domingo, 7 de junio de 2009

El horror


Juro por lo más sagrado que salí de la trinchera para reafirmarme un poco… ¡Si ni siquiera he tirado un tiro!

Lo comentaba el otro día de pasada, pero visto el cariz que están tomando las cosas, conviene que pormenorice hoy de qué iba el asunto, más que nada por evitar malos entendidos. A mi modo de ver no deja de ser una muestra más de que El Opinómetro vale su peso en oro en eso de generar tormentas de ideas (tal vez por eso su presencia encabrona tanto), pero el caso es que en su interior, en mayo, se publicaba una entrada que levantaba alguna que otra ampolla, y como siempre, los más sabidos, más de oídas que con algo de sustancia. Dicho esto, se insinuaba algo sobre Ludotecnia sin que se supiera a qué demonios salía, y obviamente, yo me levantaba del suelo para olisquear el aire, desentumecerme y moverme un poco, acudiendo a la llamada.

Chorrada va, chorrada viene, sale el anónimo de turno en plan trascendental, armado con un calcetín de duros, y trata de hacerme frente, y lógicamente se lleva un par de culatazos, y se monta. Lo de menos es que el que la liaba parda fuera uno de los sabios a los que me he referido en este mismo blog (sólo he retratado a dos, así que lo tenéis facil), y que su cobertura oliera a conocido por los cuatro costados. El caso es que mal que bien aguantaba el tipo, que era de lo que se trataba, pero que conste que sin ponerme bravo.

Bien, así las cosas, en otro blog se replicaba parte del asunto, y vuelta al tema de si digital u offset, como sistema más adecuado para las ediciones y tal, y yo que una vez levantado como que me apetecía seguir erguido un rato, y se vuelve a montar, aunque tengo que decir que todo fue en plan suavecito y cachondo, tanto que esta misma semana he recibido por privado un correo electrónico de un impresor aragonés que me retaba a que le pidiera precio, como lo leéis.

Estoy mayor, me siento algo cansado y abrumado ante este tipo de merequetenes con los que me divertía tanto hace no demasiados años, y accedí a contrastar precios, y entre unas cosas y otras me he enterado de algunos datos interesantes que atañen a nuestra competencia que imprime con ellos. A lo que voy. Soy un buen tipo, aguanto de todo, desde pares que me dicen que el diseño de nuestra web huele a los 80 (¿por qué a los 80 y no a los 60?); otros que afirman rotundamente que no existimos, por ver si les hacemos caso; hasta personajes que van de sabios hechos y derechos por la vida; e incluso impresores que no saben dónde se meten. Lo que no puedo ser es lo que no soy, ni renunciar a mi experiencia, ni negar que sé lo que sé porque lo disfruto todos los días del año.

Para bien o para mal, vivo de esto del libro desde que comencé profesionalmente con ello en el 86 del siglo pasado, y entre imprentas y fotomecánicas, desde los 17 años, cuando muchos de mis lectores e interlocutores casi ni habían nacido. He visto de todo, y seguiré afirmando lo que afirmo: hoy es más barato editar libros porque ha mejorado la industria y porque han desaparecido algunas de sus franjas laborales (fotolitos y montaje, por mencionar dos sencillos ejemplos) que antes suponían lo suyo; editar en digital hasta 1.000 ejemplares es posible en equiparación económica al offset, porque me lo ofertan día sí y día también los proveedores con los que trabajo (¡jodidos, tiene que amortizar lo que han invertido!); y en general, las ediciones que pueblan nuestro mercado podrían ser mejores.

¡Molesta!, pues lo siento, pero es lo que hay.

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