domingo, 12 de julio de 2009

Epiphany


Hay quien todavía cree que la vieja estación dejó de surcar los cielos para desintegrarse al acariciar la atmósfera de nuestro planeta, pero aún es posible verla si se mira con suficiente atención. Lo sé porque vivo en su interior.

El miércoles pasado, el impacto de un meteorito hacía recomendable variar la deriva en apenas un cuarto de grado. Ayer, sábado, las sacudidas fueron tan grandes que decidí cambiar la trayectoria por completo, abordando una nueva, extraña aún, pero ilusionante. How fortunate the man with none!

No me arrepiento.