sábado, 25 de julio de 2009

La escalera de Jacob


No espero comprensión pues rara vez la he obtenido cuando he tomado alguna que otra decisión que pudo resultar inquietante o incomprensible. El silenco, el retiro, conllevan estas cosas, y lo cierto es que las sobrellevo como buenamente puedo.

Tratas de contar cómo se desarrollan tus asuntos, e inmediatamente hay quien se siente tentado de cerrarte la boca. Te callas, e inevitablemente surge alguien que cuestiona la pertinencia de tu actitud. Decides hablar bajito, en una esquina, alejado de miradas y voces inquisidoras o enemigas, y eres tú quien siente que deberías poder aullar que la vida sigue siendo tu aliada.

Quiero decir con todo esto que nos hemos puesto en marcha, aunque para que haya sido posible me he visto obligado a dar instrucciones al respecto de que todos los proyectos en curso se aparquen hasta nueva orden. Posiblemente, en otoño próximo, se desvele la razón por la cual el mundillo debería dejar de seguir afirmando que no existimos, aunque Ludotecnia siga sin sacar nada nuevo al mercado desde 2005; sin embargo, albergo la insana sensación de que así se rasguen los velos de todos los templos anunciando la buena nueva, seguira habiendo quien la ponga en cuestión o recurra a tender el consabido manto de silencio para ocultarla. Entended pues que ante tan pesimista visión del futuro, no me juegue ni un céntimo a que el grueso de la afición responda de manera diferente a como lo ha venido haciendo durante los últimos años.

Decía más arriba que no espero comprensión, y más abajo que tampoco aspiro a que cambie nada, y la cosa tiene su aquél porque estoy afirmando que no tengo ni puñetera idea de por qué he decidido tomar este camino. Supongo que necesitaba oler de nuevo a combustible y sudor; escuchar otra vez el viejo sonido de los rotores y las aspas sobre nuestras cabezas; sentir mi propia adrenalina inundándome el cuerpo… Bien mirada, ésta si que es una bonita muestra de amor y respeto al rol y a lo que nos ha dado, que nos lo ha dado, aunque como venimos haciendo desde hace mucho tiempo, también ganaremos unas perrillas, siquiera las suficientes como para pagarnos unos miserables cafés, y seguiremos diciéndoselo a quien quiera escucharlo porque para nosotros nunca ha sido una excusa.

Sea como fuere, la maquinaria está engrasada y lista para hacer lo que hemos hecho siempre: disfrutar como auténticos cosacos, porque si no se disfrutan, los retos siempre resultan un viaje al infierno sin posibilidad de vuelta, y de ésta salimos por donde hemos entrado, ¡al tiempo!

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