domingo, 29 de noviembre de 2009

How fortunate the man with none


«El manga es una plaga. La invasión ha sido total, como demuestran las cuotas de mercado que ha conseguido. Es una epidemia. Me recuerda a lo sucedido con las abejas de la Amazonia que suben hasta Norteamérica y matan a las especies autóctonas. En Francia, los camarones han desaparecido porque echaron en nuestras aguas una especie foránea que acabó con ellos. Los nuevos también están buenos, pero no son los mismos... Tienen un acento espantoso. El problema es que el manga llega a Europa, pero el cómic europeo no va a Japón. Eso es lo injusto.»

Hay momentos en que el universo se prodiga en facilitar encuentros que parecen estar relacionados de manera premeditada, como si intentaran desvelar un secreto.

A raíz de que el miércoles publicara Dos pájaros de un tiro, recordaba al día siguiente que le debía una a uno de los grandes de la historieta, y el caso es que desde este viernes se viene celebrando en Getxo el VIII Salón del Cómic y el Manga. Ayer mismo, a la tarde, me pasé brevemente por la carpa principal y pude observar a numerosos aficionados disfrazados de lo suyo, de parecida manera a como se disfrazaban las huestes vampíricas del Vampire RPG a partir de mediados de la última década del siglo pasado.

Hoy, mientras tomaba café en el Novelty, leía en el diario El Correo cómo nuestros pescadores de ultramar estarán más a salvo a partir de ahora porque ya no hay atunes cerca de las costas de Somalia (¿será que se ha terminado con ellos?) y es menester ir a buscarlos a otro lugar. En en andén del metro, en las páginas de El País, he disfrutado de Enric González en su inteligente y demoledora columna titulada El sexo del toxoplasma; y donde no recuerdo (los domingos son días de mucha prensa encima), una reflexión sobre cómo la penuria de ideas ha preñado el centro neurálgico de los estudios cinematográficos americanos (Hollywood), sin que la merma de calidad y bajas inversiones de las propuestas que nos llegan se note en lo que paga el espectador en taquilla, he pensado yo, intuyendo que tal vez por ello nuestro cine se haya alarmado tanto porque Bruselas ha decidido cerrar el grifo de las ayudas públicas a la cultura, imprescindibles incluso para ese 50% de producciones que jamás se llegan a estrenar porque hay algún que otro chorizo suelto, y porque en el fondo no hace puñetera falta, ya que los cines rebosan material suministrado por las distribuidoras…

Voy sesgado, lo admito. Nada más abrir hoy la puerta del estudio recordaba que uno de mis sabios preferidos me tildaba de salvapatrias allá por mayo (¿qué diría hoy si me leyera?). Para las 11:24 todo lo que me rodeaba se había convertido en hielo.

Mientras pienso en qué demonios hace Tom Cruise rodando unos sanfermines en andalucía, siento que la suma de todo lo acontecido estos últimos días tiene que significar algo. Sí, tiene que tener un significado, lo intuyo.


La imagen corresponde al siempre magnífico trabajo de Moebius, como suyo es también el pensamiento del párrafo que abre la entrada, y que fue publicado el pasado 15 de noviembre, en El País.