sábado, 8 de noviembre de 2008

Pa’qué


Sí, el tamaño, sí. La cosa tiene mucha importancia pero hay que tomársela con sumo cuidado, porque como crezcas más allá de lo conveniente, lo llevas crudo. Sí, los dinosaurios, sí. ¿Qué tendrán los dinosaurios que nos encandilan tanto?

Enseñar músculo está bien cuando lo importante es parecer que dispones de auténtica artillería; es más, está cojonudamente bien cuando aunque no estés tan como quieres hacer ver, pretendes engañar incluso a tus adversarios. Y el asunto se las trae con abalorios porque sacar músculo, a pesar de que carezcas de él, sirve para mucho en éste nuestro amado mundillo, tanto como que parece el deporte nacional, el objetivo prioritario una vez te has puesto los galones correspondientes.

Sé que hay quien piensa que yo también soy muy dado a enseñar lo que no tengo, pero anda equivocado. En cuanto al rol se refiere, prefiero saberme hurón entre diplodocus antes que dejar que me pisen porque no me han visto. Cuestión de cintura, de elasticidad, y de sabia comprensión de mí mismo y de mis posibilidades, si me permitís decirlo. Malas artes de un tipo bregado y con secuaces avispados, en una palabra.

Lejos quedan aquellas mesas redondas en que los editores de rol gustaban de hacer acto de aparición para medir sus fuerzas con sus contrarios, buscando su propio espacio. Tan lejos quedan que ya casi ni se recuerdan, pero sucedieron y eran abundantes a finales del siglo pasado y a principios de éste. Fue cosa de que Ludotecnia apareciera de nuevo en el mapa para que lentamente se las tragara el olvido. Eran otros tiempos, of course!, momentos en que hacer gala de proyectos en marcha, o venideros, estaba incluso muy bien visto. Instantes tras los cuales se inventó el término Torre de Marfil para redefinir el miedo, para hacerlo comprensible y para que nadie se llamara a engaño. Enrocarse, diría mi abuelo, encastillarse, mi padre.

He leído estos días anteriores una entrevista a un colega y he recordado lo vertido por otro editor este pasado verano, y observo con desgana que a pesar del tiempo transcurrido desde aquello que os he contado de las mesas redondas, seguimos todos en lo mismo: sobreviviendo como podemos, engañando si nos dejan. No hay nada de malo en ser un T-Rex de los auténticos, a mí me molan, pero ¡qué diablos! ¿para qué pretender parecerlo, si al final te vas a quedar en casa, en tu Torre de Marfil, esperando a que la tormenta escampe y tus palabras se las lleve el viento? Si vas por la vida de dinosaurio, por favor, que se note tu paso incluso cuando caen chuzos de punta.

Ludotecnia es hurón entre gigantes, y está a gusto siéndolo. ¿Crecer más? ¿Pa’qué?