domingo, 5 de abril de 2009

Mal de muchos


Anteayer por la mañana tuve oportunidad de tomame un café en compañía de un editor de literatura infantil. Con la que está cayendo, lógicamente la conversación discurrió hasta recalar en lo mal que está el sector, que lo está (creo que he comentado algo en un par de ocasiones).

Bien, en discutir de los pormenores estábamos, cuando casi sale a la palestra lo del amor y el respeto, momento que aproveché para remangarme un poco y recordar que se han hecho las cosas con el culo en los años de bonanza (como quien dice, a la vuelta de la esquina), y que ahora mismo, cuando entras en una librería no sabes distinguir una editorial de otra porque todas se parecen desde las portadas a las tripas de los libros, pasando por la puñetera manía que les ha entrado a algunos con eso de cargarse el trabajo de los ilustradores editando en digital, por no hablar de que los precios por formato vienen a ser casi idénticos para todas las editoriales. Mal que nos pese, le decía, se está sacrificando la calidad y la diferenciación necesaria por mantener la presencia, y lo estamos pagando.

Que yo sepa, raro es el caso (que lo hay todavía) que descansa la fortuna de los diseños que publica en auténticos diseñadores, ya que resulta más barato contratar por cuatro perras a un chaval o chavala que ha hecho un cursillo de InDesign, FreeHand y Photoshop, que te saca las castañas del fuego como Dios le ha dado a entender, y que de paso, si se lo pides, incluso te puede subir café al despacho. A la mayoría de los ilustradores se les desprecia, contratándoles unas pocas imágenes que deben ser resueltas a toda pastilla, pero que luego sirven para rellenar huecos con motivos diversos, o para poner colofones, previo corte y pegado de algunos fragmentos. El editor suele ser también el maquetador de la casa, lo que origina que se plante el texto previamente y que las ilustraciones carezcan de aire suficiente, o simplemente estén colocadas en el lugar menos recomendado ya que allí no pintan absolutamente nada…

Todo esto, y algunas cosas que me dejo en el tintero, es el pan nuestro de cada día del mundillo de la literatura infantil que no sea la de álbumes (otro día me despacho a gusto al respecto), hasta el punto de que hay momentos en que te entran ganas de cerrar la barraca cuando descubres que el mismo tipo está haciendo las portadas de dos o tres editoriales, porque es el más barato. ¿Querías chocolate? ¡Pues toma dos tazas!

La diversificación de la oferta tiene demasiado que ver con el comportamiento de la demanda, esto que digo es de libro, porque al consumidor le gusta sentir que compra algo diferente en una experiencia única que lo diferencie a su vez. Si los precios son los mismos, si las calidades son las mismas, si los diseños y el trato a los ilustradores que te ayudan a vender libros ilustrados son los mismos o parecidos, pues como que el cansancio está servido, porque para colmo hay un quintal de iniciativas que copiando el modelo, por sencillito y falto de mordiente, lo siguen replicando mientras se te ponen al lado en las estanterías, copando un espacio físico y económico que has cedido por hacer mal tu trabajo. ¿O no?

.........

Eres un exagerado, Jose —me contestó.

Sabes que suelo serlo —repliqué—. Por cierto ¿qué tal van las ventas?, el último resumen que me habéis pasado no da ni para pipas.

Sí, bueno, ya sabes… Se vende menos, casi un 50% de la caja que hacíamos hace apenas dos años…

La ilustración pertenece al cuento Emèno y Akeva, de Seve Calleja, publicado por Fundación Tierra de Hombres dentro del volumen Bilbao Solidario, a finales de 2006.

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