajo de Edward F. Abood (Underground man) donde encontraremos mejores pistas cuando afirma con claridad meridiana que el hombre subterráneo se ha rebelado contra las normas de la sociedad donde vive y contra las fuerzas que la perpetúan adoptando la segregación como respuesta.

Atribuyéndole un impulso estrictamente personal y un compromiso permanentemente subjetivo incluso cuando forma parte de un grupo —siempre se sabe aislado—, este sujeto rechaza todo tipo de valores o códigos de conducta y por lo tanto vive en un permanente estado de tensión y ansiedad que se agrava en la que seguramente es su cualidad más distintiva: su sensibilidad agudizada y muchas veces enfermiza. Abood, por último, reflexiona que el hombre subterráneo no tiene nada de héroe romántico porque su fuerte individualismo supone su mayor fuente de sufrimiento —aislado, profundamente aislado, se considera parte de la sociedad que le ha desterrado de por vida; rechazado, alberga un terror visceral a quedar olvidado en su exilio y digiere mal la indiferencia con que le responde el paraíso perdido, contestando con una intensificación de sí mismo—.


Texto perteneciente a Quidam. La ilustración inferior corresponde a una muestra del magnífico trabajo que realizó Roberto Mata para nuestro libro.

sábado, 3 de octubre de 2009

Con ánimo de ofender


Tiene su tela que todavía haya que hablar de estas cosas, y lo comento desde la envidiable posición que me permite recordar que yo mismo fui acusado de alineado no hace tanto, por mostrarme afín (afinidad y alineación no significan lo mismo, se mire por donde se mire) a la línea editorial de una revista de la competencia (nuestra y también de los supuestos agredidos), con la que mantuve también algunas sonoras divergencias, ya que lo cortés no quita lo valiente, y en cuanto a independencia de criterio se refiere, aún menos.

Vivimos tiempos extraños, nebulosos, y como creo que comenté en primavera, se está poniendo de relieve que los molestos molestan más de lo que su dimensión y tamaño aconseja considerar. No sé si me explico.

Si los blogs no son útiles a las editoriales; si son menospreciados por ellas; si son continuamente asediados por hambre —las novedades no les llegan; las noticias sabrosas, ni en su momento ni nunca— en favor de los grandes y mortecinos foros oficiales, o en su caso en el de los boletines de noticias o la sección de novedades de las webs correspondientes; no sé a cuento de qué viene rasgarse las vestiduras porque tal o cuál de ellos te anda metiendo varilla y por ello puede afectar al mercado…

O lo afectan, o no lo afectan, y si la actitud crítica mostrada por algunos blogueros lo hace, como parece, lo pertinente sería buscar cauces para que lo hiciera de la manera que a ti te interesa y en el fondo nos interesa a todos, no sé, pasando novedades para que se reseñen, particulares de tu actividad para que se conozcan, intervenciones en los debates que se originan tras las entradas, un sacar la cabeza de la Torre de Marfil, en una palabra.

Es una humilde opinión, desde luego, y viene de quien viene, vamos, de un tipo que dice que dirige una editorial que no da señales de vida, pero creo sinceramente que los tiros deberían ir por ahí si queremos mejorar el cotarro, y más cuando nos empeñamos en llamar coleccionistas a los aficionados, asumiendo que su poder adquisitivo no depende de la paga de los domingos, y de suyo que pueden ser abogados, médicos, funcionarios o autónomos, o que intentan serlo, que lo mismo da, y que por tanto tienen opiniones formadas y libertad de pensamiento porque la ejercen incluso cuando van a votar, también alguna metralla en el cuerpo, y tiempo para desperdiciar organizando el tinglado de un blog y alimentándolo…

Y además, ¿qué se puede esperar de un tipo que subtitula su sitio con el elocuente «con ánimo de ofender»?, pues que como te despistes te estará metiendo una bola de miga de pan en el plato de sopa por ver si te salpica, y para colmo sonríendo desde el otro lado de la mesa.

En serio, antes molaba ser un perro cabroncete arropado por un sello editorial a la espalda (me he tragado las 2D10 y las RPG Magazine que tengo, y también alguna Líder, aunque cabe decir que su beligerancia era más solapada). Yo mismo vengo ejerciendo de perro malo desde que intentaron cerrarme la boca allá por el noventa y pocos del siglo pasado. En serio, repito ¿qué hay de negativo en que los nuevos perros malvados anden sin bozal, como antaño, pero ahora sueltos y sin correa?

¿Quién dijo miedo?