sábado, 13 de septiembre de 2008

Edificio Bradbury, 21:13


Esto me pasa por acercarme donde no debo. Andaba yo disfrutando de mi bien ganado solaz, cuando esta misma tarde he tenido la ocurrencia de preguntarme qué se decía de la editorial de mis amores, y hete aquí que con enorme sorpresa he descubierto que se siguen diciendo la misma o parecida cantidad de cosas raras que se decían hace escasamente unos meses, cuando me aparté de todo esto, cuando, también, me banearon de SPQRol.

Era yo de la idea, hasta hace unas pocas horas, de que una editorial que no existe y cuyo responsable anda emboscado en un blog de F1 y en otro que está apartado de los motores de búsqueda de Google, no puede ser foco ni argumento de comentarios entre aficionados, pero para mi sorpresa estaba profundamente equivocado. Así las cosas, me ha dado por pasear lentamente por los pasillos a medio iluminar o totalmente oscuros de mi territorio, con las manos a la espalda y la pipa en la boca, recapacitando sobre éste y otros pormenores, porque para colmo se sigue abundando en que las iniciativas pequeñas parece que sobran.

Al respecto de esto último (lo de Ludotecnia lo doy ya por perdido), y a lo peor, me he dicho, lo que ocurre es que se están escuchando algunas campanas y el personal no sabe situarlas convenientemente. A ello ha contribuido, sin duda, la perspicacia y buen tino de algunos comentarios de un responsable editorial al que mencionaba aquí mismo a finales de julio pasado, y es que él, como yo, aunque desde diferentes ámbitos y con diferentes tamaños, transitamos los procelosos mares de la edición de libros llamada seria.

Mal están las cosas en el mundo editorial, y cabe comentar que ello es debido a la saturación del mercado, a decir de los que realmente conocen el asunto y saben expresarlo de manera convincente y clara. Así, la saturación de propuestas y editoriales pequeñas parece estar en el meollo de la dura coyuntura que está sufriendo la industria editorial española, porque en las librerías hay ahora demasiados títulos que difícilmente pueden ser absorbidos por un público que tiene lo que tiene, y que sólo puede permitirse gastar lo mismo o parecido que en 2007, y que tal y como pintan las cosas, verá mermada su capacidad adquisitiva mientras hace frente a la crisis que ya lo está machacando…

Mientras subo en solitario por las escaleras de mi pequeño imperio, pienso, y disculpadme por hacerlo sin previo aviso, que no parece que tamaña circunstancia aqueje realmente al mercado de los JdR, que más bien sobrevive como puede tras haber estado sometido a una prolongada sequía, cuando no a un sangrante exceso de precios en el avastecimiento, precisamente por falta de alternativas. En este orden de cosas, y a colación de lo que dije en su momento, los nuevos intentos editoriales serían la salvación, jamás un escollo.

A lo peor estoy equivocado y me pasa lo mismo que cuando doy vueltas acerca de cómo una editorial que no existe puede generar tanto comentario. No sé, con vuestro permiso seguiré pensando…