domingo, 30 de noviembre de 2008

Pues nada


Esto de tener tantas cosas entre manos apenas me deja tiempo para nada. Por si mi ajetreada vida no tuviera suficiente con lo que ya llevo encima, acaban de recordarme que me queda pendiente una vieja historia de dar sentido y color a una ladera con casi 70.000 metros cuadrados de superficie, a los que se podrían sumar otros 30.000 en terrenos cercanos y colindantes, así como un libro sobre el macizo del Gorbea al que dimos inicio a principios de este mismo año… ¿A que mola?

Con todo esto agobiándome un poco, para qué voy a negarlo, andaba yo metido en reflexiones medianeras sobre lo turbio que se muestra nuestro mercado, y me han entrado ganas de irme para el búnquer que tiene Ludotecnia. La verdad es que al respecto no puedo quejarme, si nuestra distribuidora dice que las tiendas están absorbiendo entre un 30 y un 40% menos de los que tragaban antes, en cuanto a rol, entendedme, no me queda otra que aplicarme el cuento y sacar mis propias conclusiones. Y no puedo quejarme porque hemos estado fuera de la rueda y no ha habido tiempo ni producto como para seguir afirmando que como ocurriera con Quidam, producir 500 ejemplares da para pagar a todo el mundo y para sacar beneficio, yéndote a la cama con la sensación de que has hecho bien tus deberes, tras constatar que la edición se ha agotado y que por tanto no pasas las penurias que al parecer están aquejando a nuestros competidores.

De momento aparcaremos SSHospital, y no me lo toméis a mal, porque tengo excusas solventes. Allá por junio pasado, me permití acceder a dar una entrevista en un e-zine, a la que se adjuntaba el primer capítulo completo de la obra en plan primicia, todo ello por ir abriendo un poco de boca entre los aficionados sin necesidad de tener que defender el juego ante trolls y orcos en cualquier mal sitio. No sé lo que ha pasado con todo aquello, pero me consta que no se ha publicado nada en absoluto, lo que nos pone en que de sacar ahora nuestro juego de hospitales y nazis (¡nos ha jodido!), lo haríamos con pésima cobertura, y si la cosa pinta tan churrumiada como afirma Millennium, como que a lo peor nos lo comemos con patatas. No es momento, lo dejamos así.

En otro orden de cosas, y con la cantidad de proyectos que ahora mismo me están llegando al cuello, tampoco voy a estar yo como para gobernar con sabia mano el proceso final del libro, así que nos pondremos a esperar a que los dinosaurios hagan su propio trabajo, y de paso sacaremos un cirio bien grande que guardo en el armario para estos casos, y lo encenderemos, y rezaremos un par de oraciones y entonaremos algún salmo para que las tiendas se pongan un poquito las pilas y dejen de comprar libros con agujeros u otras chuminadas grandilocuentes, más o menos en el sitio que les corresponde, aquel mismo del que se quedaron sólo con el relumbre que les permitía ir por la vida como auténticos especialistas.

Queda mucho que hacer, lo reconozco, pero como buen optimista que soy, sé que para este próximo verano o para el otoño venidero puede abrirse de nuevo la ventana que nos permita hacer lo que hicimos con Quidam. Entonces sí, entonces podré quejarme a gusto.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ludotecnia.es


La última ignominia de Ludotecnia consiste en pretender estar en el mercado sin web (¡toma, toma, toma!).

No creo en esta tontería como tampoco en otras, pero el argumento suele ser esgrimido con suficiente contumacia como para que hoy le dedique unas líneas, así que allá voy.

Vamos a ver cómo lo cuento sin herir a nadie. Desde que nos lanzamos a la red de redes y tuvimos dominio propio, ludotecnia.com, he diseñado personalmente cinco páginas. La primera era bastante chocante, lo admito, tanto que hablaba de tortillas de patatas, pero como había que estar, pues se estaba aunque fuese de aquella manera. La segunda tenía como fondo el gris del viejo logo de la editorial y muchos enlaces en color burdeos, algo de Zulugolf, algo de ¡Al Abordaje!, y mucho de lo demás, incluyendo repasos a Mutantes y Ragnarok, ¡ah!, y un bonito catálogo repartido a lo largo de varios enlaces internos. La tercera era muy parecida a la que se muestra decorando esta entrada, con todo lo comentado para la segunda versión pero mucho más funcional, aunque todavía en formato html.

