domingo, 28 de septiembre de 2008

El gato de Schrödinger, y el otro


La Paradoja de Schrödinger siempre me ha suscitado una grave duda. Como sabéis, la cosa va de mecánica cuántica, de comportamientos más allá de lo atómico. Así, en el experimento propuesto por el austrohúngaro, un gato permanece dentro de una caja totalmente cerrada junto a una botella de gas venenoso y una partícula radiactiva que tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse (¡tela!), pudiendo llegar a originar que la botella se rompa y el gato la palme. Bien, el asunto trata de demostrar teóricamente que mientras no habramos la caja y sepamos lo que ocurre en su interior, el gato vive y no vive a la vez, pues las dos posibilidades son igualmente ciertas. Hasta aquí todo bien, comprensible, vamos, pero el caso es que soy hombre de letras y me he preguntado siempre lo que ocurriría si tras un intervalo prudencial de tiempo, pongamos que uno o dos días, la caja empieza a desprender un nauseabundo olor a gato muerto…

Sospecho que en ese instante deberíamos comprender que la paradoja y el enigma se habían ido al carajo, porque la situación superaba con creces las expectativas del experimento, o porque la realidad es contumaz en eso de imponer sus reglas. No me enrollo. Mi buen amigo Nah (Nah Alone) me ha propuesto recientemente hacerme una entrevista en su weblog, La Tertulia de los Vientos, por aquello de ayudarme a levantar mi maltrecha cabeza después de que me banearan de SPQRol, y también para resarcirme de los meses siguientes de prolongado silencio (es un decir).

El caso es que valorando la situación he consentido en someterme al pequeño tercer grado, entre otras cosas porque La Tertulia no es El Opinómetro, que aun siendo Avatar otro gran amigo del alma, su blog está bajo atenta supervisión de la competencia, y por ello cualquier crítica personal u opinión que haga sobre otras editoriales tiende a verse como tendencioso alineamiento con Ludotecnia —ni os cuento la de suspicacias que levantaría publicar una entrevista allí—.

Como decía, he aceptado y eso es lo que cuenta, tal es así, que acabo de enviar religiosamente mis respuestas para que todo se publique a la mayor brevedad posible. Aunque acto seguido me ha entrado una sensación de agobio indescriptible, y me ha dado por pensar en el coño gato de Schrödinger y en lo canutas que lo estaría pasando en la hipótesis teórica en que se había visto envuelto sin haberlo bebido ni comido, no ya por saberse protagonista involuntario de un ejercicio cuasifilosófico al que todavía anda la ciencia dando vueltas, sino porque acojona tener conciencia de que uno está vivo y muerto a la vez, mientras esperas a que alguien levante la trampilla de la caja en la que te hayas encerrado, como es mi caso, para desvelar de una vez por todas si tú estás errado en tu percepción de las cosas, o con algo de suerte, andas en lo cierto.

¿Se entenderá lo que digo en la entrevista, o no se entenderá? ¿Se levantará una nueva polvareda, o todo se quedará tal cual estaba? ¿Soy, o no soy? ¿Mi editorial existe, o no existe?

Desde la perspectiva de la mecánica cuántica, hasta que no se publiquen las preguntas y respuestas, y las lea quien sea, no será posible saberlo, rubricarlo, certificarlo, así que mientras obtengo noticias al respecto, he preferido quitarme el mosqueo de encima transmutándome en el gato de Cheshire. ¡Él sí que sabía vivir la vida sin agobios!

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