sábado, 14 de noviembre de 2009

Billie Holliday


Estos día pasados han sido algo duros. Primero la gripe A asolando la casa, luego una intervención de cataratas a mi madre, con alguna complicación de por medio que por fortuna ya está resuelta, más tarde, por esas cosas que tiene el cuerpo y que jamás entenderé, una sensación de cansancio supremo que me recuerda que ya no tengo veinte años, y el trabajo atrasado, y el corriente…

Me he apartado de todo esto, tanto que se me ha acabado el campeonato mundial de F1 y he dejado Nürburgring sin alimento desde hace días. No es que me preocupe, allí están acostumbrados a que publique en modo delay sin que les importe un pimiento, cosa que agradezco desde este retiro y que agradeceré públicamente en cuanto ponga aquel blog al día. A lo que iba, que tal vez por el cúmulo de circunstancias que he narrado, o porque ando embarcado en una historia de maquetas y dioramas, como en los viejos tiempos, el caso es que no me apetecía acercarme al ordenador ni para mirar el correo electrónico.

Mientras suenan los ecos estridentes que enfatizan el esfuerzo por convertir los TBOs de siempre en modernas novelas gráficas, modalidad en la que resulta posible encontrar autores underground publicados en España bajo el pabellón del lujo (¡tela, tela, tela!) que los hace asumibles al coleccionista de turno, sostengo en las manos un volumen de libro que no sé cómo coño definir —hace unos años lo habría llamado álbum ilustrado; hace menos, me habría referido a él como cómic a color—.

Lo encontré en el cuarto de la tía Rosario, entre un montón de cosas más que adquirí este pasado verano, y aunque su factura no me encandile del todo ya que a mi modo de ver podría estar mejor editado, me apetecía mencionarlo en éste mi retorno, porque conjuga dos de mis aficiones preferidas: la música y la historieta, más exactamente a Billi Holliday y a August Tharrats (Tha) poniendo lo suyo a los textos y visión de la cantante que ofrece un para mí desconocido Miquel Jurado (autor de los guiones de la serie de libros que componen la colección donde está incluido éste), que me ha encantado.

Decía más arriba que la edición no es como la de De Profundis, por ejemplo, y el precio es algo abultado (24 €), pero puede justificarse en un aspecto bastante resultón, en su posible corta tirada, y en que ofrece en su interior un par de CDs con una bonita muestra del trabajo de Lady Day (44 temas), que aunque no contiene el mítico I'm a Fool to Want You (Lady in Satin) es muy demostrativa de la enorme calidad de la artista americana.

Lo edita Discmedi/Blau. Y sea un álbum de los de siempre, o lo que sea como se llame a estos libros ahora, si os gusta el jazz añejo, la literatura buena y la sensibilidad y el estilo en el dibujo, y si tenéis oportunidad de echarle un ojo, o podéis llevároslo bajo el brazo (pagando, ¡ojo!), seguro que lo disfrutaréis como lo he disfrutado yo estos días que gracias a Dios ya he dejado detrás.