La cuarta estaba realizada enteramente en Flash (es la que todavía se está viendo, aunque en su versión extendida), y tenía incluso entradas falsas que llevaban a mundos inimaginables donde era posible descargarse cosas tan interesantes como el módulo ganador de nuestro concurso Mutantes G2, fondos de pantalla, bromas internas* y hazañas y chascarrillos que hicieron las delicias de quienes supieron encontrar el camino correcto. Celebraba nuestro 15º aniversario y disponía de acceso a dos idiomas adicionales además del castellano, estando alojada en ludotecnia.es (mantenemos los dos dominios). La quinta se quedaba a medio camino de estar concluida, a finales de 2006, y podéis ver su portada si picáis en este enlace.

También tuvimos una página específica para nuestro juego de Ci-Fi, Zulugolf, whatiszulugolf.com, allá como en 2001 y 2002… Por cierto ¿alguien que no esté cerca de la editorial se ha enterado de todo este esfuerzo?

La pregunta lleva trampa, lo reconozco, porque es evidente que sobre la existencia de todo lo que he comentado jamás se dijo nada en foros o listas de correo. No culpo a nadie, que conste, posiblemente hicimos las cosas mal o no supimos sobreponernos a las tendencias que ningunearon nuestro trabajo desde sus respectivos bastiones. Pero por ello, ahora mismo no tengo especial interés en desperdiciar tiempo y energías en hacer nada nuevo hasta que no haya algo que promocionar convenientemente, porque a diferencia de lo hecho en el pasado, el futuro sitio de Ludotecnia hablará de lo que tiene que hablar o nos interese hablar, porque se acabaron las cesiones de espacio a las dos licencias que mantenemos bajo franquicia, o incluso repasar la historia.

Así las cosas, en estos momentos, y bajo esta nueva perspectiva (filosofía dirían algunos), sólo nos quedaría hacer algo para Quidam (estuvo en la cuarta versión) y los proyectos en los que estamos embarcados, pero como los mismos que nos echan en cara que no tenemos una web decente se han aplicado en denostar eso de promocionar trabajos que se publicarán en el futuro, pues como que con el juego que sacamos al mercado a finales de 2004 tendríamos muy poco, ya me entendéis.

Habrá página, es necesaria y así lo entendemos, pero quiero que sea algo muy diferente a un catálogo publicitario o a un lugar donde fidelizar al cliente, pero la verdad es que todavía no sé cómo abordarla. Sin duda, para cuando tengamos clara cuál será la fecha de salida de SSHospital, la tendremos haciendo algo más que de baliza. Total, para lo que ha servido hasta el momento, tal cual está sigue sirviendo…


*Entrando directamente desde el Home a Juegos es posible disfrutar todavía de una movie en la que se ve a Yomsky intentando dar caza a Factorio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Pa’qué


Sí, el tamaño, sí. La cosa tiene mucha importancia pero hay que tomársela con sumo cuidado, porque como crezcas más allá de lo conveniente, lo llevas crudo. Sí, los dinosaurios, sí. ¿Qué tendrán los dinosaurios que nos encandilan tanto?

Enseñar músculo está bien cuando lo importante es parecer que dispones de auténtica artillería; es más, está cojonudamente bien cuando aunque no estés tan como quieres hacer ver, pretendes engañar incluso a tus adversarios. Y el asunto se las trae con abalorios porque sacar músculo, a pesar de que carezcas de él, sirve para mucho en éste nuestro amado mundillo, tanto como que parece el deporte nacional, el objetivo prioritario una vez te has puesto los galones correspondientes.

Sé que hay quien piensa que yo también soy muy dado a enseñar lo que no tengo, pero anda equivocado. En cuanto al rol se refiere, prefiero saberme hurón entre diplodocus antes que dejar que me pisen porque no me han visto. Cuestión de cintura, de elasticidad, y de sabia comprensión de mí mismo y de mis posibilidades, si me permitís decirlo. Malas artes de un tipo bregado y con secuaces avispados, en una palabra.

