domingo, 25 de enero de 2009

Matices


Lo del Messenger está bien, pero a según qué horas. Lo digo porque la bendita alineación de los integrantes de Ludotecnia se fue al carajo en cuanto publiqué ayer mi entrada, cuestión que me ha permitido irme a la cama de madrugada. La he vuelto a leer al mediodía y creo que es bastante correcta; es más, dice lo que dice y lo que quería decir: que como tipo que anda entre libros y publicaciones, día sí y día también, lo que vi en Joker me dejó de un aire.

Bien, vale, cada uno tiene sus gustos y sus inclinaciones, y las respeto, pero eso no es óbice ni cortapisa para que entendamos que hacemos libros y que nos desenvolvemos en el mundo del libro, y que como mandan los cánones, deberíamos ver lo nuestro desde esa perspectiva y no desde otra. Acabo de volver a leer lo de ayer y sigo en en mis trece: las publicaciones de rol que nos vienen de fuera, son, en general, libros bastante ramplones.

Vamos a ver cómo lo digo. Una encuadernación en fresadillo (página a página, sin librillos cosidos, vamos) no está recomendada para ejemplares que pasan de las 150 páginas, como tampoco lo está un glasofanado mate sobre una ilustración de portada oscura. Las razones me parecen obvias, pero si es necesario, se repiten: el fresadillo, en ejemplares abultados de tamaño, tiende a dejar que el libro separe sus tripas por el lugar más inesperado; y el glasofonado mate amortigua los matices, por lo que no está recomendado para las imágenes muy saturadas.

Puedo ir más lejos. La elección de un tipo pequeño de letra no está mal si se puede seguir leyendo, pero si se coloca sobre un fondo de color algo elevado, la conjunción implicará complicar la lectura, y no es de recibo. Lo mismo que no haya páginas de cortesía al comienzo del volumen, ni entre capítulos, o que se utilicen las finales para meter morralla publicitaria. Todo esto desmerece el formato, lo empobrece y resulta un insulto para quien lo compra.

Es una forma de ver, lo admito, pero está avalada por años de trabajo en el mundillo parejo de las publicaciones a gran escala, la que comunmente se tacha de seria, esa misma donde algunos sacan pecho afirmando que publican 100.000 ejemplares. Me refiero al mundo de los libros de texto o la de los proyectos que patrocinan editoriales, entidades o instituciones. Sí, parece ir un poco de gallo de pelea, pero no lo es, porque un libro debe ser ante todo respetuoso con su lector (así me lo enseñaron en Bellas Artes, y llevo mucho tiempo comprobándolo), darle tiempo, enfatizar los espacios necesarios para que la lectura sea comprensible, asegurarle que no se romperá entre sus manos…

Mal que me pese decirlo, llevo entre imprentas y fotomecánicas desde los 17 años, hace 32 de ello, y he realizado diseños que han sorteado los controles de calidad del Gobierno Vasco, de la Diputación Foral de Bizkaia, de entidades privadas y de editoriales como Ibaizabal (grupo Edelvives), participando en propuestas que incluso han recibido menciones y premios, y por tanto tomadme a bien que diga que sé de lo que hablo.

Los libros ilustrados, todos, aún los nuestros, tienen que ser ante todo libros, más si cabe si como parece ahora están indicados para coleccionistas, más si como todo indica, siguen siendo volúmenes de páginas repletas de letras e imágenes que se agrupan en un ecuadernado.

Lo siento, puedo admitir que los gustos de cada cual son respetables, pero no puedo renunciar a lo que sé ni a lo que me aconseja mi experiencia. Los libros o están bien editados o son un grave problema cuando se quiere salir de hoyo con ellos, y por tanto permitidme que reitere lo que ayer: mal vamos si seguimos sin plantearnos nuevos formatos o nuevas alternativas a lo que nos llega allende las fronteras, y peor si cabe, si como parece, seguimos dado vueltas a los mismos ejercicios de diseño, o incluso demasiado parecidos, que llevamos consumiendo desde hace más de diez años.

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