domingo, 29 de marzo de 2009

Dónde estás, corazón


Ahora que me estoy entreteniendo revisando una época tan memorable como la que vivimos en 2002, año aquél en que habíamos licenciado Mutantes y negociábamos el Ragnarok —acaecidos que significarían el aparcamiento definitivo de proyectos avanzados para ambas líneas, y la apertura del sueño de poder publicar ZuluGolf o incluso ¡Al Abordaje!—, he recordado una de las anécdotas más divertidas que nos han sucedido.

A primeros de aquel año, la posible creación de una asociación que aglutinara a todos los aficionados españoles había hecho correr largos ríos de tinta, generando a su alrededor alguna que otra controversia. Así las cosas, al parecer hacía falta el apoyo explícito de las editoriales, y ahí anduvimos todos, mareando un poco la perdiz por ver dónde nos colocábamos. Ludotecnia tomó posiciones muy pronto, y así quedaría reflejado en esas listas de correo que tanto añoro ahora que han desaparecido, pero a lo que iba, quedaba por rubricar el asunto, y el caso es que cuando se rubricó definitivamente, Ludotecnia no aparecía por ningún lado.

Reconozco que hicimos un poco de pardillos creyendo las voces editoriales que quitaban importancia a la firma de apoyo, pero que al final estaban donde había que estar, como mandan los cánones, al lado mismo de la afición. Sin embargo, quiso el destino que Ludotecnia dispusiera de una magnífica oportunidad para demostrar cuál ha sido su sitio siempre, aunque como de costumbre, muy alejado éste de las luces de los focos y de las lentes de las cámaras.

Decía que al poco de constituirse Homo Ludens, se les hizo necesario disponer de un distintivo oficial, y a tal fin se abrió una especie de concurso en la lista que la asociación tenía alojada en Yahoo, y ahí que me dio por hacer el gandul, presentando anonimamente una propuesta que tras democrática elección entre los suscriptores, se llevó el gato al agua. Sí, el símbolo y la grafía que han distinguido, hasta su triste final, a la primera gran iniciativa española que trató de escenificar un ámbito cohesionado de aficionados frente al mundo, tenía mi sello peculiar, y mi firma.

Hubo a quien no le gustó lo del unicornio (para gustos son los colores, como dicen), pero el diseño ganó limpiamente, y digo que algo tendrá que ver que lleve yo trabajando en esto casi treinta años, que a lo mejor sí.