Lejos quedan aquellas mesas redondas en que los editores de rol gustaban de hacer acto de aparición para medir sus fuerzas con sus contrarios, buscando su propio espacio. Tan lejos quedan que ya casi ni se recuerdan, pero sucedieron y eran abundantes a finales del siglo pasado y a principios de éste. Fue cosa de que Ludotecnia apareciera de nuevo en el mapa para que lentamente se las tragara el olvido. Eran otros tiempos, of course!, momentos en que hacer gala de proyectos en marcha, o venideros, estaba incluso muy bien visto. Instantes tras los cuales se inventó el término Torre de Marfil para redefinir el miedo, para hacerlo comprensible y para que nadie se llamara a engaño. Enrocarse, diría mi abuelo, encastillarse, mi padre.

He leído estos días anteriores una entrevista a un colega y he recordado lo vertido por otro editor este pasado verano, y observo con desgana que a pesar del tiempo transcurrido desde aquello que os he contado de las mesas redondas, seguimos todos en lo mismo: sobreviviendo como podemos, engañando si nos dejan. No hay nada de malo en ser un T-Rex de los auténticos, a mí me molan, pero ¡qué diablos! ¿para qué pretender parecerlo, si al final te vas a quedar en casa, en tu Torre de Marfil, esperando a que la tormenta escampe y tus palabras se las lleve el viento? Si vas por la vida de dinosaurio, por favor, que se note tu paso incluso cuando caen chuzos de punta.

Ludotecnia es hurón entre gigantes, y está a gusto siéndolo. ¿Crecer más? ¿Pa’qué?

domingo, 2 de noviembre de 2008

¡A las barricadas!


Llevo mal lo de pertenecer a grupos constituidos como tales, hasta el punto de que no recuerdo haberme asociado a nada ni a nadie desde que abandoné mi primera empresa, allá por 1991, de manera que el resto de trayectos posteriores los he realizado a pelo (quedé muy escaldado de aquello, para qué negarlo).

Hoy vengo con ésto como podía haber venido con cualquier otra cosa, porque la verdad es que entre confeccionar las entregas de Memorias de un ángel caído, dedicarme a cuidar de Nürburgring, y dibujar como un cosaco, apenas he tiendo tiempo ni para respirar —como cotilleo os diré que tampoco he podido presentarme al premio de cuentos Gabriel Aresti—, así que aquí me he plantado hoy, para no levantarme hasta que no os dedique una letras, juramentado a cumplirlo.

Me dejo de divagaciones. Decía que podía hablar de cualquier cosa y es cierto, pero me apetecía comentar que estoy a punto de hacerme socio de la Asociación Profesional de Ilustradores de Euskadi porque sinceramente creo que hay que empezar a abandonar la trinchera o el campo abierto, ya que las cosas, en lo nuestro, lo que hacemos los ilustradores, se han empobrecido de mala manera y toca comenzar a defenderse.

Me hablaron de lo interesante que resultaría hacerlo, Koldo Azpitarte y Raquel Alzate —crítico y especialista, el primero, y magnífica ilustradora, la segunda—, cuando coincidimos como jurado en el XXIIº Concurso de Cómics Noble Villa de Portugalete, celebrado este mismo año (abajo está la foto de la entrega de premios, en la que se me ve disfrazado de humano, para que no quepan dudas sobre la veracidad de lo que digo), y el caso es que el asunto resultaba sugerente, aunque como ya he mencionado más arriba, siempre me han venido estas cosas un poco a contrapelo. Sin embargo, hace unos días, tomando café con un colega, me comentaba él cómo había sorteado las ínfulas de un editor y de cómo cada vez se malvive mejor (no es un contrasentido) cuando pretendes que te respeten un poco, y ahí sí, me entraron auténticas ganas de arrimar el hombro, porque salvando un puñado de casos, muy contados, el comportamiento editorial para con los dibujantes y diseñadores empieza a clamar al cielo.

Digo yo que mi contribución no servirá de mucho (dispongo de poco tiempo y de pocas ganas de interferir en un mundo que mal que me pese ya ha encontrado relevo en una juventud que viene pisando fuerte), pero estoy seguro de que si poco a poco nos vamos mostrando más sólidos en lo que a la defensa de nuestros derechos se refiere, con unidad de criterios y pretensiones, al final puede que no nos convirtamos en el Colegio de Abogados o Médicos, pero sí estoy seguro de que se nos respetará más, porque ya va haciendo falta.