sábado, 8 de agosto de 2009

Bilbao song


Por entonarme debidamente, estoy escuchando la canción de cabaret Bilbao Song en la grandiosa voz de Ute Lemper, mientras recapacito sobre el hecho ineludible de que a la capital de Bizkaia (otro día hablo de la pertinencia de la grafía) no la reconoce ni la madre que la parió. De aquel pastoso paisaje lleno de humos y herrumbres por el que paseé mis huesos en la adolescencia y primera juventud, a éste, al que recurro para alegrarme la vista, no cabe hacer ni buscar ninguna comparación.

Decía que Bilbao es otro Bilbao diferente a aquella ciudad en cuyos alrededores crecí, y en cuyo seno comencé a trabajar en lo mismo que hago ahora, pero para mi padre, en el estudio que había puesto a mi hermano mayor en plena Gran Vía junto al suyo —allí aprendí los rudimentos de lo mío, confeccionando anuncios para periódicos, a mano, con Letraset, labor que suponía un auténtico martirio, sea dicho de paso, y que gracias a Dios se resuelve hoy con ordenador y en un pispás—; y que buena culpa de tanto cambio ha tenido la inteligente incoporación de arquitectura moderna y arte al mobiliario urbano.

Así las cosas, en cuanto puedo (esta mañana, por ejemplo) me apeo del metro en la estación de Deusto y recorro a pie lo que queda hasta Rekalde. Hoy me ha dado por acercarme al puente de La Salve para mirar desde arriba la imponente escultura Mamam, de Louise Bourgeois, que gobierna la explanada trasera del Gughenheim, junto a la ribera de la ría del Nervión (el río es macho más arriba, y se le conoce como Ibaizabal, pero en cuanto sus aguas responden a las mareas, se vuelve hembra), frente a la Universidad de los Jesuitas. Y ahí me he quedado un buen rato, observando su figura, absorto, apoyado en la barandilla, recordando las temibles Teratolamias que creé para ZuluGolf con la intención de que pacieran mánsamente por su universo sin mostrar su auténtica cara; y en lo curioso que resulta que veamos sólo lo que encaja en nuestras referencias, ya que he recordado que una vez en Inforol, cuando mostré la ilustración de más abajo, hubo quien me acusó de haberme inspirado en la araña bilbaína.

Nada más lejos, creía yo. Hace la intemerata de años, Joseba jugaba en el estudio a Half Life, y yo descansaba a su espalda haciendo las veces de observador. En una de las últimas pantallas del juego, aparecía un monstruo de seis u ocho patas con una bolsa abdominal de tamaño considerable que se suspendía de forma vertical, al que era muy difícil batir y al que denominamos cariñosamente cojoncio (no estuvo bien, pero es lo que hay).

Bien, ése fue el detonante para mis creaciones, lo admití en su día y vuelvo a hacerlo hoy, pero el caso es que la artista francesa es muy mayor (nació en 1911), y sus copias de Mamam hace tiempo que riegan plazas y calles de medio mundo, lo que me plantea una duda existencial de calado filosófico, pues si como sospecho, alguna de sus criaturas de metal ejerció a su vez de inspiración del diseñador gráfico de Half Life… Os dejo a vosotros que cerréis el círculo.

Por suerte mis bichos para Zulugolf difieren sustancialmente de la amabilidad acogedora de la criatura de Bourgeois, y de la agresividad atávica y aldeana de cojoncio, pero estarés conmigo en que lo de ser creativo se está poniendo muy cuesta arriba, porque al parecer no hacemos otra cosa que reinventar lo ya inventado.


No hay comentarios: