domingo, 17 de agosto de 2008

Escribir


Me gusta escribir más que a un tonto una tiza. Si a estas alturas de la película no sabéis de lo que hablo, es a buen seguro porque me miráis de reojo. Escribo casi a todas horas desde que comenzara a hacerlo en serio cuando recién terminada la universidad me empezaron a ir las alubias en ello.

Tiempo más tarde me estrené en la revista Mensajero, con un artículo en el que ya marcaba claramente mis maneras, pues hablaba, ni más ni menos, de la penuria e incomprensión que rodeaba mi casi recién estrenada actividad profesional.

Ha llovido mucho, lo admito, pero el pulso interno que me alienta a manchar una servilleta de papel con el bolígrafo o a ponerme delante del teclado (las teclas negras de la vieja máquina de escribir Olivetti hasta que adquirí mi primer Mac), sigue indemne e imperturbable así caigan chuzos de punta.

Si tuviera que ser sincero, ahora mismo admitiría abiertamente que me gusta más parir imágenes con palabras que hacerlo con el lápiz, pero no es cuestión ser tan claro. Baste decir que disfruto más, que mi cabeza va más limpia y mi espíritu se encuentra más sereno perfilando escenarios reales o ficticios con palabras que a mano alzada.

Llevo más de veinte años ganándome la vida como dibujante y diseñado (comencé a hacerlo en 1984), y la razón pesa como una losa cuando me atrevo a mirarla a la cara. Sin embargo, lo de escribir ha sido siempre otra cosa, no sé si me hago entender, algo más mío, más interno e intenso.

Si ante un dibujo tengo que tenerlo todo planificado a pesar de que no suelo ser habitual de los bocetos, ante un texto me encuentro como rodeando un bosque del que conozco las lindes, su comienzo y su final, pero que me atrae atravesar para verlo y disfrutarlo caminando, tranquilo, pausado, sin miedos ni zozobras, consciente de que cuando salga de él me encontraré diferente a como he entrado. Da lo mismo que sea un artículo, una reseña o una entrada para este blog o el otro que tengo, la cosa de escribir me tira porque me llena más, sin importarme lo más mínimo sin voy a empeñar mucho o poco esfuerzo, ni siquiera si lo que hago es para niños o adultos.


Mañana cumplo años, ¡ya os contaré!