sábado, 12 de septiembre de 2009

La lotería


El documento que abre esta entrada podría ser una falsificación, un vulgar handout, pero no lo es en absoluto. Ahí lo tenéis, en primicia mundial, el facsimil del trozo de papel donde compuse en 1991 el logotipo de Merrick House Inc., a mano, con Letraset, acompañado por las instrucciones para que fuese incorporado a la contraportada de Ragnarok, y de algunos rastros que deberían ser analizados por un C.S.I.

En aquellos tiempos, el trabajo de la fotomecánica consitía en hacer un negativo en la proporción correcta, a partir del cual, y mediante un lento y meticuloso trabajo en el que intervenían máscaras, y que contemplaba también el uso de un tapaporos para evitar feos o engorrosos puntos blancos, se confeccionaban unas contramáscaras sobre acetatos que eran aplicadas en el fotolito o fotolitos a los que afectaba, de manera que el conjunto fuese coherente y ofreciera en imprenta el resultado esperado.

Por suerte, hoy todo aquello ha desaparecido, basta resolver el asunto en el ordenador, colocar cada cosa en su sitio, establecer los rangos correctos, hacer el PDF o los PDF, e ir a la imprenta, pero como he comentado, antes no ocurría así, y por ello era necesario explicarse hasta la saciedad, incluso sobre los originales que lo permitían, como es el caso del presentado.

Dicho esto, tras tenerlo en mis manos para escanearlo, he recordado una de las anécdotas más graciosas que nos han ocurrido en Ludotecnia, y es que gracias a la intervención de la marca de la ficticia editorial escocesa sobre cuya existencia se despliega una buena parte del trasfondo del juego, el Ragnarok desapareció de las estanterías y mostradores de las librerías porque una interesante porción de la afición lo tomó como una traducción de una propuesta anglosajona.

En su momento, el asunto nos hizo bastante gracia, entre otras cosas porque no resultaba demasiado fácil ventilarse 2.400 ejemplares de una tacada y en poco más de un año, y menos habiéndolo producido por completo aquí. Pero el caso es que con el paso del tiempo vimos que habíamos sufrido, aunque de forma muy positiva, uno de los mecanismos más perversos e incomprensibles que ha venido mostrando hasta la afición española, porque sigo sin saber por qué demonios, lo que parece venir de afuera goza de una ampulosa amplificación sobre su calidad que ya quisiera disfrutar cualquier producto que publicamos las editoriales autóctonas.

Sea como fuere, y sin querer entrar en valorar una más de las raras actitudes que perviven en nuestro sector, el caso es que con aquella menudencia, a Ludotecnia le tocó la lotería.