domingo, 21 de junio de 2009

Y ahora, ¿qué?


Hay momentos en la vida en que uno se queda literalmente sin palabras. Hoy he tenido oportunidad de disfrutar de uno de ellos. ¿Qué dices, qué haces ante propuestas como ésta?

Si entro al trapo y contesto que el planteamiento esgrimido es directamente absurdo, aunque lo haga desde el más profundo respeto a su enorme ingenuidad, pueden lloverme tantas piedras como para levantar una catedral; y si me callo, lo tendré que hacer asumiendo el riesgo de que estas cosas son las que precisamente no nos dejan salir del hoyo.

Por precaución voy a decir lo que pienso en éste mi retiro, pues andan aún frescas las heridas que levanté hace poco por abandonarlo sin previo aviso, y no tengo el cuerpo para más jarana.

Así, querría comentar que si la literatura de un libro no resulta lo suficientemente descriptiva, elocuente y clara, difícilmente un dibujo podrá salvarla. Por tanto, sugerir que una ilustración tiene que servir al texto, así, por las buenas, es una inmensa tontería, ya que tiene que servir, por encima de todo, al libro. Además, si el editor ha considerado la presencia del ilustrador como adecuada para el proyecto, debería ser (sé que no suele serlo) porque es consciente de que puede aportar algo más que lo que pone el escritor, so pena de abrumar el resultado con reiteraciones idiotas (muestras hay muchas, y no sólo en rol, así que a lo mejor un día me despacho a gusto al respecto).

Mal que pese leerlo, el ilustrador es un tipo que piensa por su cuenta y riesgo, que tiene su propia filosofía de ver las cosas, que entiende lo que lee a su manera, personalidad, vamos, y de suyo hay que comprender que sujetarlo a las férreas directrices del autor no va a resultar provechoso, muy al contrario, su contribución puede saturar el producto hasta hacerlo incomestible.

Por el contexto de la entrada aludida, el comentarista trata de enfatizar una o dos modalidades de ilustración (dejo aparte lo de las fotografías porque jamás pueden ser consideradas como tal), la técnica y la descriptiva, como las más adecuadas para los JdR, y si bien no cabría objetar nada al respecto pues para gustos son los colores y hay libros y libros diferentes, circunscribir el asunto tratado a esta única perspectiva, se me antoja una actitud demasiado rácana para con el lector, por excluyente de otras formas de concepción que podrían resultar mucho más enriquecedoras.

Comprendo que cuando uno es autor del texto, disfrute regodeándose con el trabajo de alguien que lo ha pasado a limpio, puesto bonito, para que nos entendamos. Es legítimo, pero demasiado habitual, cabe decirlo. Por ello prefiero, como editor y aún como escritor, sorprenderme con lo que han sabido percibir en lo que les paso para que lean e ilustren, Elena, Rober, Carlos, o yo mismo, si se da el caso, ya que mi experiencia me dice que siempre resulta gratificante descubrir cosas en los dibujos más allá de lo que nos narran las líneas del libro donde van impresos.

Dicho esto, ¿los libros no deben ser sugerentes y estimulantes para que se vendan bien? Pues mal vamos, estimado compañero, si acotamos la labor del ilustrador a que haga sólo de retratista o paisajista, obviando que además de buena mano (cuando se da), también tiene alma, gustos y sentidos, que el lector también tiene derecho a disfrutar.

Para terminar, en cuanto a lo de la idoneidad o no de las ilustraciones, me gustaría recalcar que ésa es una faceta que atañe al editor y al diseñador, y a su buen gusto. Pero ya sé que eso forma parte de otra historia, así que mejor lo dejo.

jueves, 18 de junio de 2009

Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho

En esto de hablar semanalmente, o diariamente, en las listas, sobre temas que nos envuelven, tocan o rozan, ocurre que a veces se da por entendido que te estás refiriendo exclusivamente a algo sin que hayas tenido intención de hacerlo. La situación se da cada cierto tiempo: un colistero le dice a otro que si quería decir tal o cual cosa lo podía haber dicho y haberse dejado de circunloquios —a mí me ha pasado ya algunas veces—. Luego vienen la explicaciones más o menos convincentes del otro (mías), las exculpaciones o la reafirmación de lo dicho, y toda la sustancia suele perderse en el batiburillo de la conversación. [Leer más]

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº72, en la sección El Chupacabras, con fecha 28 de octubre de 2002.

domingo, 14 de junio de 2009

De Profundis

¡Vaya treinta días que llevo a cuestas! Mi inocente escapada de mayo todavía colea, y ante la duda de si mis comentarios forman parte de una manera errónea de concebir nuestro mundillo, me ha dado por buscar amparo en las revistas del ramo que todavía guardo, por ver si allí se hablaba en el mismo tono o se decían parecidas cosas a las que comento cuando salgo del agujero, no sea que la edad me esté pasando una factura que no me apetece pagar.

