sábado, 9 de agosto de 2008

Guide me, o thou Great Jehova!


Uno sueña con que algún día llegue un momento como el que estoy viviendo, dulce de cojones, si se me permite lo explosivo de la expresión. Sí, estoy contento porque tengo entre las manos uno de esos trabajos que me permitirá medirme como en los viejos tiempos, pero que no suelen ser tan habituales ni abundantes como desearía.

Atrás quedan los diseños de catálogos y revistas, la confección de estadillos, la maquetación de textos, la pelea con las imprentas y las fotomecánicas, la lucha eterna con los clientes que no entienden que invertir en tiempo es invertir en calidad… Atrás queda todo esto y algunas cosas más, porque para ser sincero no imaginaba que tendría la suerte de vivir para ver el día en que se me encomendaría una labor bien remunerada en la que el editor me iba a dejar soltarme el poco pelo que me queda sobre la cabeza, la melena, dirían otros más afortunados, hasta el punto de que me siento libre y feliz como cuando mis pinceles y plumas retrataban mares, repechos, hombres, barcos y aperos, por dar forma al inconmensurable e ignoto mundo que envuelve la pesca del bacalao, o aún como cuando he hecho lo que entiendo y sé para esto del rol.

Acostumbrado andaba a asimilar que la edición llevaba pareja la extenuante soledad del ilustrador, su incomprensión como autor de pleno derecho, el mínimo respeto, que diría aquél, y mira tú por dónde he debido ser un buen chico porque a poco de llegar a cumplir los 49 años la vida me entrega este regalo para que lo saboree como un buen vaso de mi querido Nº7 en la terraza, mirando de tú a tú al universo.

La imagen que decora esta entrada en el día en que mi madre celebra su cumpleaños añorando a mi difunto padre y disfrutando de sus hijos y nietos, es un fragmento de un esbozo, de una tentativa, del primer peldaño de lo que a buen seguro será. Queda por delante algo más de un año de esfuerzo, y detrás varios meses invertidos en documentar la ingente tarea de concebir un mundo de la nada para que lo recorran los héroes del libro.

¡Soy feliz, os lo había dicho!