sábado, 25 de abril de 2009

Yo, bufón


Yo, Bufón…

Como parte integrante de lo que se considera intelectualidad, el periodismo de opinión siempre ha estado mal visto, bien porque analiza la realidad con ánimo de ponerla en solfa, resultando molesto; o porque dice analizarla mientras la pone al pairo de los intereses adecuados.

Yo mismo estuve a punto de estudiar Periodismo porque me gustaba sacar punta a lo que me rodeaba, pero me quitó la idea de la cabeza un profesor seglar de Menesianos, cuando me afirmó rotundamente que para opinar no hace falta ser periodista, y que por tanto convenía que me hiciera un buen profesional de otro campo antes de meterme a tamaños menesteres, pues así seguro que encontraba espacio. Sospecho que su consejo tuvo mucho que ver con que para aquel entonces, había hecho yo algunos pinitos y demostrado mis facultades para ver la vida de otra manera, mostrándome muy hábil y contundente en el arte de la dialéctica. Nada del otro jueves, no magnifiquemos las cosas. Le hice caso, cursé y concluí la carrera de Bellas Artes, comencé a dedicarme profesionalmente a todo esto, y como me predijo Don Javier: encontré hueco.

El caso es que leyendo los viejos artículos para The Frek Times que estoy compartiendo con vosotros, y los que he recuperado de Ociojoven y os pasaré en cuanto terminemos con los primeros, me ha asaltado una sensación de desamparo absoluto, porque no quedando lugares generalistas donde opinar libremente para que libremente lean los aficionados y saquen sus conclusiones, todo se ha reducido a una línea de defensa nutrida de blogs que está siendo asediada o ninguneada por el grueso de nuestras editoriales roleras.

El asunto, entendedme, no tendría mayor calado si no fuera porque las mismas iniciativas que andan ahora enrocadas en sus respectivas Torres de Marfil y lanzan aviesas jabalinas contra las opiniones vertidas en algunos blogs, tuvieron en su día revistas más o menos vestidas de generalistas, que incorporaban entre sus páginas insultos zafios a la competencia y tendenciosidad a raudales (Dosdediez); aún afiladas líneas firmadas por un anónimo Perro malo (RPG); o más recientemente, y en versión red de redes, inocuas aportaciones de colaboradores de las que los promotores no se hacían responsables (NSR).

Por todo esto me choca enormemente que aquellos que enarbolaron el derecho a opinar, el de la libertad de expresión, y clamaron respeto ante lo que surgía en sus páginas o portales, hayan olvidado tan pronto usos y costumbres pasados, tratando ahora de deslegitimar las iniciativas que intentan verbalizar las preocupaciones de los aficionados, mientras hacen lo imposible para que el rebaño vuelva a leer el Pravda. En el mundo exterior, los buenos blogs independientes son abrevaderos donde se nutre la gente inteligente, desde revistas especializadas, articulistas, editores y escritores, hasta coolhunters (buscadores de tendencias); así mismo, son lugares respetados porque suponen espacios donde percibir el pulso de los diferentes sectores y observar cómo surgen las demandas o hacia dónde apuntan las inercias del mercado. Pero en nuestra corrala, como no podía ser de otra manera, se desprecian directamente.

Pálpándome la ropa, por si las moscas, vamos, tengo la intención de comenzar mis artículos de opinión con un rotundo y elocuente Yo, bufón, para que no se levanten más ampollas que las indispensables, y por aquello de que a los bufones se les consentía todo, incluso decirle al conde lo fea que era su esposa.

La ilustración corresponde a una propuesta elaborada para Gastón y Daniela, basada en una idea de Guillermo Wakonig (e.p.d.).