La tarea es titánica. Buscar algo en el Cuarto de la Tía Rosario tiene su aquél, y si la cosa es antigua (mis Dosdediez y RPG lo son), pues como que resulta un auténtico calvario hacerlo. Bien, en ello andaba cuando he dado con un tesoro.

De Profundis es un libro de ilustraciones maravillosamente editado por Norma Editorial, que incluye 2 DVDs  con la película y un making off (hay una modalidad sin ellos, lo que pone la mía en versión coleccionista). Va a todo color y en tapa dura, y no se romperá con el uso porque sus cuadernillos están cosidos a hilo, y porque las guardas van directamente sobre el primer y último librillos de las tripas (como en el G2 o el Quidam, para que os hagáis una idea). La manufactura es exquisita. Hay páginas de cortesía y todo eso que suelo alabar tanto en cuanto a diseño, de manera que el acojonante trabajo gráfico de Miguelanxo Prado resplandece por los cuatro costados, que es de lo que se trata, porque es un álbum ilustrado al servicio del artista gallego y sus viñetas, soberbiamente maquetado y tratado en su conjunto.

No llega a las 100 páginas (cumple con las 96 de rigor, contando todo), pero da gusto tenerlo en las manos porque destila respeto al autor y al comprador, y dudo mucho que su tirada sea de las muy abultadas. Dejémoslo en que presumo que andará como mucho sobre los 5.000 ejemplares, contando la versión barata y la cara. Como suele ser costumbre habitual en mí, también tengo el ticket de compra, pero me da palo mencionar el precio que aparece marcado, no vaya a ser que alguien se sienta agredido por revelarlo, aunque convendría hacer una visita a la web de Norma para que podáis verlo vosotros mismos.

A lo que iba. Decía hace bastante tiempo que envidiaba la evolución del mundo del cómic con respecto a la nuestra, y este libro es una buena muestra de cómo se puede hacer un soberbio trabajo editorial cuando se ha alimentado el tejido que lo sustenta de manera conveniente, cuando se ha educado al consumidor a base de respetarlo, para que aventuras como De Profundis puedan resultar vistosos ejercicios de dignificación que todo el mundo comprende, aunque no lo compre, que lo compran.

Si podéis, no dejéis al menos de ojearlo, merece la pena darse el gustazo. Yo me voy para Nürburgring, a apuntarme como seguidor, que me hace ilusión que el cuentagotas alcance pronto las 1.000 visitas.

miércoles, 10 de junio de 2009

Autores de segunda

En esto de la cosa pública —escribir para este boletín informático parece ser más público de lo que cabría pensar—, hay que hilar muy fino en las consideraciones que haces, que luego las aclaraciones posteriores quedan un poco sobre falso. Y es cierto que hice una sobre los traductores como autores de segunda, más con la intención de menoscabar el orgullo de los que acostumbran a subirse a la chepa de cualquier cosa que se mueve, sin parar en los resultados, que con ánimo peyorativo. Nada más lejos que minusvalorar el trabajo de unos tipos que me merecen el mayor de los respetos, porque uno (yo), recurre a las traducciones como todo bicho viviente para enterarse de lo que se cuece por el mundo. Por si fuera poco, yo también, en lo profesional, soy considerado autor de segunda por los que creen entender de estas cosas, al menos en mi faceta de ilustrador y diseñador. [Leer más]

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº71, en la sección El Chupacabras, con fecha 21 de octubre de 2002. 

domingo, 7 de junio de 2009

El horror


Juro por lo más sagrado que salí de la trinchera para reafirmarme un poco… ¡Si ni siquiera he tirado un tiro!

