sábado, 26 de septiembre de 2009

Nerverland


Los estudios de diseño e ilustración suelen estar repletos de muestras de proyectos que o bien fueron rechazados en su día, se quedaron aparcados por las buenas, o simplemente supusieron simples intentonas que no llegaron a ninguna parte. No me ocurre sólo a mí,  tengo un colega que llama Isla de Nunca Jamás a la carpeta donde guarda todo lo que ha ido amontonando como profesional (es mayor que yo, así que imagináos).

Esta actitud conservadora viene muy bien, sobre todo en lo que atañe a la modalidad de logotipos y marcas, porque de cuando en cuando conviene revisar tus propios naufragios en aras de encontrar en ellos ideas o inspiración con que defender los encargos en curso.

A diferencia de otras áreas de trabajo, en la confección de los sellos que distinguen los productos o las casas que los producen y comercializan, se hace imprescindible contar con un amplio cajón de los recuerdos. Diseñarlos bien conlleva un ingente trabajo de análisis que difícilmente se ve (sólo se percibe lo externo, lo visual, que también lleva lo suyo), pero que está ahí, y que conviene repasar cuando se enfrenta uno a un nuevo reto, siquiera para abordarlo con las ideas frescas, que tan malo es repetirse como iniciar un camino ya transitado, aunque te lleve a otro sitio.

En el campo del diseño gráfico aplicado a lo editorial, las colecciones y su estética van variando digamos que de forma natural y acorde con los tiempos, mientras que el logo de la editorial debe ir haciéndolo pero sin que se note demasiado. A base de la aplicación sucesiva de cambios sutiles, de lavados de cara, vaya, muy controlados, se desemboca en la imagen distintiva que se prevé como definitiva, para a partir de ahí, volver a comenza a rizar el rizo para evitar que la marca se queme, ya que la enseña editorial viene a ser como el avatar del espíritu filosófico que la empapa.

Las grandes editoriales del otro lado del muro que nos separa del mundo, se toman muy en serio este asunto, y Ludotecnia no ha querido ser ajena a este hecho. Desde el viejo logotipo que vestía el Mutantes (parecía el de una funeraria, lo sé), hasta el que utilizamos ahora, pasaron unos quince años. Lo hemos cambiado, que yo recuerde, en al menos cuatro ocasiones: el primer salto gráfico lo supuso la «L» que apareció en la contraportada de Piratas!!, y después vino la que sobre fondo violeta desvanecido distinguió nuestros productos desde 1996 hasta 1999. Más tarde tuvimos otra «L», pero calada sobre una mancheta de gris casi neto, que pudo verse en las páginas web que nadie vio, a la que más tarde se incorporó el texto Ludotecnia en vertical, compuesto en tipo Futura Bold, en caja alta, que dio lugar a su vez a la grafía actual…

A cuenta del rescate de material que estoy realizando este mes que casi termina, he dado con la propuesta que ilustra esta entrada, abandonada, ¡cómo no!, en mi particular Neverland, y aunque describir el cómo, el por qué y el cuándo se originó aquella aventura consumiría demasiado espacio, baste sintetizar la cosa diciendo que el asunto fue gratificante para ambas partes, y que aunque mi propuesta fue rechazada por inadecuada, saqué a cambio las líneas básicas sobre las que definir nuestra presente marca distintiva… y el nombre de nuestro cazador ancestral como regalo.

Yomski, se llama Yomski, pero creo que ya lo había contado.

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