sábado, 7 de marzo de 2009

Los cómics


Me gusta llamarlos TBOs, de toda la vida, pero los nuevos tiempos imponen sus normas, y dictan cómo hay que llamar a cada cosa para que no se quede el personal con cara de bobo cuando mencionas algo de manera inadecuada, delatando lo viejo que eres, así que lo de cómics ahí se queda, para que sepamos todos de lo que hablo.

A pesar de que en las trincheras y entre los abundantes cruces de disparos o pedradas no suele haber tiempo para hacer confidencias, me habría gustado que aquellos roleros que trataron de ningunear algunos comentarios míos al respecto de la narrativa gráfica, me hubiesen permitido decirles que mi biblioteca de TBOs es abundante y sabrosa porque desde pequeño quise ser dibujante de viñetas. Tal es así que antes de entrar en la universidad ya había publicado algunas cosillas en fancines de aquellos que había, de fotocopias; que mis páginas cómicas de El Barón salieron en varios números de la primitiva La Guía del Ocio; o que ya en mitad de mis estudios, fui el guionista de mi amigo Jesse en una serie que publicaba una ikastola de Deusto para sus alumnos; o aún, que quedé entre los finalistas de uno de los concursos que fomentó Zona84 (guardo el número en que se mencionaba mi nombre como oro en paño, a la espera de que pueda enseñárselo a mis nietos); o también, que tiempo más tarde iniciaría una historia sobre Juan Sebastiaán de Elcano que quedó inconclusa y que jamás vería la luz, mientras en la revista Lumaki sí aparecía otra de mis mejores experiencias comiqueras bajo el pabellón del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco…

No me extiendo. Espero que con lo comentado se disipen las dudas de que mi tesón en presentarme al Concurso de Cómic de la Noble Villa de Portugalete, no responde a un afán desmedido por hacerme notar, sino a una querencia casi infantil por contar historias con dibujos que sólo puedo resolver tomando excusa en este tipo de eventos. Y es que hoy quería decir que este año no me he presentado a XXIIª edición del bendito concurso de mi pueblo natal por mostrar un poco de respeto, ya que en la edición anterior, como creo que ya comenté aquí mismo, formé parte del jurado, y no me parecía plan intentar calzarme el primer premio (siempre lo intento, en todos los órdenes de mi vida) inmediatamente después de haber ejercido de sabio entre sabios.

Ahora bien, y por aquello de ser humildemente sincero, debo admitir que lo he intentado en al menos un par de ocasiones (la página que decora esta entrada corresponde a la última intentona, la de 2007, con una temática sobre violencia sexista que ha dado paso a un libro en el que ya estoy trabajando), sin haber pasado el corte ni resultar señalado (cosas del anonimato), sin duda, mi postrera intervención en un concurso que quise ganar, pero que me ha premiado como nunca hubiera imaginado.

De todas formas, me ha venido hoy la idea de hablar de cómics por comparar cómo ha resuelto de bien sus cosas ese mundillo que otrora anduvo a la vera del rol y en la actualidad nos saca un montón de cabezas de ventaja. Ellos sí han dignificado su trabajo, y han sacado la cabeza, y se permiten precios para coleccionistas… Pero qué calidad, y qué variedad ¡oiga!