sábado, 18 de abril de 2009

El octavo pasajero


El cuentagotas delata una actividad inusitada. Poco a poco hemos ido pasando de los cuatro gatos que frecuentábamos este blog, a estar los mismos pero sabiéndonos acompañados por algo más que a día de hoy no ha delatado ni su posición aquí (lo comprendo, ¡vaya si lo comprendo!), ni la mía en el exterior.

Tanto silencio no me extraña. Tampoco me preocupa. He comentado alguna vez que Ludotecnia y esa bendita palabra suelen ejercer de sinónimos, pero el caso es que mañana este lugar cumple su primer año de existencia, y aunque no llega a la estatura que está adquiriendo Nürburgring (tuvo momentos a comienzo de temporada en que andaba entre 500 y 600 visitas diarias, con puntas de 900, aunque ahora se ha estabilizado entre 300 y 400), el número de recurrencias supera con mucho al de los habituales. Dicho en cristiano: hay enganchados que se pasan por aquí regularmente, pero que callan vaya usted a saber por qué.

Comprendo que poner esta nave lejos de los potentes motores de búsqueda de Google, comportaba el riesgo de pasar completamente desapercibido (lo sabía desde el inicio de la aventura, para qué negarlo), pero así lo quise y no me arrepiento de haber tomado aquella decisión.

Nos conocemos todos, y en algunos aspectos, incluso demasiado. Haber comentado en algún sitio que había tenido la ocurrencia de ponerme a escribir un blog, habría acarreado su posible cierre precipitado en el peor de los casos; y en el mejor, que yo no hubiera podido hablar con tanta libertad como he hecho hasta este preciso momento. Me conozco, y yo sí que demasiado. Sólo pensar en tener que responder las abundantes y aburridas preguntas que suelen suscitar mis comentarios o textos cuando son leídos por según quiénes, y en según qué lugares, me producía con anterioridad una extraña sensación de desasosiego que me alegro de que no me atenace cuando me siento frente al ordenador para escribir unas líneas aquí, porque la suma de entradas en absoluta tranquilidad me está resultando satisfactoria, y quiero que lo siga siendo.

Así las cosas, llevo días pensando en la actividad que delata el cuentagotas, y en por qué aún no se han desatado las alarmas ahí fuera. El trasto no reacciona ante el refresco de la pantalla, sino que registra firmas diferenciadas (como ocurre en mi otro blog). Obviamente habrá quien haya dado con este sitio como yo mismo me he topado con cientos de bitácoras en Internet, por pura chiripa, y cabe la posibilidad de que le haya gustado tanto como para volver de cuando en cuando (por consolarme con la idea, que no quede). Puede, incluso, que haya temas de los que he tratado que resulten del agrado de lectores interesados en lo que piensa un viejo AK-47 sobre el mundo de la literatura, la ilustración, el diseño, la edición, los JdR, etcétera. Sospecho que puede haber entre estos últimos quien se haya sentido tentado de volver una y otra vez…

Sea como fuere, tengo la sensación de ser como la nave alienígena que aparecía en Alien, aquélla de la que surgía la ecobaliza que desencadenó todo, el lugar olvidado en cuyas entrañas habitaba un horror que merecía el silencio eterno.

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