sábado, 17 de octubre de 2009

El geriátrico

Lo prometido es deuda. Carlos Monzón tiene su web lista.

Mirándola esta misma mañana, me he quedado con la imagen que decora esta entrada porque me resulta tremendamente sugerente, como más tarde explicaré, amén de estar resuelta de una manera que no sé cómo demonios definir. Sin duda es buena, y hermosa también.

A pesar de que el escenario que describe puede parecer cogernos por las solapas para arrastrarnos a un mundo abandonado, tétrico o muy decadente, siempre inquietante, para ser sincero, a mí me ha recordado los viejos tiempos de la editorial, cuando tras llevar horas dándole y dándole al teclado o los pinceles, encontrábamos un momento o una excusa para despacharnos a gusto.

En una de aquellas míticas tardes, recuerdo, hicimos pruebas de tiro con arco (el tamaño del estudio admite ésta y otras hazañas), a resultas de lo cual, la puerta del baño todavía muestra el agujero que produjo una flecha que la atravesó de parte a parte porque se desvió tres o cuatro metros de la diana. Otra, dos de mis compañeros de fatigas y yo mismo, nos enzarzamos en una lucha sin cuartel con pistolas de bolitas, emboscándonos entre las mesas y las pilas de libros...

Éramos unos gandules, lo admito, y yo el primero. Miro aquellas escenas u otras que se dieron, y se me ponen los pelos como escarpias, aunque también hubo momentos de solaz intelectual, en los que todo se paraba porque uno de nosotros se ponía a leer en voz alta lo que acababa de escribir, o porque surgía la ocasión de hacer auténticos estrenos mundiales con cada ilustración que salía del horno, o porque como ocurría en el Sanreza, tocaba jugar en el ordenador de Carlos ya que mi pequeño LC quedaba fuera de servicio mientras asimilaba el documento de la portada de Time Out…

El caso es que seguimos siendo igual de cachondos con lo nuestro a pesar de que tenemos trabajo estable o lo hemos tenido hasta hace bien poco, familia, asuntos varios, y es que no hay nada como disfrutar con lo que llevas entre manos, y mirar al tiempo a la cara para saber que le has vencido porque sigues encontrando hueco en tu vida para seguir siendo un perfecto irresponsable cuando toca. A mí me ha dado últimamente, por ejemplo, por sacar provecho a la tableta de dibujo que tengo desde 2006, que para ser sincero ni la había tocado. Me gusta la herramienta. Coges algunas fotografías, la sacas por la impresora al tamaño adecuado, calcas el montaje definitivo como en los viejos tiempos de serigrafía (el tema de los umbrales en el Photoshop no es lo mismo, ni de lejos), escanéas, rellenas lo escaneado, completas el asunto y pares un collage a la antigua usanza, y te quedas tan ancho. Es una gandulada como la copa de un pino que saldrá Dios sabe cuándo, bajo el pabellón de un tipo diferente a mí que será más yo que yo mismo... ¿Qué tal un joven estudiante de Bellas Artes italiano?

Venía diciendo... La imagen compuesta por Carlos me parece que retrata la escalera de un geriátrico a la hora en que las enfermeras, los celadores y la mayoría de los internos duermen a pierna suelta, momento que han aprovechado unos cuantos viejos locos para hacer carreras con las sillas de ruedas, los taca-tacas y las camillas, abandonándolo todo luego para que quede constancia de que aún tienen ganas de seguir viviendo… ¿A que mola?

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