Lo comentaba el otro día de pasada, pero visto el cariz que están tomando las cosas, conviene que pormenorice hoy de qué iba el asunto, más que nada por evitar malos entendidos. A mi modo de ver no deja de ser una muestra más de que El Opinómetro vale su peso en oro en eso de generar tormentas de ideas (tal vez por eso su presencia encabrona tanto), pero el caso es que en su interior, en mayo, se publicaba una entrada que levantaba alguna que otra ampolla, y como siempre, los más sabidos, más de oídas que con algo de sustancia. Dicho esto, se insinuaba algo sobre Ludotecnia sin que se supiera a qué demonios salía, y obviamente, yo me levantaba del suelo para olisquear el aire, desentumecerme y moverme un poco, acudiendo a la llamada.

Chorrada va, chorrada viene, sale el anónimo de turno en plan trascendental, armado con un calcetín de duros, y trata de hacerme frente, y lógicamente se lleva un par de culatazos, y se monta. Lo de menos es que el que la liaba parda fuera uno de los sabios a los que me he referido en este mismo blog (sólo he retratado a dos, así que lo tenéis facil), y que su cobertura oliera a conocido por los cuatro costados. El caso es que mal que bien aguantaba el tipo, que era de lo que se trataba, pero que conste que sin ponerme bravo.

Bien, así las cosas, en otro blog se replicaba parte del asunto, y vuelta al tema de si digital u offset, como sistema más adecuado para las ediciones y tal, y yo que una vez levantado como que me apetecía seguir erguido un rato, y se vuelve a montar, aunque tengo que decir que todo fue en plan suavecito y cachondo, tanto que esta misma semana he recibido por privado un correo electrónico de un impresor aragonés que me retaba a que le pidiera precio, como lo leéis.

Estoy mayor, me siento algo cansado y abrumado ante este tipo de merequetenes con los que me divertía tanto hace no demasiados años, y accedí a contrastar precios, y entre unas cosas y otras me he enterado de algunos datos interesantes que atañen a nuestra competencia que imprime con ellos. A lo que voy. Soy un buen tipo, aguanto de todo, desde pares que me dicen que el diseño de nuestra web huele a los 80 (¿por qué a los 80 y no a los 60?); otros que afirman rotundamente que no existimos, por ver si les hacemos caso; hasta personajes que van de sabios hechos y derechos por la vida; e incluso impresores que no saben dónde se meten. Lo que no puedo ser es lo que no soy, ni renunciar a mi experiencia, ni negar que sé lo que sé porque lo disfruto todos los días del año.

Para bien o para mal, vivo de esto del libro desde que comencé profesionalmente con ello en el 86 del siglo pasado, y entre imprentas y fotomecánicas, desde los 17 años, cuando muchos de mis lectores e interlocutores casi ni habían nacido. He visto de todo, y seguiré afirmando lo que afirmo: hoy es más barato editar libros porque ha mejorado la industria y porque han desaparecido algunas de sus franjas laborales (fotolitos y montaje, por mencionar dos sencillos ejemplos) que antes suponían lo suyo; editar en digital hasta 1.000 ejemplares es posible en equiparación económica al offset, porque me lo ofertan día sí y día también los proveedores con los que trabajo (¡jodidos, tiene que amortizar lo que han invertido!); y en general, las ediciones que pueblan nuestro mercado podrían ser mejores.

¡Molesta!, pues lo siento, pero es lo que hay.

miércoles, 3 de junio de 2009

El plagio

«Han encontrado un zulo en la sede de Ludotecnia». La verdad es que no me extrañaría que lo encontraran dado el lastimoso estado de revista en el que permanece nuestra editorial, pero a que la cosa del zulo lleva su aquél. Pues bien, gracias al uso y al abuso de esta palabreja del euskara por parte del periodismo, cualquiera que no sepa lo que realmente significa entendería que en nuestra sede se guardan desde armas a cachivaches varios, de los peligrosos. Pues bien, «zulo» es una palabra que determina un agujero excavado en el suelo, una oquedad donde los labriegos guardaban tradicionalmente la pitanza de las inclemencias del tiempo, o donde los pastores dejaban a buen recaudo algunos aperos sencillos con los que ayudarse cuando hacía falta. [Leer más]

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº70, en la sección El Chupacabras, con fecha 14 de octubre de 2002.